Capítulo 39

Era ya de noche, las estrellas iluminaban el cielo despejado. No soplaba el aire, parecía pleno verano aunque aún no había acabado la primavera. Claro que desde que habían llegado a esa isla, parecía que habían llegado a otro mundo.

No muy lejos de la casa de Nami, se abría una zona llena de inmensos manantiales de agua con distinta temperatura entre ellos. Estaban rodeadas por unas plantas violáceas de tallos delgados que se entrelazaban entre sí desde la raíz hasta las puntas de sus finas ramas. Las finas hebras en las que acababa cada rama se entrelazaban con otra distinta justo encima de las aguas haciendo que estuviesen cubiertas por una cúpula fina que brillaba con una tenue luz blanca. Entre sus ramas se colaban pequeños rayos luz de luna y otros astros que también brillaban sobre sus cabezas esa noche.

Shira necesitaba descansar; todo el poder de la isla la aceptaba y deseaba fluir en ella para ser usado, pero la chica no podía canalizarlo bien y mantener a raya el exceso de poder consumía energías a una gran velocidad.

Entró en el agua y ésta enseguida escaló por su cuerpo como si tratara de envolverla. Era una sensación reconfortante. Vio su reflejo en el agua y se asustó al darse cuenta de que sus ojos refulgían azules, como si estuviese usando sus poderes. Intentó controlarse pero solo sintió una opresión en el pecho, finalmente suspiró pesadamente y las aguas de su alrededor se agitaron creando ondas concéntricas.

Shira – tranquila Shira, respira – se susurró a sí misma.

Pero eso la puso más nerviosa aun y las aguas empezaron a moverse como si tuvieran vida propia. Su corazón se aceleró y el pequeño oleaje ya hacía que salpicase el agua en la orilla. Entonces sin pensarlo se puso a cantar.

Cantar siempre le había relajado y le hacía evadirse, eso la ayudaría. Desde pequeña tuvo una gran pasión por la música pero se lo guardaba para sí. Hasta que un día se vio con el valor suficiente de apuntarse a clases de canto como extraescolar para perder su vergüenza. Por suerte, aunque todavía no se sentía preparada para mostrar su voz a los demás, allí no había nadie que la escuchase y podía cantar sin contenerse.

Solo ella y el agua.

El líquido respondió acariciándola suavemente con cada nota que salía de su garganta. Ella no se había dado cuenta, pero el oleaje se había reducido a un leve movimiento de aguas.

 

 

Kuroi caminaba por los alrededores cuando vio la figura de Shira a lo lejos y no dudó en acercarse. Ella estaba cantando una canción. Nunca la había escuchado cantar y se quedó pasmado de asombro. Tenía una preciosa voz. Por un momento se quedó embobado solo escuchándola.

Parecía estar jugando con el agua de forma que se acercó un poco más para saludarla.

 

La chica jugueteaba con pequeñas gotas de agua que flotaban delante suya. El manantial había vuelto a la normalidad y su reflejo volvía a verse tenue. Sin embargo, el reflejo no mostraba su cara sino otra muy diferente en su propio rostro. La mirada que le devolvía la chica del reflejo tenía los ojos de una tonalidad rojiza que resaltaba, con largos cabellos ondulados del color de un mar claro, que enmarcaba su rostro. Un rostro precioso a la vez que fantasmgórico. Y de repente su reflejo sonrió. Sin poder evitarlo, la chica soltó un grito que hizo que el chico que estaba detrás de ella saliese del ensimismamiento en el que se encontraba.

Kuroi – soy sigiloso como una sombra es imposible que supieses que estaba aquí – Shira se giró sobresaltada por la presencia de su amigo.

Shira – ¿Kuro? ¿Qué haces a…? no, es solo… – volvió la vista hacia su reflejo y para su alivio volvía a ser su cara con sus rasgos ovalados y ojos castaños todavía con cierto aire de la niña que había sido y que la adolescencia iba cambiando poco a poco. El poder de la isla ya le hacía imaginarse cosas – no importa.

