Capítulo 37

Parpadeó unas cuantas veces. Le escocían los ojos. ¿Qué había pasado? Ah, sí. Unos tentáculos líquidos extraños le atraparon y sumergieron. Recordaba que intentó deshacerse de él, pero lo único que consiguió fue que le entrara agua en los ojos mientras se sumergía cada vez más profundamente. Después perdió el conocimiento.

Miró alrededor estaba todo en penumbra salvo algunas zonas que tenían alguna que otra antorcha vieja atornillada a la pared con un hierro oxidado. Parecía una casa, pero no se veía a nadie. Las paredes estaban húmedas hechas de un material que titilaba de vez en cuando. Estaban en la Tierra Sagrada del Agua, con lo cual no le extrañaba mucho.

Shiroi hizo ademán de levantarse pero una especie de cuerda le oprimía los brazos y piernas evitando cualquier movimiento. Una vez acostumbrado a la poca luz, vio que sus compañeros estaban en la misma situación que él pero parecía que estaban durmiendo. Rozo era el miembro más próximo. Le dio unos golpes con la punta del pie pero solo gruñó algo como <<ññññ maldito…gamusino…vas a…>> y se giró. <> pensó.

Contempló a cada uno, todos parecía que estaban bien, sin heridas ni nada por el estilo, lo cual le tranquilizó. Pero faltaban Megumi, Shira y Sejo. ¿Dónde se habrían metido? Seguramente se habían despertado antes que ninguno y estarían explorando, pero también tendrían que estar atados…algo no le cuadraba.

Miró a Rora. No pudo evitar pensar el daño que la hizo. Sacudió la cabeza para quitarse esos pensamientos, la siguió contemplando <> sonrió levemente. Si estuviese despierta podrían idear algún plan para salir de allí. De pronto alguien le dio una patada en la cabeza.

? – sssssstúpido Kaaaiiiiii deja…a…a…a…en paz. – Shiroi se giró y contempló que el autor de la patada no era más que su hermano gemelo. << ¿Qué narices…? >> Su hermano dormía plácidamente y parecía que no había roto un plato en su vida.

Siempre tenía un carácter entusiasta a diferencia de él, que era el más serio de los dos. Y eso que en un pasado fue muy callado. Pero ahora cuando la situación lo requería se volvía una persona protectora que hacía todo lo posible por evitar que los demás lo pasasen mal. Siempre le apoyó cuando lo necesitaba a pesar de no mostrar necesidad de ayuda, su hermano siempre estaba ahí, poniéndose muy pesado hasta que Shiroi cedía o le delataba su estado de ánimo, al fin y al cabo eran gemelos y mentirse el uno a otro no servía de nada.

Ahora ambos eran más abiertos a las personas, no dudaban en contar las cosas que temían o les hacía alegrarse a los demás. Desde aquella estúpida batalla sin sentido, los otros Shikatsus les habían apoyado mucho contándoles como reaccionaron cuando el mundo de la magia se adentró en sus vidas a medida que crecían. Ahora que no había secretos de tal calaña entre ellos estaban más unidos pero a la vez algunas relaciones se habían enfriado. Shiroi estaba sumido en sus pensamientos con la mirada fija cuando Hana y Kai despertaron casi a la vez.

Hana – Shiroi, estás despierto ¿también te atacaron unos tentáculos de agua? ¿sabes dónde estamos?

Shiroi – ni idea – negó con la cabeza a la vez que miraba la paredes de la casa – ¿estáis bien?

Kai – si, aunque algo mareado – miró a su alrededor desorientado – parece que estamos todos juntitos… ¿y mi hermana, Sejo y la niña? – preguntó buscándoles por todas partes.

Shiroi – cuando desperté no estaban, pensé que quizá estaban explorando pero si están atados igual que nosotros, difícilmente. – dijo pensativo.

Hana – hay que despertar a los demás y salir de aquí, a saber quién nos ha hecho esto.

Rora – mmmm…NOS HAN SECUESTRADO – dijo sentándose de golpe. Acto seguido bostezó.

Hana – bien, una más despierta.

Rozo – gamu, ñññgamuuuñññ – murmuró.

Rora lo contempló seriamente y le propinó unas cuantas patadas que lo hicieron despertar asustado.

Rora – dos más despiertos – sonrió y repitió lo mismo con Kuroi.

Kuroi –¡¡¡¡PEDAZO DE BRUTA!!!! – exclamó despertando de golpe.

? –vaya ya estáis despiertos. Qué mal – se escuchó una voz cantarina proveniente de lo que hacía unos minutos era una puerta cerrada – bueno no importa, tengo hambre así que acabaremos prontito. No todos los días aparecen unos manjares tan apetitosos.

La poca luz dejó entrever a la criatura que acababa de hablar, todos se quedaron boquiabiertos. Su mirada de un azul helador y rasgos felinos se posaba en las caras de sus huéspedes. Su sonrisa divertida dejó ver unos pequeños colmillos brillantes. Tenía las orejas largas y puntiagudas y una figura esbelta. Una oscura túnica con capucha cubría el resto de su cuerpo pero parecía que su piel era de un tono azul pálido y en su espalda portaba una pequeña espada. A pesar que parecía que con solo una mirada los podía matar, aquella criatura no media más de medio metro.

Rozo – ¿qué es esa cosita tan pequeña? – Dijo sin evitar mostrar la sorpresa que llevaba encima – ¡¡pero si es una cosa enana!! – rió despreocupadamente.

? – Estúpido humano… – sus ojos se volvieron de un tono púrpura lo cual hacia que su cara fuera más tenebrosa.

Rora – ¡¡pero si es monísima!!

? – ¿cómo? – preguntó con un tono de recelo mezclado con furia.

Hana – halaaaaa ¿qué eres?

