Capítulo 25

Habían pasado tres semanas desde la pelea con los gemelos, y dos desde que habían empezado las clases.

Hoy lunes, no era distinto.

La profesora ya estaba dando su clase y todos los asientos estaban ocupados excepto uno. Dicho asiento vacío estaba en la cuarta fila al lado de la ventana. La chica de delante tenía dos coletitas y la de detrás de la mesa vacía, llevaba el pelo suelto, sujetándose algunos mechones con varias horquillas en un lateral. Al lado del asiento libre, se encontraba un chico de pelo largo blanco que no paraba de tomar apuntes.

Una larga media hora había pasado desde que las clases dieron comienzo, cuando sonó la puerta. La profesora se acercó a ver quién era y al abrirla, se encontró con una chica de pelo castaño con unas mechas naranjas en el flequillo y las puntas desafiando la gravedad. La profesora salió de la clase y cerró la puerta detrás de ella.

Chica de las coletas – puede ser…

Chica del pelo castaño – no puede ser, Shira. Rora estaba en el hospital ayer y no se mantenía en pie.

Shira – ya lo sé Hana, pero… ¿tú qué opinas Shiro? – preguntó al peliblanco.

El chico iba a contestar cuando la profesora volvió a entrar y dijo:

– bueno chicos, hoy ha venido alguien que hace tiempo que no veíamos por aquí. Nos alegra que hayas vuelto.

La chica de la puerta entró en la clase. El pelo le llegaba por los hombros, castaño con unas mechas naranjas en el flequillo. Vestía el uniforme de la escuela, pero el chaleco lo llevaba abierto y tenía una venda que la cubría el brazo derecho desde el hombro hasta el codo y otra que la cubría el muslo izquierdo. Pero en su cara se encontraba una alegre sonrisa que le daba un aire infantil.

Shira – ¡KUUKI-CHAN!

Sejo – ¿pero qué coño haces tú aquí pánfila?

Profesora – cuida tu vocabulario Sejo.

Rora – pues venir al instituto, como hacen toda la gente de mi edad. – dijo conteniendo una risita y ganándose una mirada asesina por parte de Sejo.

Kuroi – pero… ayer…

Rora – ayer es ayer, hoy es hoy y punto.

Chico de la primera fila – ¿qué te pasó para que faltases tanto tiempo a clase?

Rora – pff… me caí por las escaleras de mi casa, y me clavé los cristales de un espejo que había al final.

Rozo – Eso no fue lo que me contasteis…

Sejo – idiota tu sabes lo que pasó de verdad – le contestó en bajito.

Profesora – Bueno Rora, vuelve a tu sitio que la clase tiene que continuar.

La media hora que quedaba se les hizo eterna a los amigos de la chica que acababa de reincorporarse a la clase, sólo querían preguntarla qué tal estaba. Cuando finalmente terminó la hora, los seis amigos de la chica le levantaron corriendo y se echaron encima de Rora atosigándola con un montón de preguntas las cuales no tenían una respuesta por la rapidez y cantidad de preguntas.

Shiroi – ¿estás mejor?

Hana – ¿cuándo te han dado el alta?

Rozo – ¿cuándo has conseguido levantarte?

Sejo – ¿te has caído alguna vez? No me digas que me he perdido la hostia que te has metido – ante este último comentario recibió una colleja por parte de Hana.

Kuroi – ¿te han mandado rehabilitación?

Shira – ¿POR QUÉ EL NARANJAAAA?

Sejo – ¿cómo que naranja, Shira? No digas cosas extrañas.

Shira – pero mira su pelo, ahora tiene mechas naranjas. – Todos se fijaron en el pelo de Rora, dándose cuenta de que este ahora tenía una mechas naranjas.

Hana – ostras Rora, te quedan muy bien.

Rora – gracias.

Shira – pero ¿por qué naranjas?

Rora – cómo la cantante del nuevo grupo que te enseñe.

Shira – cierto. ¡Choca! – alzó la palma en alto y su amiga se la chocó.

Las clases continuaron pasando tranquilamente hasta que llegó la hora de irse a casa a comer. Todos se despidieron y se separaron en dos grupos uno compuesto por Hana, Rozo y Sejo y el otro por los cuatro chicos restantes.

En el grupo de Hana, Sejo y Rozo los tres iban comentando tranquilamente sobre lo contentos que estaban de que su amiga se hubiese reincorporado.

Hana – que bueno que Rora haya vuelto.

Rozo – Si, una de las principales causas de sufrimiento ha regresado. – la respondió irónicamente.

Hana – pero ya se la echaba de menos.

Sejo – bueno, al menos ya no tendremos que volver ha acercarnos al hospital. – intervino restándole importancia al asunto. – estaba más lejos de lo que me gustaría.

Hana – qué poco sensibles que sois.

Los tres chicos doblaron la esquina hacia la derecha, pero para su sorpresa nada más girar se toparon con un chico de cabellos y ojos azules, vestido completamente de azul.

Al mismo tiempo, en el otro grupo, los cuatro chicos restantes iban hablando animadamente.

Rora – Bueno chicos. Shira me comentó estos días que os habéis mudado. ¿Dónde vivís ahora?

Shiroi – Pues en los apartamentos de Megumi para magos, con ella y Kai.

Kuroi – sip – asintió – son muy cómodos y además la sala de entrenamiento está al lado y hay consola.

Shira – creí que ese alien había vuelto con sus padres. – murmuró refiriéndose a Kai.

Shiroi – sí, pero fue solo temporalmente – se encogió de hombros y luego añadió – hoy hay pollo asado con patatas fritas de cena. – terminó como si fuese lo mejor del mundo. Rora paró su marcha para mirarlos seriamente. – ¿pasa algo Rora? – La chica les seguía mirando sin contestar aun.

Kuro – ¿Rora?

Shira – ¿Qué pasa?

Rora – neeee Shira ¿es cierto? – le preguntó a la chica ignorando al resto.

Shira – sip – dijo sonriente.

Rora – ¿de verdad, de verdad, de verdad? – empezó dando saltitos pero paró con algo parecido a una mueca de dolor mal ocultada.

Shira – si – la respondió algo extrañada por la actitud de su amiga.

Rora – ¿entonces puedo cenar con vosotros? – preguntó entusiasmada. – yo no quiero sopa de cenaaaa.

Shiroi – ¿pero qué…?

Kuroi – ¿…está diciendo? – terminó automáticamente.

Shira – es cierto, ella vive enfrente.

Los gemelos se miraron asustados.

Rora – Si, pero aun así me sorprende que ahora seamos vecinos tan cercanos. Bueno, para mi mejor así puedo joderos más tiempo. Será divertido. – terminó con una gran sonrisa en la boca.

Shira rió pero los gemelos no dejaron de mirarse con terror sabiendo la que les esperaba.

Los cuatro chicos continuaron su camino hacia sus casas totalmente ajenos a lo que le sucedía a sus amigos.

 

-Fin del capítulo-

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