Capítulo 38

Los chicos se miraron sorprendidos pero no le dieron gran importancia. Ahora su prioridad era recuperar a sus amigos. Abrieron la puerta donde Nami les había indicado y vieron a Shira y Megumi metidas en una especie de bote de conserva que contenía un líquido raro. Ambas inconscientes y Sejo…

Sejo – ¡eh chicos! ¿Dónde estabais? ¿Habéis visto? ¡¡¡UN JACUZZI!!! – Sejo flotaba en un gran recipiente de metal con hendiduras decorativas con agua que parecía caliente por el humo que echaba. Bajo el recipiente estaba encendido un fuego.

Rora – pedazo de imbécil, te están cocinando.

Sejo – ¿qué?

Nami – ¿cocinar? ¿Quién haría semejante barbarie? – dijo sorprendida desde la entrada.

Hana – tú.

Nami – vale, si.

Sejo – ¡¿QUÉEEEEEEEEEEEEE?! – Se asomó por el borde pero en seguida se hundió – Un ratito más anda, que se está muy bien aquí.

Nami – extraños humanos…

Rora – ¿Cómo sacamos a este par?

Sin dar tiempo a responder a la pequeña criatura, Rora se puso a golpear los contenedores para ver si se rompían y poder sacar a su amiga y a su entrenadora, pero nada sucedió, con lo cual decidió usar sus poderes y todo empezó a volar por los aires sin control llevándose todo a su paso y, al impactar uno de los objetos contra los recipientes, consiguió liberarlas.

Nami – ¡¡¡¡MI…MI…MI!!!! – se quedó perpleja ante el desastre ocasionado por la Shikatsu del viento.

Rozo – ¿tu qué?

Nami – ¡¡mi cocina improvisada!! ¡¡¡¡LA HAS DESTROZADO!!!!

Rora – oh… – dijo mirando los destrozos – ¡pero así es más divertido!

A Nami le entró un tic en el ojo, los cuales eran color púrpura.

Shira y Megumi seguían inconscientes y cargaron con ellas hasta otra habitación donde Nami les dirigía hasta que despertaron. Se acomodaron como pudieron debido al tamaño de las instalaciones y Nami comenzó a hablar.

Nami – he alertado a los espíritus del agua para que busquen más intensivamente a los intrusos o quien quiera que nos acompañe. Me han confirmado que efectivamente no sois los únicos pero mis espíritus se mantienen alejados de ellos. No me han dicho por qué, y eso la verdad, me preocupa un tanto – suspiró – de momento volvamos al tema de la pulsera protectora, os diré los materiales que necesitáis, los buscáis, me los traéis lo más rápido que podáis y os largáis.

Sejo – parece una misión simplona. – comentó mientras se secaba con unas finas llamas que salían de su cuerpo y lo envolvían suavemente a la vez que iban evaporando el agua poco a poco.

Nami – ¡¡¡EEH TÚ, APAGA ESO!!! – se sobresaltó al ver las llamas de Sejo.

Sejo – ¿eh? ¿Por qué? – hizo desaparecer las llamas de su cuerpo.

Nami – estás en la Tierra Sagrada del Agua, ten cuidado con ese fuego no quieres que pase nada malo… ¡¡y aléjate de mí!!

Kai – ¿por qué? ¿Te vas a derretir? – se burló con una sonrisa.

Nami – quién sabe – se quitó la túnica y dejó ver sus largos cabellos largos y finos blancos como la nieve que acababan en grandes tirabuzones adornados con pequeñas piedrecitas que tenían un brillo antinatural – tres materiales: – dijo de pronto levantando tres finos dedos – un trozo de roca de Lemahn al sur, donde soplan mucho los vientos; una rama de los arboles del Valle de Tenebroso, una zona peligrosa como indica el nombre y que tiene una niebla poco común…; sangre de Hellaw que de eso tengo yo porque hay muchos, tened cuidado si os encontráis con uno, tiene garras afiladas y los colmillos son…bueno no importa; y por último, habría que subir al Monte Ikash para mojar todos los elementos en la Gran Lágrima, la cascada más impresionante que jamás veréis. Es la zona donde el poder del agua está en su cénit. Gracias a ella esta isla existe y todo mago usuario de ese elemento o derivados se vuelven muy poderosos allí – se sentó – estáis tardando.

