Capítulo 31

Rin todavía no despertaba y Shira se estaba desesperando sin saber muy bien qué hacer. Tenía que entrar ahí como fuese pero no se le ocurría ninguna forma y encima tenía que arreglárselas para que Rin no sospechase…

Shira – mierda tengo que entrar ya, pero no sé cómo. – murmuró nerviosa caminando de un lado a otro.

– por el conducto de ventilación.

La chica dio un bote al escuchar la voz de Rin.

Shira – ¿q-que haces despierta? – preguntó con una mueca de horror – ¿estás bien?

Rin – sí, pero no se qué ha pasado. Me siento como mareada… – señaló el conducto de nuevo – vamos por ahí.

Shira – no creo que sea buena idea, solo es una película… – <<porque si entramos verás cosas que no deberías>> terminó la frase en su cabeza.

 

De nuevo Ai sacó más perlas relucientes pero esta vez de un tono azulado y apuntó a Shiroi. De las garras cristalinas de sus manos salió disparado un rayo que impactó de lleno sobre él y una luz azul empezó a envolver el cuerpo del chico, encerrándole en una especie de burbuja de agua.

Hana – ¿qué…?

Monocromo – muy bien Ai – se acercó a la niña con paso lento y le acarició el pelo sonriente – en un ratito se ahogará, así que yo que tú, traidor, ahorraría el poco oxigeno que queda. Al menos para ver como tus aliados van cayendo. Así te darás cuenta de que hiciste mal en cambiar de bando – Se giró hacia Hana – y en cuanto a ti…

 

En los conductos

Shira – ¡Rin espera! ¡No deberíamos estar aquí! – Rin avanzaba a cuatro patas, pero segura, por el conducto de ventilación.

Shira no se explicaba cómo había conseguido abrirlo pero el caso es que estaban yendo a la boca del lobo y no le hacía gracia que ella se pusiera en peligro sin saberlo. Tenía que detenerla. Ella también quería ver la película pero no de aquella manera tan exagerada. Ahora le parecía buena idea avisar a los de seguridad, al menos para ganar tiempo, aunque al parecer Rin ya no estaba dispuesta a llevar a cabo esa idea.

 

En la sala de cine

Hana – asco de tío – miró a Monocromo desafiante.

Monocromo – me alegra que te agrade, pero no me hagas la pelota. Vayamos acabando ¿no creéis? Ya es un poco tarde.

? – ¡TODOS QUIETOS! – todos se giraron en dirección a una de las verjas de ventilación que acababa de abrirse de forma ruidosa.

Sejo – ¡¿RIN?! ¿Qué…? ¿Cómo…? – logró salir de la pantalla sobre la que se proyectaba la película, que seguía su curso en alguna parte de la sala.

Rin – ¡he dicho que todos quietos! – se giró de improviso y cogió a Shira inmovilizándola y sujetándole el cuello con su brazo. – si os movéis, adiós Shira.

Shira – Rin ¿qué haces…? – la chica se removió inquieta intentando quitarse el brazo del cuello pero solo conseguía hacerse daño.

Kuroi – ¡Rin! ¡¿Qué te pasa?! – exigió saber mientras se apoyaba a duras penas sobre uno de los asientos.

Monocromo – vaya, una heroína…tu cara me suena de algo… – se acercó a ella.

Rin – ¿no has oído lo que he dicho? – señaló con la cabeza hacia su rehén y Monocromo paró en seco.

Rozo – ¡tenéis que salir de aquí! – gritó dirigiéndose a las recién llegadas.

Rin – ¿te crees que no sé lo que está pasando Rozo? Soy muy consciente de ello. Es hora de acabar. – con la mano que le quedaba libre apuntó a varias de las butacas del cine y estas comenzaron a salir de sus posiciones y a tomar forma de unas hachas de plástico y gomaespuma, que salieron disparadas dando giros hacia Monocromo, enganchando su ropa al suelo.

Casi de inmediato la pequeña Ai hizo un movimiento dirección a Rin y Shira pero Hana fue más rápida y consiguió agarrarle de las manos e inmovilizarla. Allí donde sus dedos rozaron los tubos, sintió el calor que emanaba de ellos. Rozo y Shiroi, a su vez, se lanzaron contra Pavoncio que se vio forzado a moverse, debilitándose el hechizo.

Rin – Hana ocúpate del idiota monocromático, – soltó a Shira que se sujetó el cuello atónita – imagino que sabes ¿no?

