Capítulo 36

Nada. Nadie. Ese sitio parecía vacío. Llevaban algún tiempo dando vueltas en soledad. Pero sabían de sobra quienes estaba allí, los tenían controlados. En cualquier otro ambiente hubiera sido muy difícil acercarse a ellos debido a la presencia continua de no magos y que era muy pronto para actuar. Pero allí estaban, fuera de civilización, dispuestos a todo.

La isla no paraba de rechazarles pero no conseguía hacerles nada. El miedo invadía a los espíritus de la isla cada vez que se acercaban a ellos. Quizá por su aspecto espeluznantemente anormal. Esos ojos irisados y fríos que parecían de otro mundo.

Pero desde que llegaron a la isla no habían hecho nada sospechoso, parecía como si estuvieran esperando algo o a alguien. La segunda opción parecía la más acertada, porque hacía apenas unas horas unos desconocidos habían llegado a la isla y uno de ellos tenía el poder del que rebosaba aquella Tierra Sagrada.

? – ¿queda mucho? – la voz sonó algo impaciente.

?? – No te preocupes… – la seriedad que contenía la segunda voz era abrumadora, sus ojos no paraban de mirar un pequeño riachuelo cercano. Lo miraba como si hubiera algo ahí. De pronto se giró y solo dijo –…solo espera un poco más.

Los Shikatsus no paraban de dar vueltas sin encontrar la forma de pasar a la cabaña del centro del lago.

Hana – ¿encontraste algo? – encontró a Shira mirando encima de unas rocas cerca de la cascada.

Shira – que va, me da que tendremos que tirarnos a nadar y cruzar. – se apoyó en una de las piedras, parecía cansada.

Hana – ¿y tú no puedes caminar sobre el agua o cosas así?

Shira – podría congelarlo pero no creo que sea buena idea ahora, porque sin la pulsera… – estiró el brazo con la muñeca vacía.

Hana abrió mucho los ojos cuando detrás de su amiga se empezó a formar un tentáculo de agua que crecía más y más.

Hana – ¡¡Shira baja el brazo!!

La chica obedeció asustada y se giró inmediatamente para ver lo mismo que su amiga, pero la columna de agua no se movió ni un poco. Seguía alzándose ante ellas, como si las observara.

Hana – ¿Shira qué pasa?

Shira – ¡no sé! ¡Esta vez no soy! ¡Lo prometo! – el tentáculo creció aun más y se dobló para girar en circulo a la altura de la cintura de las dos chicas.

Hana – ¿q-que narices es esto? Intenta controlarlo. – Pidió nerviosa – Mis ataques solo lo atravesarían.

Shira – ¿y si lo pongo peor?

Hana – es tu elemento tienes que hacer que te obedezca por mucho que lo controles mal. – dijo sin perder la vista de aquel tentáculo que cada vez giraba más rápido.

Shira – buen discurso, ¡allá voy! – cerró los ojos con fuerza, alzó las dos manos hacia la base de donde salía toda aquella columna de agua y una vez que sus ojos relucían más azules de lo normal, lanzó varios ataques de agua seguidos con intención de romper la conexión entre el lago y esa extensión anormal que salía de él. Pero no se rompieron, más bien las aguas empezaron a agitarse y partes de la cascada cambiaron su trayectoria por un momento.

Hana – mejor déjalo.

Shira – ¡¡no me hace caso!! – volvió a levantar las manos para intentar controlar el tentáculo, pero este en cuestión de segundos este le rodeó las piernas y la sumergió en el agua. Lo último que se escuchó de ella fue un grito que resonó por todas partes.

Hana – ¡Shira! – buscó a su amiga entre las aguas revueltas sin éxito y sin percatarse de que otro tentáculo acechaba su espalda. Solo se dio cuenta cuando este la empujó al fondo del misterioso y profundo lago.

El resto de Shikatsus se reunieron de nuevo rápidamente. Todos habían sido alarmados por los gritos de sus dos amigas.

Sejo – ¿Qué narices ha sido eso? – Preguntó alarmado – Parecían Hana y Shira ¿alguien ha visto algo? – su nerviosismo iba en aumento.

Shiroi – no sabemos en qué dirección fueron, el grito se escuchó por todas partes.

Sejo – ¡HANAA! – gritó con la esperanza de recibir una respuesta, pero solo escuchó un sonido antinatural. Algo se desplazaba sigilosamente hacia ellos y no tardaron en verlo.