Kuroi – por cierto, bonita voz – se sentó en el borde. – ¿Qué haces aquí tan solitaria?­ – Shira nadó hasta él. Cuando llegó a su lado y, aprovechando que el chico estaba distraído, tiró de su brazo para que cayese al agua.­

Kuroi – ¡joder! – exclamó una vez que sacó la cabeza a la superficie. Shira soltó una carcajada.

Shira – ¿qué haces que no estás descansando como los demás? – apoyó los brazos en la orilla.

Kuroi – no podía dormir así que fui a dar una vuelta por el recinto y te vi aquí sola.

Shira – no deberías salir sin permiso. Aquí hay monstruos.

Kuroi – o sirenas cantarinas que se llevan las almas de los marineros. – Shira le lanzó agua a la cara. – con tranquilidad, no te estreses que me puedes matar ¿recuerdas?

Shira – vete a la mierda Kuro.

Kuroi – Así que tampoco podías dormir. – concluyó tras una pausa.

Shira – nop. Nami me dijo donde estaba esta maravilla de manantial y no quise perderme probar el agua de esta isla – alzó la vista al horizonte donde se apreciaba un trozo de mar brillante en el que aparecía el reflejo de la luna. – Desde que llegamos me he sentido cada vez mas cansada. El poder de este sitio está deseando entrar dentro de mí pero hay tanto que… – suspiró volviéndose hacia Kuroi y se sentó en la orilla. El chico la imitó, quitándose la camiseta para escurrirla: estaba chorreando.

Kuroi – la mini-elfa sanguinaria me podía haber dado a mí también un atuendo de baño apropiado – miró su camiseta calada y la dejó a su lado estirada – aquí supuestamente tienes más poder, ¿no?

Shira – bueno en teoría sí, pero si ahora hago un hechizo básico de agua, la influencia de la isla hará que su efecto se multiplique. El problema está en mí. En que todavía no he aprendido a hacer que fluya bien, para eso me ayudaba la pulsera…ahora puede incluso destruirme. Mi propio poder, y eso es horrible – fue bajando la voz a medida que hablaba. – en cuanto algo va mal me pongo nerviosa…y el ponerme nerviosa hace que me ponga todavía más nerviosa y entonces la lío.

Kuroi – no te va a pasar nada. Estamos aquí para ayudarte. Mientras aprendes puedes defenderte con ataques físicos, para algo te enseñamos Shiro y yo. Y la espada no se te da mal – le dio un empujoncito en el brazo y ella se balanceó con una sonrisilla.

Shira – tienes razón. Me dedicaré a la lucha cuerpo a cuerpo con armas. Y con mi poder…bueno, de los errores acabas aprendiendo…

Hubo una pausa y entonces ella le empujó tirándole al agua, de nuevo.

Kuroi – ¡¡¡otra vez no!!! Te vas a enterar – salió como pudo del agua para engancharla de la cintura y meterla dentro del agua mientras ella no paraba de dedicarle insultos de todo tipo. Después de una pequeña guerra de agua Kuroi suspiró como acordándose de algo – por cierto hablando de errores – se mordió el labio pensativo. – ¿te acuerdas que te dije que tenía que hablar contigo?

Shira – ah…a… ¿pero que iba en serio? – se quedó estática mirándolo con cara de terror.

Kuroi – claro, estoy profunda y completamente loco por decirte que… NO ESCUCHES CUANDO SHIROI ABRE LA BOCA. Venga, nos conocemos desde hace la pera, no pienses así de mi. Ya le pondré un cojín en la cara a mi adorable hermano mientras duerme. – se aclaró la garganta – verás… se que igual no te hace mucha gracia hablar de la batalla que tuvimos pero llevo tiempo buscando el momento porque me estaba matando el darle vueltas al tema y ahora ha llegado – clavó sus profundos ojos azul zafiro en ella y por un momento tuvo miedo, pero en seguida se le pasó al recordar que ahora si era su amigo quien hablaba, no como en aquel diciembre. – tengo que agradecerte que me salvaras. Si no hubiera sido por ti, aun seguiría… – Kuroi pareció dudar si completar la frase. Shira supo que era porque su cara debía mostrar las emociones de aquel entonces, así que intentó mostrarse serena –…pero también tengo que pedirte perdón. No sabes cuánto siento aquello. Fui un imbécil por dejarme manipular de esa forma y no saber ni quieres eran las personas que habían estado a mi lado. Sé que esto llega tarde, que debí decirte en su momento cuanto me arrepiento de haberos atacado. Jamás os haría daño ni os diría nada que os hiriese, pero si estoy diciéndote esto ahora es porque tanto tú como el resto me habéis tratado como si nada hubiese sucedido y siempre buscaba el momento de pedir disculpas. Ya hablé con el resto según se fue dando la ocasión, pero contigo fue más difícil porque te ataqué directamente pudiéndote matar y sé que te hice daño con las mierdas que dije sin pensar… pero cada vez que me hablabas estabas tan alegre que temía que si te hablaba del tema te apagaras, justo como ahora y te alejases. Como cuando nos enfadábamos de pequeños que te evadías de todo y quería evitar que eso pasara. Más siendo culpa mía. Quería evitar esta misma situación pero era necesario porque no me sentiría a gusto si no…

