Capítulo 26

Los gemelos, Rora y Shira seguían su camino dejando atrás sin darse cuenta, al grupo de Hana, Rozo y Sejo que habían tenido un reencuentro no muy agradable…

Monocromo – bueno, bueno, bueno ¿qué tal os va la vida? ¿Os ha dado muchas sorpresas estos meses? – Dijo con un sarcasmo notable lo que hizo que Rozo, Hana y Sejo le fulminaran con la mirada – por vuestras caras me da que si… ¿tiene algo que ver con unos gemelos que se vagaron por nuestras vidas hace un tiempo?

Hana – os lo pasasteis muy bien me imagino. – escupió con odio.

Monocromo – veo que di en el blanco – afirmó sonriente – la pena es que no todos salisteis igual de perjudicados, vaya. – Los tres chicos le observan alerta sin saber muy bien que hacer ya que estaban en la calle y no querían arriesgarse – la cosa es que hubierais salido todos igual de mal parados…pero es lo que hay. No cumplieron su misión y alguien tiene que acabarlo – se encogió de hombros.

Sejo – y como tu fallaste la primera vez se buscaron a otros ¿no? – se burló con una amplia sonrisa.

Hana – ¿qué le has hecho a la gente? – pregunta de pronto al ver las calle desiertas.

Monocromo – yo nada…solo evitar que los no magos, Eitaika, inútiles sabandijas o como los quieras llamar pasen por aquí, con un conjuro.

Sejo – parece que con humanos delante no haces nada ¿eh?

Monocromo miró fijamente a Rozo que dio instintivamente un paso hacia atrás.

Monocromo –  sé que esta puesto al día de todo. Pero no puede hacer nada y ese pequeño detalle hace que sea irrelevante aplicarle el hechizo, además es el más débil – se aproximó con paso lento hacia él y Hana se interpuso veloz.

Hana – ni se te ocurra tocarle.

Monocromo sonrió y avanzó hasta colocarse muy cerca de ella, tanto que Hana sintió un escalofrío.

Monocromo – Hana, Hanita… llegaste a esta ciudad hace unos dos cursos. Repetidora por temas de mudanza, te llevas especialmente bien con Rora y Shira, de vez en cuando te gusta pasar el rato con Sugaru, un amigo de la infancia, de otro curso de aspecto infantil y Sejo…

Hana – ¡¿Como sabes tú todo eso?! – le gritó enfadada.

Monocromo – Soy un tipo de mago conocido como Rastreador, sabemos lo suficiente de todos vosotros. Más de lo que pensáis – posó sus ojos azules en los claros ojos de Hana sonriendo malvadamente.

Sejo – no te acerques a ella. – lo apartó de un empujón.

Monocromo – Sejo… – rió mientras parecía analizarlo – enemigo a muerte de Ryuk.

Sejo – ¿ellos mataron a los padres de los gemelos verdad?

Monocromo – ¿Ryuk y su grupito? si. Ellos se llevan al final todo el mérito, pero esta vez no les salió del todo bien con esos dos gemelos – dijo con amargura en sus palabras. – bueno, al grano. No hay tiempo que perder.

Tanto Hana como Sejo se prepararon para su pelea, cambiándose a los uniformes que les dio Megumi hacía ya un tiempo que, por suerte, estaban intactos y sin rasguños de la última pelea. Ventajas de la magia.

El primero en atacar fue Sejo con una llamarada en su mano. Intentó propinarle un buen puñetazo pero lo único que consiguió fue atravesarle. Hana por su parte intentó atraparle con unas plantas que se arrastraron desde un jardín vecino pero también fue en vano. Uno tras otro, los ataques que hacían ambos no surtían efecto. Rozo intentando ayudar un poco miró hacia los alrededores y lo que vio le dejo en el sitio, pálido: una chica de larga cabellera roja recogida en dos coletas bajas iba caminando tranquilamente hacia ellos con los cascos puestos. Rozo soltó una exclamación ahogada y después miró a Monocromo:

Rozo – MONOCROMO – Gritó – tu plan ha salido mal.

Monocromo – ¿qué? Tú estás loco, todo está perfecto… – fue cuando se dio cuenta de la chica que se aproximaba. Rápidamente soltó un gruñido de frustración y desapareció en su nube de vapor dejando a los tres chicos en la calle como si nada hubiese pasado.

