Capítulo 23

Shira estaba estupefacta. No daba crédito a lo que veía.

Shira – ¡RORA! – intentó levantarse presa del pánico para ayudar a su amiga, pero Kai la sujetó con fuerza para evitar que se moviese.

Shiroi sonrió y corrió hacia la chica que estaba apoyada sobre la espada blanca que clavada en el suelo la servía de apoyo. La chica le miró. Vio como el chico se acercaba a ella con la espada apuntando directamente a su corazón. Pero el dolor de la herida anterior no la dejaba pensar en nada más. Vio como Shiroi cada vez estaba más cerca. Oía a Shira gritar. Oía como Sejo y Kuroi intentaban acercarse para ayudarla…

Pero entonces el peliblanco se detuvo abruptamente quedando la punta de su espada a escasos centímetros de su piel. Oyó los gritos de asombro y suspiros aliviados al ver que Shiroi se había detenido. Finalmente vio como Shiroi bajaba la cabeza, con un gesto arrepentido.

Shiroi – ¿que estoy haciendo? – Dijo confuso sin levantar la mirada – yo… – soltó la espada que al caer al suelo se apagó. – lo siento. – dijo para darla un tembloroso abrazo.

Shira – menos mal – dijo soltando todo el aire que no pudo evitar contener.

Rora – no juegues conmigo, imbécil – dijo seria, sin apenas moverse por la reacción del chico. Pero no dejó que Shiroi respondiese.

Shiroi que se estaba apartando despacio con la mirada confundida, no pudo esquivar el rodillazo que la chica le dio en el estómago.

Rora – deberías saber que no soy idiota. Pelea limpio.

Shiroi aun con la mano en el estómago levantó la cabeza para mirar a la chica. No esperaba que su plan no funcionase. Normalmente los planes simples daban resultado pero la chica vio sus acciones. Así que decidió que era hora de acabar con ese gasto de energía y magia inútil. Esa chica era buena. Había conseguido desgastarle mucho, sumándole además los cortes de los brazos y alguno que otro causado cuando ambos pelearon espada contra espada.

Rora vio como Shiroi se alejaba y juntaba las manos delante suya, al separarlas una pequeña esfera de luz se arremolinaba. Ese ataque era muy potente. Podía sentirlo. Debía reunir un poder mágico equivalente o superior antes de que el chico lo lanzase en su dirección.

Kuroi – ¡Rora sal de ahí! – Oyó como el chico exclamaba – ¡es un ataque muy fuerte! ¡Te matará! – dijo intentando avanzar para poder interponerse entre el ataque y Rora, pero las palabras de Rora lo detuvieron en seco:

Rora – Ni se te ocurra moverte del sitio Kuroi o conocerás lo que es convivir conmigo cabreada. – Dijo mientras ella abría las manos al igual que Shiroi conteniendo entre ellas una esfera en la que se podía apreciar como algo se movía en todas direcciones.

Los dos lanzaron el ataque.

Cuando ambas esferas colisionaron el polvo que cubría todo el suelo se levantó en todas direcciones junto con un fogonazo de luz que les impedía ver los alrededores.

Se oía como volvían a colisionar las espadas, aunque la katana de Rora todavía se había quedado delante de ellos. Cuando consiguieron apreciar algo pudieron ver como dos sombras peleaban. Una asestando ataques fuertes, la otra los esquivaba sin poner los pies en el suelo. Siguieron así hasta que escucharon un susurro traído por el viento. Decía “lo siento”.

Era la voz de Rora.

Justo después una corriente de aire disipó el polvo que aún quedaba. En el lugar donde debían estar los dos oponentes estaba totalmente vacío.

Kai – ¿PERO DONDE ESTÁN?

Hana – quien sabe…

Kuroi – Mierda Shiroi… – dijo llevándose las manos a la cabeza intentando no pensar en las consecuencias que traería esa pelea.

Él y Shira eran los únicos que conocían lo suficiente a Rora como para poder asegurar que su amiga estaba destrozada.  Sólo ellos sabían que ese tono gélido de Rora era para evitar mostrar sus sentimientos.

Kuroi – tengo que ayudarla.