Shiroi– lo mejor es dividirse en grupos para ir más rápido. – razonó.

Kuroi – podías tener tú todas las cositas ya almacenadas ¿no?

Nami – no haberla roto. Además ¿qué sería este mundo sin un poco de aventura? – Clavó en Kuroi su mirada heladora, ahora de una tonalidad turquesa – ¿te puedo comer?

Kuroi – ¡NI EN SUEÑOS! – se escondió detrás de Shira, poniéndola como escudo entre ambos.

Nami – ¿esa es la Shikatsu del Agua? – fijó su mirada asombrada en la chica del flequillo hacia un lado.

Rora – así es ¿pasa algo?

Nami – agua – señaló a Shira – fuego, viento… – miró a Sejo y luego a Rora – y supongo que alguien de por aquí tiene la tierra…

Hana – yop – sonrió, señalándose.

Nami – entonces… ¿sois elementales? – Abrió mucho los ojos – hacía tanto tiempo que no veía a los elementales… encantada de conoceros Legendarios – se inclinó con una elegante reverencia.

Sejo – igualmente – contestó – si vamos a ser famosos y todo.

Megumi – pero aun sois unos adolescentes que os dejáis llevar por debilidades y eso os hace vulnerables.

Todos miraron hacia otro lado, avergonzados, sabiendo que su maestra-entrenadora tenía razón. Solo el hecho de ser elementales llevaba una gran responsabilidad y esa gran carga muchas veces era la causa de errores fatales e incluso irreversibles.

Una vez que todos estuvieron preparados y todo decidido, los chicos se levantaron para dividirse en tres grupos.

Megumi – dejemos una cosa clara, ningún otro Shikatsu elemental puede ir con Shira, que en cualquier momento puede perder el control y ahora más que estamos en su isla – la chica bajó la cabeza – es por el bien de todos. No queremos una lucha de titanes. Rora, Shiroi – los llamó – vosotros venís conmigo.

Rora – de acuerdo pero vamos al sur, a por la roca esa de Lemahn y si hay viento mejor.

Shira – mmm ¿y quién se arriesga a venir conmigo? – la voz de la chica sonaba débil en comparación a como acostumbraba a hablar, sin embargo, no pudo evitarlo ya que no quería que ocurriera nada grave por su culpa.

Kuroi – yo – colocó su mano sobre el hombro de la chica con intención de infundirle ánimos – te guste o no estoy en deuda contigo – Shira sonrió levemente.

Kai – voy con vosotros – clavó sus ojos castaño oscuro en Kuroi – no me termino de fiar de ese.

Shira – ¿estáis seguros? – su voz dejaba notar la preocupación – si hace falta que vaya sola, estoy dis…

Kai – no te voy a dejar ni un minuto a solas con el del pendientito y las cadenas. La última vez no acabó bien.

Shira – humm… acosador.

Kuroi – ¡¿a quién llamas pendientito?! ¡¿Y tú que llevas en las orejas?!

Kai – No eres más que un niño oscuro – replicó.

Shiroi – se picó – se llevó a rastras a su hermano – ya no hay peligro – a su lado Kuroi miraba con cara de perro a Kai y viceversa.

Megumi – vosotros id al Monte Ikash. Voy a crear un vínculo entre los móviles para que podamos comunicarnos. Dadme vuestros móviles, ipods lo que tengáis – los chicos se lo entregaron y Megumi puso sus manos sobre los aparatos. Tras una tenue lucecilla procedente de las manos de la más mayor del grupo, los aparatos volvieron a la normalidad – este hechizo lo descubrió una amiga mía que es una gran maga – dijo orgullosa – y permitirá comunicarnos mágicamente y de forma temporal sin preocuparnos por la cobertura, además que nos permitirá enviar los materiales al grupo de Kai – se giró hacia su hermano – y así cuando ya estéis en la Gran Lágrima solo tenéis que mojarlos y una vez hecho volvemos en seguida ¿entendido?