Hana y Sejo se sentaron disimuladamente en la acera desierta, de nuevo con sus ropas de instituto y Rozo se colocó de cuclillas a su lado comprobando que no hubiese nada que los delatase.

La chica gracias a la cual se habían salvado, pasó delante de ellos con una expresión indescifrable.

Los cuatro se miraron.

Las miradas de cansancio y preocupación contrastaban con la mirada roja y misteriosa de la chica que parecía poder matarlos en cualquier momento. No podía haberlos descubierto, no podía…. ¿o sí? ¿Cómo había conseguido contrarrestar el conjuro de Monocromo? ¿Acaso era una Shikatsu? ¿o quizá formaba parte de una actuación del chico monocromático?

Aquella mirada inspiraba demasiado odio para sostenerla y poder mirar más allá para saber si era maga o humana. Pero la chica no paró, no dijo nada, simplemente pasó de largo.

Todos se levantaron con un suspiro de alivio cuando de pronto una silueta se situó detrás de Rozo. Su cuello fue rodeado por el brazo de Monocromo nada más materializarse.

Sejo – ¡¡¡Rozo!!!

Rozo – ¡¡agg!! – intentó librarse del brazo del chico, que había reaparecido, sin éxito, y fue cayendo de rodillas.

Monocromo – cambiaron las tornas: ya sabéis de qué va esto: un rehén; uno con unos intereses y bla bla. – Sejo y Hana se quedan parados por la sorpresa.

Rozo – da… igual… ¡¡atacad!! – les apuró con esfuerzo. Seguía forcejeando por librarse del brazo del chico monocromático pero tenía más fuerza de la que aparentaba. Aun así, sus amigos seguían inmóviles. Sabían que si daban un paso en falso, Rozo lo podría pagar muy caro y no podía defenderse.

Hana – Huyes a la primera de cambio…eres un cobarde.

Monocromo – estoy delante de vosotros. No me estoy escondiendo. ¿Eso es ser cobarde? – se defendió.

Hana – sabes a lo que me refiero.

Sejo – porque no le sueltas y atacas, ¿tienes miedo de algo? – la mirada de Monocromo se ensombreció. – ah ¿es eso entonces? – se burló.

Monocromo – para ti hay otros planes. No puedo tocarte, ya hay otra persona que está deseando poner sus manos en ti y acabar con lo que empezó…

Sejo – Ryuk – dijo sin dudarlo ni un segundo. No podía ser otra persona.

Monocromo – muy listo – se percata de la ausencia de los demás chicos del grupo – ¿dónde están vuestros amiguitos? Tengo ganas de verles, que desde noviembre ha pasado tiempo…

Hana – lejos de ti – contestó antes de poner las palmas en el suelo haciendo que unas ramas quebraran el cemento y de debajo se enrollaran firmemente en los pies y manos al chico monocromático. Esto hizo que Rozo fuese liberado.

Monocromo – m-mierda – forcejeó para librarse de las ramas pero con cada movimiento estas se apretaban más a su piel.

Rozo – vaya gracias. – Tosió a la vez que se llevaba la mano al enrojecido cuello.

Sejo – voy yo – juntó las dos manos y creó una bola de fuego que lanzó hacia el chico atado, pero este consiguió convertirse en una nube de vapor antes de que le alcanzara dejando que las ramas cayesen al suelo flácidas – vaya.

Monocromo – nunca podrás hacerme nada. – se materializó unos pasos a la derecha de donde estaba antes.

Sejo – podré vaporizarte hasta que te quedes seco – llenó sus puños de llamas y de un salto intentó darle en la cara, pero este se volvió a vaporizar y Sejo chocó contra el muro de una casa. – ¡AAU!

Monocromo – jajajaja que pena. No estáis muy entrenados. Por lo que se ve os lo tomáis con calma…eso es bueno.

Hana – pero tú no puedes atacarnos con magia – afirmó a la vez que lo miraba sonriente como si hubiera descubierto su punto débil. Monocromo hizo una mueca de rabia. Efectivamente parecía haber dado en el clavo.

De pronto a Hana se le ocurrió un plan, no parecía tan mala idea después de todo, pero debía darse prisa. Echó una mirada a Sejo. Él se percató de que era más que una mirada, ella intentaba decirle algo y justo en ese momento Hana salió corriendo. Sejo lo comprendió y la siguió, al igual que Rozo mientras Monocromo tardaba en reaccionar.

 

-Fin del capítulo-

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