Kai – no decías eso hace un rato.

Sejo – de momento te quedarás ahí quieto. – dijo envolviendo sus puños en fuego con el poco poder que le quedaba. – ¿y a que has venido si se puede saber?

Kuroi – a arreglar lo que he causado.

Sejo – pues lo has hecho muy mal, puesto que la que está peleando es Rora y no tú.

Kuroi – Yo… Lo siento. No me creéis, pero de verdad que lo siento – miró al suelo enterrando la cara entre las manos.

Kai – eso no arregla nada.

Kuroi – lo sé. Me siento como una basura. Entiendo vuestra desconfianza, yo haría lo mismo.

Lo único que podía decir era que lo sentía un millón de veces aun sabiendo que eso no servía de nada. ¿Pero qué otra cosa podía hacer? Debería estar luchando él contra su hermano y no Rora, pero su estado era lamentable. Nunca pensó que iba a llegar a estar tan destrozado y menos que eso sería causa de la magia. Algo que nunca llegó a pensar que poseía.

Ya era tarde. El daño estaba hecho, se arrepentía mucho, ¿cómo era posible que le controlaran así? Era en lo único que podía pensar porque ni aun volviéndose loco, atacaría a sus amigos. Jamás. Y menos después de haber estado toda la vida sin saber lo que era tener gente en la que confiar pues de pequeños siempre se metían con él y su hermano y solo se tenían el uno al otro.

Kuroi – yo…

Shira – Para. Deja de lamentarte  y busca la manera de que regrese en sí. Es tu hermano – dijo con un tono seco.

Kuroi – Rora es una buena rival. Yo no sería capaz de aguantarle tanto en una pelea. – dijo preocupado por ambos.

Sejo – esperemos que ambos vuelvan vivos, y cuerdos. – terminó pensando en Shiroi.

Hana – sí, eso sería bueno.

La chica iba a decir algo más cuando todos miraron hacia el observatorio. Había habido otra explosión. Después un cuerpo fue lanzado hacia el bosque. No sabían cuál de los dos chicos era. Hasta que segundos después vieron con horror que delante de ellos había aparecido otra vez Shiroi preparado para atacarles. Pero el chico no fue capaz. La katana que ahora estaba en las manos de Kai se elevó en el aire sorprendiendo al chico.

Kai – ¿Qué haces Megumi?

Su hermana se giró para mirarle desconcertada. Sus ojos eran marrones, su tono normal. Si su hermana no estaba controlando la espada ¿quién era?

Por toda respuesta, a una velocidad sobrehumana y sin que nadie se diese cuenta, Rora volvía a estar delante de ellos, parando el ataque de Shiroi con su espada recubierta de aire. Después de un segundo volvieron a intercambiar golpes de espada. Ambos estaban cansados: Shiroi estaba agotado, su precisión había disminuido mucho, y sus ataques con la espada eran considerablemente más débiles. Lo suficiente como para que Rora los soportase; la chica, tenía el brazo izquierdo inerte y su pierna derecha sangraba. No parecía que la pudiese usar en condiciones. Por eso para pelear la chica usaba el viento.

Peleaba suspendida en el aire. Utilizaba giros para aumentar su potencia o poder para los ataques que la mellaban poco a poco. Ninguno de los dos aguantaría mucho más. La pregunta era: ¿quién caería primero?

La respuesta vino pocos segundos después, cuando Shiroi al atacar a la chica, ésta en vez de parar la estocada de la espada, la esquivó flotando rápidamente para situarse a un lado del chico. Shiroi cayó de rodillas al perder el equilibrio. Shiroi se estaba levantando lentamente usando su espada como apoyo cuando vio que el aire que le rodeaba era diferente.

Rora – no quería usar esto contigo pero tú lo has querido. – dijo bajando al suelo apoyando todo su peso en la pierna izquierda.

Shiroi – no conseguirás nada, solo tu propia caída contra el suelo. – dijo serio viendo como el pelo de la chica se movía sin control.

Rora – entonces, no caeré sola. – dijo clavando su mirada en la del chico.