? – me estáis tomando el pelo ¿no? Humanos…

Kuroi – pues sí que es mona – sonrió divertido – y como es tan pequeñita… es como una especie de hada o elfo.

? – Seréis… – el cabreo en su voz era evidente y sus ojos se volvieron completamente rojos – ¡¡QUÉ APROVECHE!! – con un salto bastante ágil se lanzó a la cabeza de Rozo y la empezó a mordisquear.

Rozo – ¡AAAHHH! ¡QUITADMELA!

Shiroi – imposible estamos atados…

Kuroi –…y tú empezaste a insultarla.

Hana – se sienteeee.

Rozo – malditossssss ¡¡¡necesito a Sejo, mi Protector!!!

Rora – ¿protector? ¿Qué narices dices?

Rozo – ¡¡¡¡¡fuera!!!!! – Por fin consiguió quitarse a la criatura de encima, pero le había dejado una calva en la cabeza – ¡¡mis pelos!!

? – agggg estas asqueroso – hizo una mueca de asco escupiendo los pelos – el morenito parece más sabroso – miró a Kuroi con malicia.

Kuroi – ¡¡ni te me acerques!! – Pero ya era tarde, la criatura le estaba mordiendo el brazo – ¡¡aaaaaa!! Ajajaja ¡me hace cosquillas! ¡Jajajajajajaja!

Rora – será imbécil…

Rozo – ¿no me ha quitado mucho pelo verdad? ¡¡¡DECIDME QUE NO!!!

Kuroi – ¡¿queréis quitarme a esta sanguijuela?! ¡¡¡Me está sorbiendo el brazo!!!

? – No me equivocaba…rica agua… – miró fijamente a Shiroi y su mirada de curiosidad pasó a incredulidad – ¡pero si sois iguales! rico – saltó hacia él, pero Shiroi escapó de ella dando saltos – ¡¡¡¡no huyas comida!!!!

Rora – vaya escena más patética – se levantó y sus cuerdas se escurrieron por su cuerpo hasta caer al suelo dejándola libre – uy que bien, Hana ven que te libero – la chica desató a sus amigos menos a Shiroi al cual se le fueron cayendo las cuerdas según iba saltando hasta que quedó atrapado en una esquina.

? – humano… ¿me dejas beber tu agua? – sonrió amablemente con las manos detrás de la espalda y haciendo círculos con el pie inocentemente.

Shiroi – ni lo sueñes – dijo horrorizado.

Hana – ¿y tú quién eres?

? – Soy Nami la protectora de esta isla, y la Maestra de Armas – sonrió dándose un golpecito en el pecho sintiéndose orgullosa de su rango.

Rozo – ¡¿EL MAESTRO DE ARMAS ES UNA MAESTRA?!

Nami – soy una criatura acuática que protege la isla. ¿Y vosotros humanos que hacéis en mi territorio?

Hana – nosotros venimos para que nos ayudes a crear una nueva pulsera controladora del elemento agua…

Nami – Hace un tiempo me encargaron construir una para la heredera de ese poder elemental. ¿Qué ha pasado? Son indestructibles.

Hana – la oscuridad la destruyó. Bueno, un tipo de oscuridad. Ya sabes, uno de los Seis.

Nami – ¿q-qué? ¿Oscuridad? Aquí no hay de eso… un enfrentamiento entre los Seis no es bueno – comentó por lo bajo – mmm pues hacen falta cuatro tipos de… – fijó la vista en Kuroi que se frotaba el brazo dolorido – ¿puedo comerte?

Kuroi – NO – huyó a la otra punta de la sala.

Shiroi – oye… ¿sabes algo de nuestros amigos? Es que faltan tres de nosotros.

Nami – mmmm… eeh no, que va yo…pues sí, buena pregunta, en esta Isla había un poblado más al sur de aquí de… ¡AH!

Notó el peso de un cuerpo encima suya que la aplastó contra el suelo: era Rora.

Rora – ¡lo sabes! ¡Confiesa!

Nami – ¡vale! Me los iba a comer y los tengo en otra sala… – Rora hizo el símbolo de la victoria desde la espalda de la criatura – acompañadme – murmuró de mala gana – ¡¡y bájate de encima mía!! – le gritó a Rora que salió volando sonriente dejándola libre.

Caminaron por un pasillo estrecho adaptado al tamaño de su dueña, lo que dificultaba a los Shikatsus el poder caminar libremente. Más de uno se dio un cabezazo por calcular mal.

Rozo – antes has dicho que eres una criatura acuática que protege la isla…esos tentáculos de agua… ¿fuiste tú?

Nami – ¿uh? Claro, ¿quién si no? Esta es mi isla, vosotros sois intrusos y además tengo hambre ¿qué esperabais? Llevo queriendo capturaros desde que llegasteis.

Shiroi – ¿Cómo sabias que estábamos aquí?

Nami – porque lleváis varios días molestando a mis criaturas. Los espíritus del agua me avisaron pero no se qué les pasaba y no me ayudaban a capturaros.

Hana – eso es imposible, si solo llevamos aquí unas horas – dijo algo sorprendida.

Nami – unas horas en vuestras aldeas humanas no es lo mismo que unas horas aquí.

Shiroi – lo sabemos, aun así nos referimos a horas de aquí. Y no nos hemos cruzado con ninguna criatura extraña.

Nami – ¡¿me estáis diciendo que hay alguien más en la isla?! – El terror que sembraba en su mirada fue notado por todos – no puede ser…pensé que erais vosotros, pero como he visto que no erais peligrosos…– se detuvo en seco – vuelvo en seguida vuestros amigos se encuentran tras esa puerta –Señaló una puerta cercana y echó a correr apurada por el pasillo hasta desaparecer en una habitación oscura.

-Fin del capítulo-

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