Capítulo 29

Hana, Sejo y Rozo la miraron asustados, Shira la miraba cautelosa, Shiroi parecía estar analizándola como si tuviese un ordenador en cada ojo y por ultimo Kuroi y Rora la miraban sorprendidos como si algo no encajase.

La chica por su parte analizaba a sus compañeros al lado de su nueva profesora. Vio a los tres chicos de la tarde anterior. Una chica con flequillo hacia un lado con dos coletas la miraba raro y otro chico de pelo blanco largo de ojos azules como el cielo parecía estar analizándola, como si quisiese encontrar algo en ella. Los demás la miraban con curiosidad hasta que se fijó en dos caras sorprendidas. Se sorprendió, eran…

Megumi – preséntate y así vas cogiendo confianza.

Chica – mi nombre es Rin Pattinson – dijo seriamente, tan seriamente que provocó un escalofrío general – estuve unos años en el extranjero y ahora he vuelto. Solo espero no tener que matar a nadie – la mayoría de la clase se asustó, excepto Rora que solo sonrió y Kuroi dejó caer su cabeza sobre la mesa haciendo que del sonoro golpe pareciese estar hueca.

Rora – jajajaja tu cabeza esta hueca, definitivamente está comprobado – la clase entera estalló en risas, incluso la chica nueva sonrió levemente, algo que parecía imposible.

Kuroi – vete a la mierda Rora.

Rora – te sigo.

Megumi – silencio alumnos míos. Por favor Rin siéntate en el sitio libre al lado del comprobado científicamente cabeza hueca: Kuroi Tsuki – sentenció provocando más risas entre sus alumnos.

Megumi era una de las profesoras más queridas por los estudiantes debido a su buen rollo en las clases y que era la más joven de todo el profesorado. También ayudaba su aspecto despreocupado que transmitía calidez y seguridad.

Kuroi – ¿por qué os metéis conmigo?

Rora – porque así es más divertido.

La chica fue a su nuevo sitio tranquilamente intimidando con su mirada a todos los que posaban sus ojos en ella. Cuando llegó al sitio designado, puso la mochila sobre la mesa, se dejó caer en la silla y por último la bajó al suelo.

Kuroi – bienvenida al insti – Rin le dedicó una sutil sonrisa, haciendo que Rora soltara una carcajada.

Después de tres largas horas por fin tocaba recreo. Los chicos se acercaron al sitio de la nueva.

Hana – hola, soy Hana y estos son Sejo, Rozo, Shira y Shiroi – presentó señalando a cada uno – y los chicos que han salido de clase son Rora y Kuroi, amigos nuestros también. Bienvenida.

La chica asintió y se presentó de nuevo:

Rin – yo soy Rin Pattinson.

Sejo – ¿como el tío ese de la peli romanticona? – Hana le dio un codazo, todos sabían que adoraba esa película.

Rin – no vuelvas a decir eso – dijo en un tono amenazante.

Sejo – vale, vale, lo siento. Es que pensé que podría…

Rin – no me gusta. Todo el mundo hace la bromita – suspiró.

El resto de chicos que estaban con ella pensaban que era una buena chica a pesar de su apariencia intimidante.

En ese instante, tanto Rora como Kuroi entraron en la clase y se acercaron al grupo con paso ligero mientras se repartían puñetazos en los brazos. Rora se sentó en una de las mesas que estaba a un lado de sus amigos mientras que de su bolsillo sacaba una bolsita de cachitos de goma – fabricados mientras se aburría en clase – y se los empezó a lanzar a los gemelos. Rin los vio llegar y una tenue e imperceptible sonrisa se instaló en su cara. Los saludó como si lo conociesen de toda la vida.

Rin – ¿qué pasa? Negro y…Morado – los demás la miraron extrañados ¿se conocían?

Rora – hola Rojo ¿Qué ha sido de tu vida?

Rin – pues bien, después de tantos años vuelvo a vivir aquí…así que supongo que las conversaciones vía redes sociales se acabaron.

Rora – ya te digo.

Kuroi – y yo que, ¿a mí no me saludas?

Rin – uy, que susceptible el cabeza hueca –los demás soltaron una risita, aun extrañados por la familiaridad con la nueva.