Monocromo – ¡venga no fastidies! ¡¡No podéis hacerme nada!! ¡Ai! ¡¡Usa tu poder!! ¡Puedes librarte de ella y lo sabes! Su poder de la tierra no tiene efecto aquí dentro, ¿no lo ves? No hay naturaleza. – Se impacientó – ¡AI VAMOS!

Pero la niña solo pudo mirar aterrada como Rin alzaba la mano recuperando sus sillones-hachas para apuntarlos hacia Monocromo. De pronto puso en tensión los dedos cerrando la mano con fuerza. Los sillones-hachas se agitaron rápidamente cambiando de nuevo de forma mientras los ojos de Rin brillaban rojos como la sangre. La masa que eran ahora los sillones se lanzaron encima de Monocromo como si fuesen un animal hambriento cerrando sus fuertes fauces sobre el chico.

Rozo con un movimiento ágil se tiró encima de Pavoncio haciendo que el ataque que acababa de salir de sus manos se desviase, dando de lleno en la bola que Rin había formado, cerrándola así, completamente, de cualquier fisura que pudiera tener.

Monocromo – ¡NOOOOOO…!

El lamento de Monocromo fue lo último que se escuchó de él antes de apagarse por completo.

Dentro de la bola Monocromo se agitaba intentando romperla pero esta se hacía más y más pequeña siguiendo el movimiento de mano de Rin hasta que llegó al tamaño de un balón de fútbol. De pronto nada se movía ya dentro. <<Se habrá hecho vapor>> pensaron, ya que era imposible que una persona entrara en un tamaño tan reducido. Estando en ese estado, sería más seguro de transportar y le sería más complicado escapar y le dejaría bastante agotado. Además gracias al ataque fallido de Pavoncio ahora la bola era más compacta.

Rozo fue lanzado contra los asientos de la parte inferior de la sala que consiguieron amortiguar el impacto. Acto seguido el chico de la gorra salió corriendo de la sala y Rozo se incorporó en un tiempo record para ir tras él. La puerta estaba de nuevo abierta pero Rozo se chocó contra un muro invisible que lo impedía salir.

Rozo – maldito mago – murmuró.

La barrera se disolvió nada más terminar de hablar. Eso solo podía significar que el chico de la gorra se encontraba lo suficientemente lejos para que su hechizo ya no tuviera efecto en aquel lugar. Como consecuencia, la bola que contenía a Monocromo se agitó creciendo de nuevo, pero Rin reaccionó a tiempo para cubrirla de otra capa de material y evitar así que se rompiese.

Rozo dio la vuelta y volvió con sus amigos.

Rozo – ¡¡MEJOR QUE LA PELI JAJA!! – Dijo alzando los brazos – ¿Y ahora qué hacemos con él? – señaló el balón oscuro.

Hana – llevárselo a Megumi, seguro que ella sabe qué hacer con él. ¿No trabaja con el Consejo de Magia o algo así? Pues que se lo lleve a ellos que seguro que tienen una prisión a prueba de nubes molestas – agitó el balón con furia.

Shira – y en cuanto a ti… – dijo mirando a Rin que le sostuvo impasible la mirada.

De repente una intensa luz violeta iluminó la sala y una vez se apagó, la sala volvía a estar como antes. En la pantalla, de nuevo restaurada, ya aparecían los créditos.
En casa de Megumi

Kuroi – ¡aaaaaaaaaaah! ¡Para! ¡¡PARA!! – el chico estaba tirado en el sillón. Megumi le estaba curando las herida.

Megumi – ¡Shira por dios! ¡No aguanto más sus gritos!! ¿Está ya la maldita bañera o lo que estés preparando?

Shira – ¡ya estaaaaa! Echadlo a la olla – dijo desde el baño, al principio del pasillo.

Después de meterlo en la bañera llena de agua. Kuroi se quitó la camiseta.

Shira – ¡¿q-qué es eso?! – Gritó aterrada mirando los moratones que tenía en el costado – ¿pero tú sabes lo que es esquivar?

Kuroi – ¡por dios Shira hazlo ya! – pidió a gritos en medio de la agonía.

La chica cerró los ojos e introdujo las manos hasta rozar la piel alrededor del morado.

Shira – ten en cuenta que no he practicado mucho así que…

Shiroi – es un poder innato en ti. No debería ser difícil. – dijo analizando la escena. No se había apartado ni un minuto de su hermano desde que salieron del cine.

