Capítulo 35

Hacía calor en aquel extraño lugar, a simple vista parecía una isla tropical de lo más normal. Incluso turística con la diferencia de que allí no vivía nadie. Únicamente habitaban los protectores de la isla, que eran criaturas espirituales que no se dejaban ver fácilmente, y que, con ayuda del gran poder de la isla, la mantenían escondida de ojos de los no magos: los Eitaika.

También habitaba en aquel lugar el llamado Maestro de Armas, que se dedicaba a tareas como mantener la isla en buen estado, expulsar a cualquier intruso que detectara – caso lejanamente posible –, además de fabricar armas provenientes del elemento agua y que entregaba al Consejo de Magia para mantener el orden o tener armamento a punto en caso de guerra como ya ocurrió en el pasado. Aunque desde hacía décadas que todo estaba calmado, con lo cual había abandonado esa tarea temporalmente y se dedicaba a otras actividades como la pesca o simplemente pasear por las playas de aquella Tierra Sagrada.

El viento no soplaba apenas, lo que hacía que el calor pegara todavía más fuerte. Los espíritus deambulaban alterados sin razón aparente desde hacía un tiempo cuando de repente cerca de la vegetación de una de las playas se escuchó una fuerte ventisca que paró casi al instante de escucharse.

Unos desconocidos habían llegado a la isla.

Rozo – ¡¡que vomito!! – dijo ya despierto corriendo hacia los matorrales.

Sejo – no sé porque pero estoy igual, incluso de duele mucho la cabeza… – miró a Megumi como intentando recordar algo.

Megumi – uy será por el viaje jejejejeje falta de costumbre – le entró la risa nerviosa.

Shira – vaya, me siento rara – Hizo una mueca de cansancio y al dar un paso adelante cayó de rodillas respirando aceleradamente. Hana y Shiroi acudieron a levantarla.

Megumi – ahora sí tenemos que tener cuidado de no acercarnos a ti, esta isla esta rebosante de tu poder. Si tenemos en cuenta que estas en fase de entrenamiento para controlar una gran magia como es la del poder de un elemento y encima que no tienes la pulserita TAN valiosa que te di…en fin, que podríamos tener graves problemas.

Shira – ¿quieres decir que ahora tengo más poder que ninguno?

Megumi – bueno más o menos, estamos en la Tierra Sagrada del Agua.

Shira – ¡¡¡yesssss soy la más poweroide del grupote!!! MUAHAHAHHAHA – dijo a la vez que levantaba las manos en señal de victoria. Pero no era consciente que las olas que tenían detrás suya se había levantado veinte metros.

Megumi – ¡POWEROIDE DEL GRUPOTE CUIDADO! – la giró bruscamente para que viera la que había liado – ¡¡Rora manda un huracán o algo hacia allí y aleja esa cosa anda!!

Rora – okiis.

La chica se puso delante de sus compañeros en dirección al mar, alzó las manos, cerró los ojos y el aire de alrededor suyo empezó a girar cada vez más deprisa hasta hacerse visible con la mezcla de aire y arena. Los ojos de Rora se abrieron de pronto, parecía que aguardaban gran sabiduría y poder, eran de una tonalidad morada con varios reflejos de luz más claros. Su mirada se clavó en las olas que se acercaban peligrosamente, y el tornado cogió gran velocidad. Un único impacto brutal deshizo las olas en cuestión de segundos y sus ojos volvieron a la normalidad. Sus compañeros aplaudieron alabándola mientras ella hacía una reverencia.

Rora – ¿qué os ha parecido?

Megumi –¡¡el entrenamiento diario ha dado sus frutos!! ¡¡PERO QUE BUENA ENTRENADORA QUE SOY!!!

Shira – tampoco te pases que conmigo no haces milagros.

Megumi – tú eres un caso perdido.

Shira – what

Sejo – ahora hay que buscar al tío ese raro…el… Maestro de Armas ¿no?

Megumi – si, debe estar en algún lugar elevado, ya que tiene que vigilar la isla – buscó con la vista algún indicio de población sin éxito.

Rozo – eh Megumi, ¿y si probamos a seguir los carteles? – dijo señalando unos carteles con flechas en los cuales ponía:

MAESTRO DE ARMAS (siga la flecha) –>

Megumi – hu…– su mirada se volvió sombría – te estás pasando de listo hoy queridísimo alumno mío… – comenzó a caminar siguiendo las flechas de mala gana y los demás fueron a la zaga.