Kuroi – tan graciosa y agradable como siempre – se dio cuenta de las caras de extrañeza de sus amigos y decidió explicarles lo que pasaba – Rin es una amiga del campamento de verano. Cuando éramos pequeños íbamos mucho a campamentos y en uno de ellos nos conocimos Rora y yo, que ese todos le conocéis y uno de los últimos años apareció Rin – se giró hacia Shiroi – ese campamento fue el que te fuiste con Mamá a Nueva York.

Shiroi – eso te iba a decir, que normalmente yo iba contigo…que calladito os lo teníais. Me encanta que mi gemelo comparta de todo conmigo – dijo con fingida ironía con la serenidad propia de él a la vez que intentaba sacarse del pelo los cachitos de goma que Rora le seguía lanzando.

Rora – y Shira, ese fue el verano que te fuiste al Caribe con tu familia.

Todos – ¡¿AL CARIBE?!

Shira – ya lo recuerdo.

Rin – aún me acuerdo de ese campamento, me hicieron cantar.

Rora – jajajaja y a mí, fue muy divertido.

Shira – me hubiera gustado ir…

Kuroi – es verdad, que vas a clase de canto…nunca te he escuchado cantar. Algún día serás una gran corista – se burló.

Shira – idiota no es de coro – le sacó la lengua – son las clases de canto típicas que puede tener un cantante famoso. Es más, ahora estamos con los riffs de la voz – puntualizó haciendo que Kuroi alzara una ceja.

Rora – yo la escuché cantar el otro día. Me puso los pelillos de punta pero me pilló y me acribilló a cojinazos – explicó mientras su amiga intentaba ponerle la mano en la boca, pero no lo conseguía. – tengo entendido que es la mejor de su clase. Se lo tiene también muy calladffffff – Shira consiguió su objetivo pero ganándose una mirada envenenada por parte de Rora.

Shira – eh… estábamos hablando del campamento ¿no? – sonrió.

Kuroi – ¿y a qué esperas para hipnotizarnos con tus cantos de sirena? ¡AY! – Shira le dio un fuerte puñetazo en el brazo para que se callara.

Sejo – ¿y de que fue el campamento para que ocurriese el milagro…o más bien desgracia de que Rora cantase?

Kuroi – mezclaba música y deportes, estaba muy bien y salía por buen precio – esbozó una media sonrisa.

Rin – pues en esos campamentos fue donde conocí a estos dos elementos: un cabeza hueca y una lapa – Los chicos soltaron una carcajada menos Shiroi que estaba concentrado deshaciéndose de los trozos de goma de Rora.

Kuroi – Nos tocó en el mismo grupo. – explicó.

Rin – por aquel entonces recuerdo que pegaba a todo aquel que me contradecía.

Kuroi – y yo vestía… bueno no vestía así para nada. Los esqueletos y calaveras me daban miedo.

Hana – ¿y que ha sido de ese niño?

Kuroi – circunstancias que te cambian la vida – dijo alzando el dedo índice como si fuera un sabio.

Era cierto, antes no era como ahora. Antes era más callado y tímido, y sus apariencias eran de una persona alegre. Después de ese campamento sus padres tuvieron una gran crisis que hizo que salieran muy afectados: Shiroi desde aquel entonces había adoptado el papel de hermano mayor y se volvió más serio y protector mientras que Kuroi se encerró en sí mismo y cambio radicalmente, incluso se empezó a meter en peleas. Lo bueno que sacó es que con el tiempo su forma de ser se hizo más abierta, quería ayudar a la gente, pensar en los demás y así se olvidaba de sus propios problemas y su humor era cada vez más agradable, aunque en el fondo no era así. Pero su hermano fue un gran apoyo y acabaron superándolo. De todas formas esa crisis familiar les pasó factura, pues llegaron a repetir curso.

Rin – sí, que cambio. Ahora eres tan….oscuro. Te has vuelto como muy… ¿emo?

Kuroi – tampoco exageremos, que tu no andas muy lejos con ese pelo tan…tan sangriento – rió.

Rin – parece que cada uno ha tomado predilección por su color asignado.

Sejo – ¿eing?

Kuroi – en el campamento cada niño tenía un color asignado para facilitar juegos y grupos y esas cosas. A mí me tocó el negro; a Rin el rojo; y a Rora el morado.

Rozo – a Rora el morado…madre mía ¡la obsesión le viene desde pequeña!

Megumi se asomó sigilosa por la puerta.

Megumi – chicos no podéis estar aquí en el recreo. Anda, salid al patio.

El grupo asintió, recogió sus cosas y salió al pasillo.