Una voz de un recuerdo retumbó en la mente del chico. Volvió a caer al suelo de rodillas. Y algo se quebró.

Shiroi – ¿qué?… Yo… ¡SAL DE MI MENTEEEE! – gritó agachando la cabeza. El peliblanco siguió murmurando varias cosas que no se entendían.

Rora no dudó ni un solo momento cuando se acercó al chico cojeando.

Hana – ¿qué haces? ¡es peligroso! – gritó desde la lejanía.

Pero Rora no la escuchaba. La chica siguió caminando hasta que estuvo delante del chico y se agachó mostrando una mueca de dolor hasta que quedó a la altura del chico. Ignorando las advertencias de sus amigos cogió la cabeza del chico entre las manos y con una voz suave y tranquila le habló:

Rora – No estás solo. Nos tienes a todos nosotros, me tienes a mí contigo, ahora y siempre, recuérdalo – dijo para después pasar los brazos por los hombros del chico en un abrazo. La chica notó como el chico temblaba.

Había empezado a llorar.

Shiroi no pudo evitar las lágrimas. Todo en su interior sufrió una sacudida. Miles de recuerdos le bombardeaban la mente. Aparecían y desaparecían, se movían de un lado a otro. La cabeza le dolía. Algo en su mente estaba despertando y no sabía muy bien el qué. Todo lo que había pasado lo empezó a ver de una nueva perspectiva y no le gustó nada.

El chico levantó la cabeza para ver a Rora que lo miraba seriamente con unos ojos morados que mostraban tristeza e ira. El chico no puedo evitar sentirse decepcionado consigo mismo. Y por eso se sorprendió al ver que la chica sonreía mientras que sus ojos volvían a ser marrones. Al final, “no había caído sola”, ambos estaban en el suelo, en un estado deplorable.

La mirada marrón de la chica, que ahora mostraba felicidad y cansancio, no se apartaba de la azul del chico, que transmitía tristeza, decepción y arrepentimiento. Eran los ojos que Rora conocía. Los ojos de su amigo. Vio como el chico volvía a bajar la mirada murmurando algo que ni siquiera ella pudo oír. Y sin poder contenerse, la chica volvió a abrazar a Shiroi.

Shiroi – Sé que no tengo perdón ni excusa y que no me la merezco, pero lo siento. – le susurró a la chica con desesperación.

Sintió como Rora temblaba. Estaba llorando. Sintió como la chica apretaba el abrazo. Después se desplomó. El cansancio había podido con ella. Shiroi alzó la mirada para mirar al resto sin cambiar de posición.

Shiroi – lo siento – dijo con una mezcla de arrepentimiento y vergüenza. – Es nuestra culpa. Por nuestra debilidad os hemos causado demasiados problemas y sufrimiento. – dijo con voz cansada.

Kai – PUES SI, YA ERA HORA DE QUE OS DIESEIS CUENTA, MENOS MAL QUE TU TE ACUERDAS DE TODO. – gritó exasperado.

Megumi – Kai, déjalo. Se merecen un descanso, todos. Y más ahora que todo ha pasado– dijo incorporándose con una mueca de dolor por la quemadura de su pierna. Ella también estaba afectada por aquella extraña batalla. Sus propios alumnos le habían dado una paliza. Nunca pensó que eso sucedería y sintió un escalofrío ¿Así entrenaban a sus siervos las fuerzas oscuras? Miró a todos y luego añadió – además hay que ir a un hospital – dijo viendo como Shiroi cogía a duras penas a Rora. Esos dos tenían potencial. – pero no digáis nada de vuestros poderes. Todo ha sido por una explosión que ha habido en el observatorio. Me encargaré de que no se nos relacione – terminó diciendo.

Y mientras, el cielo se llenaba de fuegos artificiales que daban la bienvenida al nuevo año, los Shikatsus emprendían el camino al hospital más cercano a duras penas. Shiroi llevaba como podía a Rora. Kuroi andaba apoyado en Hana y Sejo. Shira iba quejándose en la espalda de Kai y Megumi miraba a sus alumnos preocupada.

Nada volvería a ser cómo antes entre ellos. Para bien o para mal.

 

-Fin del capítulo-

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