Otros cuatro grandes tentáculos se alzaban delante de la cabaña. Estos eran de un tamaño considerable que amenazaban con destruir todo a su paso.

Megumi – ¿pero qué…?

No terminó de decir la frase, ya que uno de aquellos tentáculos le rodeó por el cuello y la empujó dentro del agua mientras ella se agitaba inútilmente.

Kai – ¡¡MEGUMI!! – salió disparado hacia la orilla del lago con intención de tirarse, pero Shiroi le sujetó a tiempo por el brazo.

Shiroi – ¿es que estás loco? ¿No has visto lo que esa cosa le acaba de hacer a tu hermana?

Kai – mi hermana está… – la voz alarmante de Rora les cortó.

Rora – ¡Kai, Shiro! ¡¡Cuidado!! – gracias a su advertencia, consiguieron esquivar un nuevo ataque de aquellas cosas que parecían vivas.

Kai – ¿esto es obra de Shira o qué?

Rozo – no creo que ella nos quisiera matar.

Rora – o quizá si – consideró mirando a Kai.

Kai – ¿porque me miras? – pero no tardó en comprender – maldita niña…

Rora – ¡¡¡KAI!!! – dos de los tentáculos se movieron hacia el chico, pero Rora los alejó con un ataque de aire. – Ha faltado poco – suspiró aliviada.

Kai – ¡gracias Rrrrorra!

Rora – ¡¡ES RORA!!

Kai – qué más da – dijo desinteresadamente.

Rora – ¡¡la R se pronuncia como una R floja!!

Kai – que mas da – repitió – uaaaaaaaaaaaaaaaahh – sin darse cuenta fue capturado por un tentáculo junto a Kuroi que no paraba de lanzar rayos oscuros, pero sin llegar a dar a ninguna parte – ¡¡Rorrrra me has traicionado!! – el tentáculo empezó a dar vueltas con intención de marearles.

Rora – ahógate porfa – dijo malvadamente estática en el sitio.

Kai – ¡¡serás cruel!!

Kuroi – ¡¿por qué tengo que estar atado a este tío tan penoso?!

Kai – ¡¿cómo que penoso?!

Y se hundieron.

Rora – vaya… – se giró hacia los que quedaban en tierra – Rozo, Sejo, Shiro mantened los ojos abiertos para que la cosa esta no os… – un tentáculo apareció a la velocidad de la luz y la enganchó – mierdaaaaaaaaaaa… – maldijo antes de ser sumergida.

Los tres chicos miraron la escena como si estuviesen viendo una película.

Rozo – menuda pena, nos hemos quedado solos.

Sejo – forever alone.

Shiroi – un mago de fuego…el agua apaga el fuego; y un…Rozo.

Sejo – inútil.

Rozo – respeto a los mayores.

Sejo – habló el que sueña que caza gamusinos…

Shiroi – No dejéis que los tentáculos esos os cojan. Tenemos que encontrar la forma de encontrar al resto.

Sejo – si no nos lo dices no nos hubiésemos dado cuenta – dijo sarcásticamente.

Shiroi – deberíamos alejarnos de esta zona – miró alerta a la superficie del agua. Para su desgracia, dos tentáculos se lo llevaron desde la espalda.

Rozo – ¿y ahora quien es el inútil? – preguntó mirando como Shiroi se hundía como los demás.

Sejo – y supongo que te tengo que proteger ¿no? – se giró hacia Rozo pero Rozo ya no estaba.

Rozo – ¡woooooo! ¡¡Es como esos toros de las ferias que no paran de moverse!! – en lo alto de uno de los tentáculos estaba sentado Rozo, que misteriosamente no se caía.

Sejo – ¿qué narices…?

Rozo – ¡protectooor ayudameeee! – gritó dejando notar la burla en su voz para hacer la gracia.

Sejo – maldito caza-gamusinos siempre dando problemas – echó a correr de mala gana hacia la orilla en dirección a su amigo, al llegar al borde sus ojos cambiaron a una tonalidad naranja y sus pies comenzaron a arder. Dio un gran salto hasta alcanzar el tentáculo en el que su amigo parecía estar pasándoselo genial. Acto seguido encendió su puño y dio un certero golpe al agua. Nada más entrar en contacto con este su puño se apagó.

Rozo – protector de mierda…

Los dos fueron atrapados y sumergidos.

Fin del capítulo

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