Capítulo 27

Monocromo – ¡¿DÓNDE NARICES VAIS?!

El chico monocromático echó a correr en la misma dirección que ellos. Cruzó varias calles, estaba a punto de perderles de vista, cuando llegó a un callejón sin salida.

Las casas habían pasado a ser edificios de unos tres pisos y se alzaban bastante por lo que aquel sitio estaba poco iluminado además de sucio. Las paredes de alrededor estaban cubiertas con enredaderas secas entrelazadas que no permitían ver el color real de las paredes y se elevaban hasta los tejados de las casas. Los cubos de basura estaban a rebosar e impregnaban el lugar de un desagradable olor a podrido.

Monocromo se detuvo en seco al ver que al fondo se encontraban sus víctimas uniformadas (salvo Rozo); una de ellas, levantaba las manos hacia él, con una sonrisa divertida.

Hana – te tengo.

Acto seguido las enredaderas se desprendieron de las paredes perezosamente buscándose unas a otras para unirse. Poco a poco se fueron moviendo más rápido y cerrando la única salida que había. Se extendieron por todas partes creando una cúpula vegetal encerrando a los cuatro chicos. Monocromo, asustado miraba como se entrelazaban las plantas encima suya, sin saber qué hacer y desesperado empezó a golpear las paredes verde pálido que ahora le impedían huir. El crecimiento de las enredaderas se detuvo y con ello el siniestro sonido que hacían, dejándoles en una penumbra que Sejo rápidamente solucionó.

El espacio era algo reducido y ahora parecía que Monocromo estaba perdido. Este se dio la vuelta hacia los chicos con una expresión inescrutable. Sus ojos, de un azul apagado, relampaguearon al fuego de Sejo. Y, sin decir ni una sola palabra, ni cambiar la expresión, se lanzó contra un despistado Rozo que ya cantaba vitoria. Aprovechando la desventaja del chico rubio, Monocromo le propinó un puñetazo que lo dejó sin sentido al instante. Rápido como un rayo se giró, Sejo y Hana ya se lanzaban a por él y no dudó ni un instante en sus siguientes pasos:

Se transformó en una nube de vapor en el último minuto y se deslizó a gran velocidad por el pequeño terreno para sorprender a los dos chicos por la espalda. Sejo recibió una patada que lo tiró al suelo y Hana fue lanzada contra la pared. Volvió a convertirse en nube y se posó sobre la cara de Sejo que empezó a agitarse como si se estuviera asfixiando. El vapor de agua se metía por sus vías respiratorias impidiendo que respirara oxigeno puro.

Sejo agitaba sus manos que parecían lava en estado puro intentando librarse de ese sufrimiento pero lo único que hacía era alimentar el vapor más todavía, causándole mayor desasosiego.

Hana sacudió la cabeza algo mareada y reaccionó cuando vio lo que estaba sucediendo.

Hana – ¡SEJO! – acudió corriendo en su ayuda pero una vez allí no sabía qué hacer.

Sejo – HA…NAA – casi no podía hablar, respiraba con mucha dificultad. Cada vez que inspiraba buscando aire limpio lo único que encontraba era vapor y lo asfixiaba más y más…

Hana – ¡para por favor! – dijo intentando espantar el vapor de la cabeza de Sejo, en vano. << No puede estar pasando esto>> pensó. Sejo se asfixiaba, Rozo estaba inconsciente, o eso quería creer y ella no sabía qué hacer. La desesperación iba en aumento. No era capaz de pensar con claridad y dijo lo que sabía que querría oír –: me rindo Monocromo, pero por favor déjale en paz.

Monocromo se materializó en su cuerpo y Sejo dio una bocanada de aire respirando, por fin, aire puro.

Monocromo – ¿de veras? ¿Y piensas que solo con tu palabra debo fiarme? – Se fue acercando a ella despacio.

Hana – déjalo en paz – dijo cansada.

