Capítulo 34

Rora  – podemos con todo ¡¡Cuenta!!

Megumi – ainsh – suspiró – resulta que cada elemento tiene una “Tierra Sagrada” dispersa por el mundo. Pueden ser o islas o estar bajo tierra o algún lugar desconocido y no suele aparecer en los mapas.

Rora – ¿y cuál es el problema?

Megumi – digamos que tenéis que buscar varios elementos que forman la pulsera y llevársela al Maestro de Armas que suele cuidar de la isla. Al parecer así se hizo en la Antigüedad cuando aparecieron los Shikatsus elementales.

Rozo – parece una misión tipo videojuego – dijo a la vez que se dirigía hacia el ordenador de Megumi, el cual estaba encendido – tentación.

Kuroi – yo me apunto ¿dónde está la tierra esa?

Megumi – pues ahora mismo nadie sabe dónde está.

Shira – ¿y entonces?

Megumi – habrá que buscarla en algún libro de magia antigua de la Biblioteca de la Academia o preguntar a alguien del Consejo.

Rozo – ¡¡la encontré!!

Todos se giraron hacia el chico con un sonoro ¡QUÉ!

Rozo – ¡que guay! Si no fuera por internet…

Megumi – p-pero es imposible ¿cómo va a venir algo tan importante para los magos en una red mundial? – Gritó perpleja mirando la pantalla del ordenador – anda pues es verdad, buen trabajo mi pequeño alumno. Al final sí que vas a servir para algo.

Rozo – ¿servir para algo? ¡¡PONME UN DIEZ PROFE!! ¡He trabajado duro en la búsqueda!

Megumi – jaaaaaaaaaaaaa ni lo sueñes – le tiró de la silla de un culazo – A ver, déjame ver…mmm – miró la pantalla más de cerca – parece que esta por las islas japonesas pero es una cosa diminuta – se da la vuelta – bien mis Shikatsus-mal-entrenados, haremos lo siguiente: haré un conjuro para alterar los recuerdos de la gente por el tiempo que podamos estar fuera, nos trasladamos con otro conjuro de teletransportación especial, como somos muchos pediré ayuda a mi querido hermanito. Una vez allí buscamos al Maestro de Armas y que nos diga que nos hace falta para crear una nueva pulsera protectora, conseguimos lo que haga falta y que la fabrique ¿qué os parece?

Sejo – ¿p-puedes repetir?

Megumi – ¡¡venga el tiempo es oro!! ¡¡No queremos que Shira nos mate!! – dijo a la vez que se iba en busca de su móvil para llamar a Kai.

Shira – será…

 

Sonó el timbre, pero nadie se movió. Volvió a sonar otras tres veces pero entre que los gemelos, Hana Rora y Megumi estaban en la sala de entrenamiento limpiando los destrozos ocasionados, Shira leía un libro gore de zombies y Rozo y Sejo se peleaban por la consola, nadie atendía la puerta y el pobre Kai se desesperaba fuera.

Kai – ¡¡MEGUUUUU!! ¡¡HERMANITAAA!! ¡¡ABRE A TU QUERIDO HERMANO!!

Vecina – ¡pero bueno que son estos gritos! ¡¿Quieres entrar de una vez a la casa?!

Kai  – pero sin no me abren como coñññ… – la puerta se abrió levemente dejando una rendija y vio un oscuro ojo mirándole sospechosamente – eh… ¿puedo pasar Shira?

Shira – ¿quién eres tú? No me suena tu careto.

Kai – ¿qué? ¿No te acuerdas de mí? No ha pasado tanto tiempo. Luché contigo en diciembre contra esos gemelos de color de pelo opuestos…

Shira –  mmmmmmmmmmmmmmm…

Kai – venga, ¿no me digas que no te acuerdas del chico que te rescató en la nieve ese día?

Shira  – mmmmmmmmmmmmmmm ¡¡¡¡MEGUMI UN LADRÓN!!!! ¡¡CERRAD TODAS LAS PUERTAS Y VENTANAS!! – Tras esto dio un portazo.

Kai – maldita maga de las…. – pasó un rato y de pronto se acordó que aun conservaba una copia de las llaves. Poco después, estaba en el salón de la casa donde Shira había retomado la lectura y Sejo y Rozo seguían en su mundo virtual.

Kai – serás… – murmuró mirando a Shira cabreado.

Shira – ah, hola Kai. – saludó sonriente.

Kai – PERO…

Megumi – ¡¡¡hermanitooooooooo!!! – Alarmada por los gritos de hacía un rato subió corriendo y al ver a Kai se tiró a sus brazos achuchandole como si fuera un peluche – ¡¡¡awwwwwwwwwwwwww mi pequeño, molesto e inútil hermano!!!

Kai – ¡¡¡sueltaaaaaaaa!!! – se quejó a la vez que intentaba liberarse de los brazos de su hermana mayor.

Megumi – ¿hiciste lo que te dije antes por teléfono? – en ese instante aparecieron los demás que hasta hacía un poco estaban en la sala de entrenamiento.

Kai – si, el hechizo de alteración temporal ya está en marcha. Empezará a funcionar en unas horas – explicó a la vez que se libraba de las garras de Megumi.

Hana – ¡Kaichu cuanto tiempo! ¿Dónde has estado, desaparecido?

Kai – en casa de mis padres, continuando con mis estudios…tengo una vida por si no lo sabíais.

Rora – así que eres ese tipo de tíos que vaguea en casa a su edad…

Kai – ¡¡que sigo con los estudios!! De hecho estoy de prácticas. Además, solo os saco un par de años. Bueno,  tres. Lo que sea, que importa.

Megumi – pero pareces un crio de…

Kai – ¡¿de qué?!

Megumi – bueeeno chicos – cambió repentinamente el tono –  ¿tenéis todo lo necesario para irnos? – se levantó cogiendo una mochila que tenía sobre la mesa llena de útiles para el viaje. El resto asintió colocándose sus improvisados equipajes.

Hana – Megumi – la llamó señalando a la pareja que estaba con la consola – tendrás que aplicarles algún hechizo de sueño si quieres que se despeguen de ahí si no, nos podemos tirar hasta a saber cuándo.

Megumi – a ver, un hechizo…mmm – se puso pensativa. De pronto se acordó de algo, se dirigió a la cocina y apareció con una sartén bastante grande en las manos. Se colocó entre los viciados al videojuego y les propinó un sonoro sartenazo a cada uno. Los dos cayeron como polillas – ya están dormidos. En marcha. – cogió a Sejo y Rozo de los pies y los arrastró.

Hana – ¿K-Kai tu hermana siempre ha sido así? – susurró.

Kai – esto…según mis padres sí. – dijo en el mismo tono.

Hana – ¿y según tú?

Kai – mis padres decían que de pequeños peleábamos mucho, pero si te soy sincero yo no me acuerdo.

Hana – ay pobrecillo… – se llevó una mano al pecho con expresión preocupada.

Megumi –  ale vámonos, los hechizos de teletransportación necesitan mucha concentración y vosotros no sabéis realizarlos así que necesito silencio. Yo os dirijo, cogeos de las manos y seguid mis pasos…– en ese momento todos repetían al unísono las palabras extrañas que iba diciendo Megumi. Un fuerte viento los envolvió y poco a poco los suspendió en el aire. La brisa era agradable y en el instante siguiente ya no estaban en el salón de Megumi, sino en un lugar perdido entre Corea y Japón.

 

-Fin del capítulo-

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