Capítulo 30

La película había comenzado hacía ya rato y no había entrado más gente que el grupo de adolescentes que estaba atento a la pantalla con sus gafas 3D.

Rin – ¿chicos queréis palomitas? – dijo de improviso antes de que empezara la película.

La mayoría estuvo de acuerdo y la pelirroja se levantó dirigiéndose a la salida.

Shira – te acompaño Rin y así te ayudo a traerlas, que somos muchos. – alcanzó a Rin en la puerta y las dos salieron de la sala.

Llevaban ya un rato esperando en la cola, cuando por fin les tocó pagar. Shira estaba impaciente por volver, tenía ganas de ver la película sin perder detalle. Se giró un momento para comprobar la gente que hacía cola detrás suya. Pobres. Al último aun le quedaba un buen rato.

Fue entonces cuando se fijó que un poco más lejos, unas personas se dirigían al pasillo en el que estaba la sala en la que se iba a proyectar la película. Se le congeló la sangre en las venas cuando su mente se iluminó al reconocer la cara del chico más alto y mojado que vestía de un mismo color: azul.

Sin duda ese chico era Monocromo, y esta vez no iba solo. Al parecer le acompañaba un chico unas cabezas más bajo que él y una niña pequeña que iba de la mano de este último. Se podía pensar que era su hermana o una persona normal y corriente, pero vestía una larga túnica rosa pálido. No era para nada algo que un humano corriente vistiese en su día a día y menos para ir al cine.

Shira – oh mierda…. Rin. Tenemos que volver – dijo de pronto con prisa sin apartar la vista de los tres chicos.

Rin – No te quieres perder nada ¿eh?

Shira – …claro, es que imagínate que pasa algo interesante – comentó algo tensa. Rin le entregó las palomitas y se dirigieron a la sala cinco.

Si Rin y Monocromo estaban en la misma sala él no podría hacer nada. No mientras hubiera un Eitaika cerca, ningún mago en su sano juicio se pondría a hacer magia delante de uno. Aunque según Hana el hechizo antihumanos de Monocromo no funcionó, pues la pelirroja lo atravesó sin problemas. La verdad es que el chico parecía un poco torpe luchando y si a eso se le añadía que normalmente un mago solo controlaba hechizos y ataques relacionados con su don…

<<Que mala suerte que hoy no haya gente en el cine, este tío tiene la manía de buscar siempre pelea en sitios públicos>> pensó Shira cuando empujaba la puerta de la sala, pero la puerta estaba cerrada.

Rin – pero ¿y esto?

Shira – tarde – su cara mostraba una mueca de miedo.

Dentro se escuchó un gran estallido.

Rin – nos estamos perdiendo la parte de acción de la peli. ¡Qué buenos efectos de sonido! – dijo a la vez que intentaba abrir de nuevo. Igual deberíamos llamar a los de seguridad. Esta puerta se ha atrancado.

 

 

Monocromo esquivó a tiempo el lanzamiento de Sejo que provocó un gran estallido.

Y allí estaba de nuevo, como en otras ocasiones. La diferencia era que eso no era la sala de actos del instituto ni la calle. Era todavía más peligroso porque fuera había gente que ignoraba lo que estaba pasando.

Monocromo no tenía un gran poder. En todos sus años aprendió muchos hechizos, la mayoría de defensa porque había dado la casualidad de que su “don” no eran ataques fuertes. Principalmente se vaporizaba en una nube, silencioso e incluso…

Rora – ¡Molesto! ¡¡Eso es lo que eres!! ¡¿No tuviste bastante aquella vez?! – Monocromo se situó delante de la pantalla gigante que emitía la película a oscuras.

Sejo – bueno dicen que a la tercera va la vencida… que pena que en tu caso no vaya a suceder.

Kuroi – no entiendo…por qué me suena su cara.

Monocromo – veo que me recordáis traidores… – les echó una mirada desafiante.