Hana – vale, entonces Sejo Rozo y yo iremos al Valle Tenebroso.

Nami – tened mucho cuidado, ese valle es capaz de capturaros en las peores pesadillas y volveros locos…

Sejo – mi fuego espantará lo que sea. – dijo con decisión y el resto de su equipo asintieron complacidos.

Rora – no te flipes cerilla – murmuró de reojo.

Nami – pero tened cuidado…tenéis que volver que tengo que comer…errrr VER que todo sale bien – corrigió disimuladamente. – Del sur no hay mucho que decir – dijo dirigiéndose al grupo de Rora, Megumi y Shiroi – solo que el viento puede ser peligroso y trae voces del más allá. No debéis asustaros más de lo debido.

Megumi – esto…

Rora – mola, mola. Ahora es más interesante.

Shiroi – y me imagino que el trozo de roca y las ramas no son normales ¿no?

Nami – no sé qué entiendes por normales. No es algo común en los humanos, claro – sonrió y después añadió – el Monte Ikash está casi en su totalidad helado, los antiguos aldeanos nunca regresaban de allí y los que lo hacían volvían locos. En cuanto al Valle Tenebroso no hay nada más que decir.

Sejo – voces del más allá, sucesos que nos volverán locos… ¿es que en esta isla no hay un solo lugar que no sea peligroso? – preguntó alarmado.

Nami – Aquí sois extraños. Más importante aún, sois humanos, especiales, pero humanos. La isla por muy buenos corazones e intenciones que tengáis os intentará expulsar para seguir en calma y armonía, en segundo plano, en relación con el mundo humano. Esa es la única razón por la que aquí solo hay seres espirituales y yo y las antiguas generaciones acabaron por extinguirse o huir. No hay más civilización y el resto de humanos no saben de la existencia de la isla, solo unos pocos magos de alto rango, bueno y vosotros que no sé como narices la habéis encontrado…

Rozo – con una gran búsqueda que nos costó lo suyo. – la profesora le echó una mirada asesina.

Megumi – quizá la isla se mostró a la portadora del elemento – clavó la vista en Shira que estaba un poco más apartada del grupo con los brazos cruzados. De sus puños cerrados caían gotitas continuas de agua y su cara de concentración mostraba que le estaba constando gran esfuerzo contener su poder – bueno y ¿qué me dices de los inquilinos desconocidos de los que no se sabe nada?

Nami – solo… tened cuidado, quizá estén persiguiendo algo, no puedo saberlo. Lo único que sé es que llevan algo más de tiempo que vosotros aquí… ¿cómo habrán llegado…? – esto último lo dijo para sí mientras se alejaba de ellos adentrándose en otra sala contigua sumida en sus pensamientos. Al rato apareció con tres mapas, uno para cada grupo – tomad, los lugares marcados llevan la imagen que tienen los materiales que necesitamos. – Los chicos asintieron – Por cierto ¿esta noche la pasaréis aquí o partís de inmediato?

Megumi – creo que será prudente que ya que hemos hecho los preparativos que faltan, pasemos esta noche descansando. – dijo mirando a algunos de sus alumnos que parecían agotados.

Nami – me parece bien, ahora os digo donde os alojaréis, tardaré un poco porque como comprenderéis, no suelo tener visitas – sonrió y desapareció por la puerta dando brincos.

Sus pasos eran cortos y silenciosos. Habían recorrido bastante terreno de aquel lugar y caminaba de forma que parecían que no sabía muy bien que dirección tomar. Se paró y una suave brisa se levantó a su alrededor. Lo había conseguido de nuevo, era libre, pero no sería por mucho tiempo. En cuanto notaran su presencia se ganaría una buena regañina, eso lo sabía, además no sería la primera vez, pero le daba igual. Por fin era libre y podía volver a jugar, sin tener que pasar horas y horas en una habitación cerrada con unas extrañas paredes que parecían disipar cualquier gota de magia que saliera de sus dedos.

? – vaaaaaaya pues me he perdido.

Una tercera persona estaba en la isla.

Fin del capítulo

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