Rozo – ¿p-por qué se pone así? – le susurró a Hana.

Hana – la estas dejando fatal – rió – primero encontraste la isla y ahora al Maestro. Como sigas así, no sales de esta isla con vida.

Kuroi – me voy a venir de vacaciones aquí. Joder se está genial.

Kai – eso si el poder del agua no te aplasta antes, como tenía que haber pasado aquella vez… – dijo con la mirada al frente con un tono serio y distante como si hablara de un recuerdo pasado.

De nuevo su forma de ser impulsiva le había ganado, no pudo evitarlo pero sin embargo, sonrió con algo de malicia.

Kuroi le miró pensativo. Sin duda sabía a qué se refería. Simplemente no dijo nada, ya que por un momento pensaba igual que él. Solo suspiró.

Shira captó la mirada que cruzaron y los miró confundida. ¿Por qué estaba el ambiente tan seco entre esos dos? Quizá fuese por la pelea del invierno pasado. No podía ser otra cosa, se conocieron en un mal día. Kuroi era controlado por deseos oscuros y en ese momento era normal que no se llevaran muy bien. Si pasó algo entre los dos, ella seguramente estaba inconsciente. Solo recordaba la pelea con Kuroi, que empezó a decir cosas raras y después cuando despertó estaba en brazos de Kai, cuando Rora los protegió del ataque de luz.

Había pasado un rato desde que empezaron a caminar y cada uno estaba por su parte: o escuchado música como Rora o simplemente admirando el paisaje. La verdad es que aquel lugar tenía una misteriosa belleza y parecía un paraíso tropical.

Shira – Megu, – dijo al rato – eso de que puedo ser peligrosa por descontrol y tal…mmm antes de empezar a entrenar ninguno teníamos la pulsera esa y no paso nada ¿por qué ahora si? – preguntó.

Megumi – eso es porque para entonces vuestros poderes estaban “apagados” por decirlo de alguna forma. – dio un salto para esquivar una rama caída. – Al empezar a entrenar conmigo han aumentado, aunque todavía no lo notéis. Y más que aumentarán. Además – añadió – en tu caso particular, si tenemos en cuenta que esta es la Tierra Sagrada del agua, tal y como estas puede afectarte negativamente, no está solo el hecho de dañar a tus amigos, sino, también a ti misma.

Shira se quedó meditando esas palabras a la vez que le mangaba el reproductor de música a Rora. Hasta ahora apenas notaba cuando descontrolaba, pero en aquel lugar era diferente, estaba rebosante de su elemento y le hacía sentirse débil ya que no podía canalizar bien todo el poder que le daba la isla y a su alrededor creaba un ambiente húmedo. Por una parte estaba contenta porque a Kai le fastidiaba.

Pasaron dos horas.

Según la espesura del bosque se hacía más densa se divisaba a lo lejos una cabaña pequeña y al lado de esta, una caseta mayor que parecía una especie de almacén. No tardaron en llegar donde se encontraba. Las dos estructuras estaban en sintonía con las plantas que las rodeaban. La cabaña estaba en medio de un pequeño lago a la cual le caía encima una cristalina cascada.

Megumi – creo que ya hemos llegado.

Shiroi – una cascada enorme cayendo encima de la casa y la casa no se cae. Las leyes de la física aquí no pintan nada, ¿por qué no me sorprende?

Kuroi – que serio eres Shiro, deberías decir algo como: ¿¡una cascada?! ¡¿Cayendo encima de la casa?! ¡¿WTF?! Y al menos cambias el ambiente que así nos amargas a todos – Shiroi le hizo una rápida llave y Kuroi cayó al suelo de un golpe maldiciendo.

Sejo – pero no hay nada para llegar a la cabaña, esta flotando en el agua. Ni siquiera hay un puente o algo así.

Kai – este sitio me da escalofríos, ¡¡no hay civilización!! – dijo mirando alrededor, sintiéndose observado.

Rora – demos un rodeo para ver si por detrás o en aquella caseta hay alguien o algo para pasar a la cabaña.

Hana – buena idea.

Los chicos se separaron y se dispersaron por el lago.

Por una de las ventanas de la casa, unos ojos felinos de un azul helador observaba a los nuevos inquilinos que se habían colado en su propiedad.

? – Sois míos – rió una vocecilla cantarina relamiéndose a la vez que su sonrisa dejaba al descubierto unos pequeños colmillos blancos.

Fin del capítulo

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