Rora – mierda Rin y Shira tienen que estar a punto de llegar y este imbécil sigue aquí.

Rozo – imposible, la puerta está cerrada – gritó desde la puerta.

Monocromo – todas están cerradas. Os presento a mi nuevo compañero – dijo alegre a la vez que señala al chico de la gorra roja. – su poder hace que cuatro pareces sean una sola unidad sin una sola fisura. Fusiona entidades. Perfecto para evitar que alguien entre o salga, según como se mire – sonrío malvadamente.

Rora – será pavoncio…

Hana – y su mote ha sido adjudicado.

El chico no les prestó atención, estaba con los ojos cerrados y las manos levantadas en una posición anormal: estaba usando sus poderes. Mientras, la niña estaba escondida detrás de él. Parecía muy pequeña. Sus manitas sujetaban la camiseta de Pavoncio, las anchas mangas de la túnica dejaban ver sus brazos, que estaban rodeados por dos especies de tubos de un rojizo cristal y, en el dorso de la mano hacía un dibujo dividiéndose en tres garras: una situada en la parte externa de la mano; otra entre los dedos corazón y anular; y otra entre el índice y el pulgar; su pelo era largo y liso con un corte recto de un color dorado claro, y su flequillo estaba recogido a ambos lados de la cara con unas horquillas en forma de corazón. Sus ojos eran grandes y verdes que brillaban como esmeraldas pero estaban llenos de miedo.

 

 

Rin – ¿Rozo? ¿Eres tú? – Alzó la voz desde el otro lado de la puerta – ¿Qué pasa ahí dentro? ¿Por qué no se abre la puerta?

Rozo – mierda es Rin… – dijo para los demás en un grito susurrado – eh… se tiene que haber atrancado – dijo elevando la voz para hacerse oír por encima de la película.

Rin – vaya, iremos a avisar a…

De pronto se escuchó como si algo pesado cayese al suelo y después silencio.

Rozo – ¿Rin? ¿Qué pasa? ¡Rin! – dio otro empujón a la puerta desde dentro en vano.

Shira – lo siento, – dijo desde el otro lado – tuve que dejarla inconsciente. Vi entrar a Monocromo con dos chicos. Me imagino que ya le habréis visto.

Rozo – ¡¡serás bruta!! – Chilló – Pues está aquí sí… – se giró justo para ver como Monocromo se convertía en una nube de vapor –…más o menos.

Shira – me llevo a Rin al baño antes de que se despierte y a ver si mientras se me ocurre una historia creíble. ¡Así que haced algo rápido!

Rozo – si ves algún sitio por el que entrar…una ayuda más nunca viene mal. Pero líbrate antes de Rin, claro. ¡Y que no vengan los de seguridad!

Shira – no te preocupes que desde fuera parece todo de la peli. Además estoy segura que Monocromo se habrá encargado de cualquier vigilancia dentro de la sala. Buscaré una forma de entrar pero será difícil si la única entrada es la puerta – susurró con urgencia mientras se escuchaba como arrastraba algo por la alfombra que cubría el suelo. De todas formas ponte a dar puñetazos a ver si aciertas…. ¡pero al enemigo Rozo! No te equivoques. – se alejó.

Rozo – será… – miró mal a la puerta inútilmente sabiendo que ya no le oía.

Se escuchó un grito de alerta.

Rozo no reaccionó a tiempo pero una luz intensa se interpuso entre lo que fuese que iba directo hacia donde estaba y él.

Una explosión de luz llenó la sala de cine neutralizando el proyectil desconocido y haciendo que Rozo se cubriese con los brazos. Cuando se apagó, Rozo vio a Shiroi delante suya, jadeando.

Rozo – gracias… – murmuró aún sorprendido, a lo que el peliblanco negó con la cabeza con un “no pasa nada”. En la dirección del ataque estaba la niña pequeña con los brazos apuntándoles, con cara de susto. Los tubos cristalinos enrollados como serpientes a lo largo de sus brazos todavía brillaban incandescentes.