Rin – ¿qué os parece si esta tarde vamos al cine? Y luego podemos dar una vuelta, así hablamos más tiempo. Son varios años sin vernos. Y así conozco a los nuevos.

Sejo – por mi bien, ¿hacia qué hora?

Rin – ¿os viene bien en la sesión de las cinco? He visto una peli que puede estar bien.

Shira – yo quiero ver esa donde sale sangre y salen…

Kuroi – ya pasó Shira, eso no es apto para menores como tú – la alejó del grupo como si la castigara mientras esta comenzaba a soltar todo tipo de insultos hacia el chico.

Las clases acabaron y ya por la tarde, se encontraron con Rin en las puertas del cine. Tras sacar las entradas se metieron en la sala que, por suerte, estaba vacía y estarían solos viendo la peli sin ruidos molestos ni gente comentando.

 

 

En ese instante Megumi pasaba por la que había sido la casa de los gemelos, ahora sin dueño, porque ahora los dos hermanos estaban viviendo con ella en sus alojamientos creados para las ocasiones en que los Shikatsus huérfanos o sin donde ir tuvieran un hogar y estar seguros gracias a los hechizos de protección. Además también podían hacer uso de las instalaciones de entrenamiento.

Aquel piso a ojos de cualquiera era un piso normal. Pero una vez dentro y, gracias a la magia, todo era infinitamente más espacioso para albergar a un gran número de personas de modo, que esa casa, se hiciera lo más habitable posible. Pero de momento Megumi no tenía a muchos refugiados porque hacía solo unos meses que había llegado a esa ciudad para cumplir la misión que el Consejo de Magia la encomendó obligándola a tener que pausar temporalmente su trabajo en una de las secciones de la Comisión de Magos.

Tras la muerte de los padres de los gemelos se las había arreglado para que ese caso no llegara a manos de la policía y vecinos, con un hechizo sobre ella. Como si esa casa hubiera estado vacía desde el principio. Si la policía se enterase de ese asesinato tan extraño, los magos serian su primer objetivo, incluida ella misma y claro, tenían sus métodos para averiguar si se encontraban ante un mago. Paralelamente el propio Consejo de Magia dio trabajo a la Sección de Investigación para que descubrieran el porqué de ese ataque.

Pero una pregunta rondaba en su mente: un tal “Él” o X como le llamaban los chicos, mandó capturar a los Shikatsus elementales. ¿Cómo descubrieron quienes eran y donde estaban?

Sus alumnos le habían contado que los gemelos les querían llevar ante “Él” y para conseguir que esos gemelos entraran en su bando mataron a sus padres… ¿Cómo sabían que tenían poderes? Incluso ella misma pensaba que eran Eitaika aunque después de los sucedido lo más probable es que tuvieran la Visión y ni siquiera ellos lo sabían pero sobre todo, ¿por qué esos chicos?, ¿cómo sabían que eran amigos de los elementales?

Megumi le daba vueltas pero no sacaba nada en claro, algo se le escapaba y no sabía qué. Intuía que esas tres preguntas estaban relacionadas de alguna forma. Pero el eslabón perdido se había escondido muy bien.

Todas estas cuestiones divagaban por la cabeza de la profesora, maga y entrenadora, cuando de pronto empezó a llover. Si no corría se empaparía y no parecía que fuera a ser una lluvia floja. El cielo estaba cada vez más negro y amenazaba con haber tormenta.

Su bloque estaba aun algo lejos, frente a la parte trasera de la casa de Rora. Pero todavía le quedaba cruzar varios pasos de cebra y callejear un poco. Se acercó aceleradamente a una calle que daba esquina y… plaf chocó con alguien que corría en dirección contraria.

Megumi – vaya, lo siento – pero la persona con quien había chocado dio un traspié y siguió corriendo sin mirar atrás – maleducado – murmuró para sí.

Se levantó y mientras se sacudía los pantalones siguió con la mirada a la persona que se alejaba apresurada. Era un chico. Vestía varios tonos de azul y tenía las ropas algo quemadas. <<Que monocromático, por dios>> pensó y justo pasó por su lado otro chico un poco más pequeño con una gorra roja que parecía seguirle. De su mano iba una niña pequeña con el pelo muy largo, de un color claro. Le pareció ver que la niña estaba llorando pero como estaba lloviendo no supo decir si su suposición era acertada. <<Se van a calar. ¿Adónde irán?>> pensó antes de que los perdiera de vista.

 

-Fin del capítulo-

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