Shira – para – puso sus manos sobre los hombros de él – tranquilo. Reláaaaaaaajate. Deja de hablar. Solo un momento. Hablas mucho.

Kuroi – pero siento como que os traic…

Shira – si dices esa palabra te rapo el pelo, maldito emo. – dijo con una suave sonrisa.

La luz de la luna brillaba en los ojos arrepentidos del chico.

Kuroi – no…es que…lo siento much… ¡MMM! – Shira le tapó la boca con una rapidez fugaz, haciendo que sonase el golpe al contacto y que el pobre Kuroi soltara un sonido lastimero.

Shira – Kuro, no te tengo nada que perdonar. Solo quería salvarte. El mal trago pasó en cuanto tus ojos dejaron de ser como los de una maldita serpiente y volvieron a ser los del chico emo que conocía.

Kuroi – mmmo ffooimm mmmo. – la chica le colocó la otra mano con ganas a modo de advertencia. Kuroi le asió las muñecas para librarse de ella pero al ver que sus ojos estaban de un peligroso azul decidió dejarle las manos donde estaban.

Shira – me da igual que no seas emo. Tu aspecto no dice lo mismo de ti. Lo que quiero decir es: que ya está. No pasa nada. No erais vosotros. Eso ya forma parte del pasado ¿de acuerdo? Y por cierto – separó las manos dejándole libre – me alegra que te pudiera salvar…aunque, sinceramente no tenía ni idea de cómo hacerlo. Suerte supongo. Si no hubiésemos podido salvaros… no quiero ni imaginarme como habría acabado aquello. Pero sé que tu verdadero tu me escuchó y eso fue un alivio.

Kuroi – ah…

Shira – ¡¡¡NADA!!! Solo una cosa – lo miró agarrándole de la cadena que llevaba al cuello con una mano mientras que ponía el dedo índice de la otra delante de su nariz a modo de advertencia.

Kuroi – recuerda que puedes matarme, ya te he pedido perdón – bromeó con una sonrisa nerviosa. Los ojos de ella seguían azules y las aguas no estaban precisamente en calma.

Shira – me tienes que prometer que no vas a volver a soltar una lágrima delante de mí o te la cargas. Te hace parecer un blandurrio que no va acorde con tu aspecto – sonrió con malicia.

Kuroi – ¿qué tendrá que ver? Además, esas lágrimas en realidad eran agua del lago.

Shira – prueba otra vez. – alzó las cejas sin soltar la cadena.

Kuroi – la humedad del ambiente.

Shira – otra más.

Kuroi – por ti, siéntete afortunada – el chico luchaba por soltarse del agarre. – tus ojos son espeluznantemente azules y me estas poniendo nervioso. Contrólate, que quiero vivir.

Shira – ¿llorabas por mí? ¿Ponerte nervioso? – Soltó una carcajada y lo liberó de su agarre sentándose en la orilla y Kuroi la siguió. – Uy, a ver si tu hermano va a tener razón.

Kuroi – los coj…

Shira le volvió a tapar la boca con un sonoro golpe a lo que el chico respondió con un grito ahogado y varias frases en un idioma desconocido ahogado por la mano de la chica. Cuando se calmó ella le apartó la mano.