Megumi – confía en lo que te enseñé, anda. Ya lo hiciste una vez, en el lago. No debería ser muy difícil, ya sabes que Hana todavía no controla la curación.

Sejo – si el chico no explota…

Rora – piénsalo Shiro, después de esto podrías ser hijo único.

Shiroi – podría vivir con eso – contestó mirando a su hermano, sin dejar de mostrar preocupación.

Shira –¡¡FUERA TODOS!! Me desconcentráis.

Megumi echó al resto y cerró la puerta tras de sí.

Megumi – recuerda, que el agua fluya por tus manos y después hacia él.

Shira cerró los ojos de nuevo y dejó que el poder del agua le traspasara la punta de sus dedos para luego acariciar la piel del chico. Tener agua a su alrededor aumentaba la capacidad de sus poderes lo que en ese momento era necesario. El agua comenzó a cubrir de forma misteriosa los moratones y rasguños y poco a poco fueron adoptando un color sano. Kuroi ahogó un gemido de dolor que transformó en una mueca y finalmente acabó en un suspiro de alivio. Shira seguía concentrada mientras el resto de golpes y rasguños reaccionaban a su poder y se iban sanando.

En ese momento los demás se dispersaron por el salón esperando a que sus amigos terminasen.

Sejo – bueno Rin creo que tienes algo que explicar.

Rin – soy una Shikatsu, no es ningún misterio ya. Mi poder es cambiar la forma de los materiales a lo que yo quiera manteniendo la masa. ¿Contento?

Rora – vaya, eso no me lo esperaba. ¿Y ya habías visto a Monocromo?

Rin – No. Aunque se distinguir quien no está de mi lado porque antes…bueno me iba con alguien que no era muy de fiar, fue al poco de descubrir que tenía poderes, no sabía qué bando era el bueno ni cual el malo, estaba muy perdida…pero el caso es que empecé a irme inconscientemente con el enemigo y aprendí algunas cosas, pocas, pero suficientes.

Shiroi – ¿estuviste con los enemigos?

Rin – No sé si eran o no vuestros enemigos. No era gente de fiar. Ocurrió un día mientras estaba en el extranjero, el día en que me di cuenta de cómo eran las cosas y decidí alejarme de todo aquello. Desde entonces estuve entrenándome para mejorar y con un golpe de suerte llegó el momento de volver a esta ciudad. – Hubo un silencio de reflexión hasta que Rin habló de nuevo – podéis confiar en mí, en serio.

Hana – Con razón que traspasaste el hechizo de Monocromo antihumanos. Pero lo de Shira…

Rin – era una distracción. – Aclaró sentándose en el sillón más cercano – digamos que he sido vuestro as en la manga sin que ninguno lo supiera. Cuando estaba en la cola con Shira comprando, vi como entraba a nuestra sala, los magos oscuros no dan vueltas por ahí sin otra razón que no sean Shikatsus así que en seguida encaje las piezas. Y no me equivoqué con vosotros. – sonrió mirando a cada uno. – De todas formas sé reconocer a un Shikatsu. Solo necesitaba una confirmación.

Shiroi – si no hubiera sido por tu intromisión a saber qué habría pasado. Gracias – ella le respondió con una sonrisa.

Rora – puessssssss yo soy viento o Kuuki como lo prefieras, – explicó – Sejo llamita, Hana tierra, Shiro algo raro con la luz, Kuro algo raro con la oscuridad, Sidriña agua, Megumi telequinesis y Rozo es apoyo moral o estorbo, depende del día.

Rozo – ¡oye!

Sejo – ¡LLAMITA TE VOY A DAR YO A TI!

Rora – estoy llena de heridas… ¡SHIRA MI TURNO CÚRAMEEEEEEEEE! – desapareció de la sala casi a la vez que alguien llamaba tímidamente con los nudillos a la puerta principal.

Hana – Yo abro.

La chica fue hasta la puerta y la abrió despacio para descubrir a una niña pequeña de pelo largo cuyos brazos estaban adornados con unos cilindros cristalinos de color rojizo. Sus ojos verdes esmeralda mostraban preocupación y estaban llenos de lágrimas.

? – Por favor déjame quedarme… – hablaba con un tono infantil y su voz mostraba un miedo palpable.

Hana – tú eres…Ai… – un escalofrío la recorrió el cuerpo.

 

-Fin del capítulo-

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