Monocromo – pero hay un problema. Os necesito a los dos… en realidad a los cuatro, no puedo fiarme de ti. Serías incapaz de entregar a tus amigos. ¿O me equivoco?

Hana – no te equivocas, solo necesitaba distraerte imbécil – por detrás Sejo, ya recuperado, le dio un puñetazo ardiente en la espalda que lo hizo retroceder. A este le siguió otro y otro y Monocromo los fue esquivando como podía…hasta que chocó contra la pared vegetal. Sejo se acercó sonriente creando una gran bola de fuego y la iba a lanzar contra Monocromo cuando Hana gritó:

Hana – ¡Sejo no! ¡Quemarás las plantas!

Pero era tarde. Monocromo supo esquivar el golpe y la pared se prendió creando un gran boquete.

Sejo – MIERDA, ¡QUE NO ESCAPE! – se situó delante del agujero para impedir que saliera.

Monocromo echó a correr hasta que cogió por sorpresa a Hana y la tiró al suelo. La inmovilizó y la mano que le quedaba libre la volvió vapor poniéndola en su nariz y boca repitiendo el ataque a Sejo. De pronto respiró con dificultad, y se sacudió intentando librarse de él.

Sejo – ¡¡¡DEJA A HANA!!!

Monocromo – ni de coña BUAJAJAJA – Sejo se aproximó a él furioso, tanto que sin darse cuenta empezaron a salirle llamas de varias partes del cuerpo. Lo bueno del uniforme que les dio Megumi era que eran resistentes al propio elemento. – Yo que tu no me acercaría más a ella porque aumentaré las partículas de vapor de mi mano y entonces ya no habrá ni una gota de oxigeno que pueda aspirar – Sejo se detuvo en seco – veo que no quieres que la pase nada ¿eh?

Sejo – suéltala – exigió.

Sus ojos se volvieron naranja fuego con destellos de luz que brillaban de ira.

Monocromo – esta forma es la más sencilla para llegar a un acuerdo ¿no crees? Ríndete Sejo o la mato delante de ti.

Sejo – no lo harás, la necesitas viva.

Monocromo – bien visto, eres listo, si. Pero puedo hacérselo pasar tan mal que desearía estar muerta BUAJAJAJAJAJA.

Sejo – he dicho que la sueltes. – el fuego de sus puños se intensificó.

Monocromo – ¿eres consciente de la situación? Si me tocas, adiós Hana. Intuyo que no tienes ganas de despedirte así sin más ¿no, Sejo?

Sejo – ¿qué narices…? – su enfado iba en aumento.

Monocromo – no, no, Sejo – rió – no te alteres así o ya sabes las consecuencias – Hana empezó a retorcerse. Le dolían los pulmones del esfuerzo. – no aguantará mucho más, esta en tu mano decidir. ¿Te vienes o te quedas?

Sejo miró a Hana, pero rápidamente apartó la vista, le hacía daño verla así y le impedía pensar con claridad.

Todo dependía de él en ese momento…

Monocromo – la vida se acabaaaa – canturreó divertido. Él sabía que se la estaba jugando al intentar matar a la chica, más que nada porque las ordenes decían << vivos>> pero también sabía que esa era la única forma de conseguir algo porque ellos eran infinitamente más fuertes que él, aunque no lo supieran ni pudieran demostrarlo debido a la poca experiencia. – tic tac tic tac tiiiiiiiiiiiiiiiiiiic taaaaaaaaaaaaaaaaaaaaac… – presionó.

Sejo – ¡VALE! De acuerdo, tú ganas.

Apagó todo el fuego que le recubría para después echar una mirada triste hacia Hana, la cual le miraba preocupada. Solo pudo murmurar un <<Lo siento>>. Sabía que ella no quería rendirse, al menos no de esa forma.

Pero Monocromo había jugado sucio.

 

-Fin del capítulo-

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