Shira – no se dicen palabras feas a estas horas.

Kuroi –…y entonces, solo entonces, te mataré lentamente para que pagues por esta tortura.

De pronto para sorpresa de Kuroi, Shira lo abrazó con fuerza. Tras unos minutos de sorpresa él respondió a su abrazo.

Shira – quiero que sepas, que me alegra que seas tú. No vuelvas a dejar que te hagan limpieza en esa almendra que tienes por cerebro – dijo con la voz amortiguada por su brazo. Ella escuchó como Kuroi soltaba el aire a la vez que reía.

Kuroi – vaya, que cariñosa, me dices cosas muy bonitas – comentó con ironía.

Shira – lo sé. No te acostumbres que entonces me caerás mal.

Kuroi – tú ya me caes mal a mí.

Ella se apartó con cara de indignada y le dio un puñetazo en el hombro a lo que él respondió abrazándola por los hombros.

Kuroi – ¿abrazo? – ella mantuvo la mirada al frente con las manos sobre sus rodillas ignorándole. – ¿no abrazo? – la estrechó más fuerte y entonces ella lo miró con los ojos que volvían a brillar azules. Él se apartó de golpe sonriendo. – no abrazo, lo pillo.

? – menuuuuuda sorpresa, ¿me he perdido algo? – los dos saltaron del susto al oír a sus espaldas la voz de Shiroi, lo que causó que las aguas se agitasen de tal forma que el recién llegado acabó calado. – vaya Shira, me alegra ver que vas bien con el control por aquí. Repito: ¿qué me he perdido? Contadme algo convincente para que haya terminado en abrazo si no, no tiene gracia.

Kuroi – ya se lo dije.

Shiroi – ¿y? ¿te quiere? – preguntó serio. Tras una mirada entre los aludidos, estos se acabaron levantando hasta llegar a donde estaba el peliblanco y entonces, lo arrojaron al agua – madre mía como está el ambiente. – murmuró mientras salía fuera.

Shira – no estaba enfadada, ni molesta, ni le odiaba, no sé qué película se montó pero podía habérmelo dicho hace bastante y así el señor no hubiese estado todo este tiempo despistado en su mundo – se dirigió hacia Kuroi – idiota.

Kuroi – per…

Shira – como me vuelvas a pedir perdón te…

Kuroi – ¿abrazo? – Sonrió abriendo los brazos ampliamente.

Shiroi – ¡¿QUÉ ME HE PERDIDO?!

Shira –¡¡¡pírate Shiro!!! – La chica volvió a tirar a Shiroi dentro del manantial – Kuroi imbécil tu hermano piensa cosas raras. Arréglalo.

Kuroi – ¿abrazo bro? – de nuevo, abrió los brazos, esta vez hacia su hermano y este le lanzó agua a la cara.

Shira – malditos gemelos – murmuró lo suficientemente alto para que la escucharan mientras cogía una tela que le dio Nami para que le sirviese de toalla.

Kuroi – ¡¡buenas noches!! – gritó el pelinegro ya alejándose corriendo hacia la cabaña de Nami.

Shira – ¡¡COBARDE DE MIERDA!! – Se giró hacia Shiroi que levantó las manos en son de paz al ver el azul en los ojos de Shira – ¿y tú qué haces despierto? ¿Tampoco podías dormir?

Shiroi – tenía hambre y os vi desde la ventana sospechosamente solos y entonces vine a joder un poco.

Shira – ¿tú también tienes que hablar con Rora?

Shiroi – en realidad ya hablé con ella en el hospital… pero aun así… nada ha sido igual que antes.

Shira – ¿estáis distantes, verdad? – Él asintió – lo he notado, bueno todos lo hemos notado.

Shiroi – al principio parecía que bien… pero con el tiempo… nuestras conversaciones se quedaban más vacías, eran totalmente planas y banales. Y volví a culparme por ser tan estúpido. Pero cada vez que intentaba hablar con ella había algo en su actitud que me hacía echarme para atrás. Tampoco quería que pensase que era un pesado pidiéndole perdón a todas horas y… bueno, así hemos llegado hasta hoy.