Rozo – ¿e…eso lo ha hecho esa n-niña? – preguntó anonadado, levantándose.

El resto de adolescentes la miraron aterrados.

Monocromo – BUAJAJAJAJAJA hice bien en elegir a la pequeña Ai. – se materializó al lado de la pequeña poniéndole una mano sobre el hombro. – Usa magia alquímica de todo tipo. Una alquimia avanzada. – sonrío maliciosamente.

Ai metió la mano dentro de una bolsita que llevaba atada al cinturón de la túnica y sacó varias perlas de color naranja, cerró las manos y de nuevo sus brazos empezaron a brillar.

Shiroi – mierda – un disparo de intensa luz salió de nuevo a por ellos pero Shiroi reaccionó a tiempo y tiró a Rozo al suelo. La pared cercana se resquebrajó.

Sejo, Hana y Rora se lanzaron a por Monocromo que en seguida esquivó el viento de Rora, el puñetazo ardiente de Sejo y el intento de Hana de atraparlo manualmente pues al encontrarse en un lugar construido por el hombre no podía llamar a las plantas sin despilfarrar energía mágica.

Kuroi –…DARK SHADOW… – susurró desde una oscura esquina, dirigiéndose silenciosamente por las sombras hacia el chico de la gorra roja.

Esa era una de las ventajas del poder de la oscuridad. El poder de Shiroi, usaba la luz de varias formas: como escudo que disolvía los ataques con la potente luz que emitía o concentraba esa luz de forma que al contactar con el enemigo le producía una horrible quemadura; pero el de Kuroi, además de concentrar su poder alrededor de una espada debilitando a quien tocase, podía usar las sombras. Ellas eran sus aliadas y le recibían con los brazos abiertos a diferencia de la técnica de debilitar ya que, desde que volvió a la normalidad pareció perder la práctica para controlar a esta última.

Poco a poco se fue acercando, cuando por fin estaba detrás, recibió un fuerte impacto en el costado que le deslizo varios metros por el suelo. No vio que la pequeña Ai apuntaba con sus manos en su dirección. Fue a rematar su golpe pero Shiroi se interpuso intentando inmovilizarla sin llegar a tocarla pues no quería hacerle daño.

Mientras, Monocromo danzaba de un lado a otro esquivando ataques hasta que una vez en su cuerpo materializado lanzó a Sejo de una patada contra la pantalla gigante, provocando su caída encima del chico a cámara lenta.

Todos gritaron el nombre de su amigo.

Rora – dios SEJO ¡¿Estás bien?! – gritó preocupada deteniendo de inmediato los ataques.

Sejo – Sí. No te preocupes. A ver si logro salir de aquí…

Hana – ¿necesitas ayuda?

Sejo – ¡no, de verdad!

Monocromo – BUAJAJAJAJA me encanta y ahora… – miró la lucha improductiva de Shiroi contra Ai y vio claro su siguiente ataque. Se vaporizó hasta situarse a la espalda del peliblanco y le pasó el codo por el cuello – hola cuanto tiempo ¿eh? Traidor. – escupió la última palabra divertido.

Kuroi – ¡déjale! – gritó a cuatro patas desde el suelo sujetándose la cintura con fuerza. No podía moverse, ese impacto le iba a dejar un buen moratón. – joder…

Rora – ¡¡SUÉLTALE!! – juntó las manos y lanzó una fuerte corriente de aire que impactó con la pared.

Monocromo había saltado en el momento justo para evitar el ataque.

Monocromo – ¡tú eres una de las culpables de que hayamos perdido a estos guerreros! ¡AI A POR ELLA! – la niña corrió hacia Rora, de nuevo con perlas de colores entre sus manos.

Surgió un destello y de nuevo una explosión seguida de un grito por parte de la chica del viento. Instantes más tarde, apareció en el suelo llena de cortes.

 

-Fin del capítulo-

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