Shira – bueno no te preocupes a lo mejor estaba intentando ordenarse la cabeza, nadie se esperaba que intentarais aquello. Además, ella sabe que vuestro poder se hizo oscuro por la influencia de la muerte de vuestros padres, cosa que aprovecharon el grupito que los mató, si no, no hubierais vuelto. Además ella te liberó ¿no?

Shiroi – así es – afirmó – después de eso pensé que habría más cercanía o confianza entre los dos. No sé. Tengo miedo de que nos alejemos tanto que en algún momento me dé cuenta de que somos dos extraños que dicen ser amigos… Tengo miedo de perderla, Shira. – La chica lo miraba con una sonrisa insinuadora – como amiga, claro – aclaró, al ver la cara de Shira.

Shira – estoy segura de que, si pruebas a hablar con ella, todo irá bien. Si la pillas en un buen día te responderá como una persona normal…creo – le dio un golpecito en el hombro con intención de infundirle ánimos.

Shiroi – gracias Shira. Voy a tener que hablar más contigo me servirías de psicóloga – rió.

Shira – la primera sesión es gratis pero la próxima te cobraré – advirtió mientras se cubría con la improvisada toalla para secarse.

Después ambos charlaron siguiendo los pasos de Kuroi, para descansar cada uno en sus habitaciones improvisadas por Nami.

Shiroi se despidió de Shira y al pasar por la puerta de Rora vio una tenue luz. Seguramente estaba despierta. Se paró en la puerta deliberando si llamar o irse a dormir. Estaba deseando recuperar la relación, volver a hablar de fórmulas imposibles y programas informáticos de todo tipo largo rato, pero su cuerpo le pedía dormir. Aunque era ahora o nunca. Se decidió y justo cuando iba a llamar, Hana le sobresaltó por detrás.

Hana – Hombre Shiroi ¿qué haces despierto?

Shiroi – me da que absolutamente nadie está durmiendo en este sitio ¿y tú?

Hana – vengo de hablar con Megu y Kai. Nami nos ha explicado algo más sobre este sitio y Megu estaba haciendo una especie de puerta para poder teletransportarnos desde cualquier otra parte de la isla hasta aquí. Aunque tiene defectos como restricciones de cantidad de personas que lo pueden atravesar a la vez y no sabe cómo arreglarlo.

Shiroi – con lo cual solo quedan durmiendo dos…

Hana – a Sejo le vi antes deambulando por ahí buscando el jacuzzi de esta tarde. El que si duerme es Rozo que no para de perseguir gamusinos…

Shiroi – estoy empezando a temer seriamente por su salud…

Ambos rieron y después Hana se despidió. Volvió a mirar a la puerta de Rora, y finalmente decidió dejarla tranquila, no sabía que la iba a decir y podía empeorar las cosas. Mejor buscar otro momento en el que tuviera la cabeza fría y estuviera descansado, así que se volvió a su cuarto donde Kuroi ya estaba dentro cambiándose la ropa mojada.

Kuroi – ¿qué has estado haciendo que has tardado tanto?

Shiroi – pensar demasiado.

Kuroi – tío esto te ha afectado.

Shiroi – exagerado – rió ante el comentario de su hermano. – Le he dado demasiadas vueltas al asunto, haré caso a Shira e intentaré hablar con ella.

Kuroi – el amor querido hermano… – pero antes de terminar recibió un cojinazo de parte de Shiroi. Kuroi, sin poder evitarlo cayó al suelo desequilibrado.

Shiroi – no te enfrentes a tu hermano mayor. Perderás.

Kuroi – tenía que vengarme por lo de antes, te la tenía guardada.

Shiroi – vete a dormir enano y deja a los mayores pensar.

Kuroi – me sacas minutos no te flipes – se metió en la cama hecha con unos materiales plateados que parecían sacados del espacio. Tenían un aspecto raro, pero eran bastante cómodos y suaves. – buenas noches Shiro.

Shiroi – buenas noches cadenitas – se sentó en su cama mirando por el gran ventanal y observó la luna. Era anormalmente grande en aquel lugar, lo que hacía que su belleza resaltara.

Esa noche iba a ser muy larga y seguramente no pegaría ojo.

 

Fin del capítulo

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