Capítulo 22

Hana, al igual que el resto había visto la explosión que provenía de los bosques por la zona del observatorio. Así que decidió dirigirse hacia ese lugar. De todas maneras, donde estaba no serviría de nada. Como pudo empezó a correr en dirección al observatorio. Pero se sorprendió bastante al encontrarse a Sejo ayudando a que Megumi se levantase. Su profesora tenía una quemadura bastante fea en la parte exterior del muslo que tenía pinta de doler bastante. Hana se acercó a ellos y ayudó al chico a levantar a su profesora.

Megumi – Shiroi, él… – intentaba explicar a Hana.

Hana – ¿y Rora? – preguntó buscándola por todos lados.

Sejo – sigue peleando con Shiroi.

Cuando se estabilizaron y pudieron moverse a un ritmo medianamente rápido siguieron el camino por el que habían visto la explosión.

Hana – esa explosión…

Megumi – no ha sido una explosión – al ver que los dos chicos se giraban a mirarla sin parar de andar continuó – ha sido viento. Una gran pared de viento, como si fuese un torbellino cuyas paredes se expanden en todas direcciones.

Ambos chicos asintieron, al menos sabían que Rora seguía peleando. Se habían introducido en el bosque. No sabían hacia donde ir exactamente pero sabían que más o menos iban en buena dirección. Pero estuvieron completamente seguros de hacia dónde ir cuando otra explosión tuvo lugar. Esta explosión era diferente. Fue como si un montón de aire concentrado hubiese explotado con un gran fogonazo de luz. Los tres magos se dirigieron lo más rápido que podían en esa dirección. Cuando llegaron solo podían ver como Rora estaba clavada contra una piedra por una espada de luz que le atravesaba la manga derecha del uniforme contra una gran roca que estaba a su espalda evitando que se cayese por el gran precipicio que se abría detrás. Shiroi se acercaba lentamente a la chica. Cuando estaba a unos pasos de Rora creó otra especie de espada de luz y la alzaba para cortar a la chica cuando una roca le dio en la mano evitando que la espada tocase la piel de Rora.

Shiroi – ¿pero qué? – dijo mientras se giraba en dirección a los recién llegados para ver los ojos de Megumi de un color lavanda con destellos verdes.

Sejo se puso enfrente de Shiroi para evitar que volviese a atacar a Rora. Mientras Megumi y Hana se acercaron a Rora para comprobar si estaba bien. Al parecer se las había apañado para esquivar al chico lo suficiente como para que sólo tuviese algunas quemaduras en su cuerpo, pero nada grave.

Sejo le lanzó un par de bolas de fuego. El poder se le estaba agotando y no debía excederse y además, con la quemadura que le había causado Shiroi no tenía mucha movilidad. Pero tenía que conseguir que el chico se centrara en él para que el rayo que sostenía a Rora se deshiciese. No fue hasta que le lanzó una cuarta bola de fuego que en un intento del pelilargo de no perder el agarre sobre Rora, Sejo pudo hacer que una bola le diese en la parte derecha del abdomen liberando a la chica.

Sejo – ¿¿QUÉ CREES QUE ESTÁS HACIENDO SHIROI??

Shiroi – creo que es bastante obvio. Si se opone resistencia…

Sejo – pero… ¿y Rora?

Shiroi – ¿Qué pasa con ella? – preguntó con una mezcla de indiferencia y frialdad en el rostro. – si se pone en medio, pasaré por encima.

Sejo estaba estupefacto ante la actitud de Shiroi. Era cierto que el peliblanco era el más serio, pero nunca había sido frío. Era como si fuese otra persona diferente en el cuerpo del pelilargo. Estaba tan sorprendido que no le dio tiempo a salir de su estupor a tiempo para evitar el ataque que había lanzado Shiroi y salió despegado contra un árbol en dirección contraria al precipicio. Sejo se levantó usando como apoyo el árbol e intentó lanzar otra bola de fuego para evitar que se dirigiese hacia las chicas que estaban intentando hacer algo con la herida del muslo de Megumi mientras seguían las instrucciones de la mayor. Pero la bola se apagó a medio camino. No podía usar más magia. A no ser que quisiese morir.

Shiroi al ver la bola de fuego apagarse soltó una carcajada de triunfo y se giró hacia las chicas. Vio como Hana salía corriendo en la dirección de Sejo. Por su respiración cansada y sus manos llenas de tierra sabía que la chica no podía usar su magia por lo tanto la ignoró. Siguió caminado en la dirección de Rora y Megumi. Vio como los ojos de ambas brillaban en la oscuridad. Los de la primera de un morado eléctrico los de la segunda de un lavanda donde el verde tintineaba como si intentase predominar en la mirada.

Entonces Shiroi volvió a atacar. Lanzaba pequeños rayos de luz que eran parados al impactar con pequeñas piedras que se levantaban desde el suelo para ponerse en su trayectoria siguiendo las órdenes de Megumi. Cada vez la trayectoria de los rayos era más complicada. Giraban en todas direcciones pero antes de que llegasen a las chicas, alguna piedra era capaz de pararlo. Rora pudo ver como la cara de Shiroi, que hasta ahora mostraba un gesto de calma y superioridad, se estaba convirtiendo en una de enfado. En un momento dado, lanzó un rayo que después de una compleja trayectoria fue a parar en una roca que Megumi había levantado, pero la atravesó. Esto hizo que el chico soltase una exclamación de júbilo que se crispó cuando vio que Rora había saltado empujando a Megumi hacia un lado, esquivando el rayo y cayendo al suelo. Este impactó contra la gran roca en la que había estado Rora rompiéndola en varios pedazos dejando ver detrás de ella el precipicio por el que se podía apreciar toda la ciudad.

Rora ayudó a Megumi a levantarse, aunque entre Hana y ella habían curado un poco la quemadura siguiendo sus instrucciones aún se veía bastante mal. En ningún momento quitó su mirada de Shiroi. El chico le devolvía la mirada. Sus ojos antes azules ahora se mostraban grisáceos y con las pupilas irisadas. Parecía como si hubiese un velo en sus ojos que no le permitía ver las cosas tal y como eran.

Tras unos segundos el chico se lanzó contra ellas con varias bolas de luz a su alrededor preparadas para lanzarlas. Según se iba acercando las bolas se juntaron en una y se alargaron dando forma a una brillante espada que sujetaba con ambas manos junto a su costado derecho preparado para asestar un golpe.

Rora empuñó su propia espada, aunque no estaba segura de si iba a poder parar el ataque del chico. Cuando estaba a unos pocos pasos de la chica y las dos espadas iban a impactar apareció una tercera que detuvo el golpe. Una espada similar a la que estaba usando Shiroi pero negra. Desprendía un halo de sombras por el filo.

Kuroi estaba delante de Rora. Él había detenido el ataque. Le temblaban las piernas y los brazos del esfuerzo. Respiraba entrecortadamente y tenía la ropa destrozada y entre la tela deshilachada se podía ver algún corte en su piel. Las sombras que lamían el filo de su espada titubeaban yendo y viniendo temblando a la vez que lo hacían sus brazos.

Rora estaba segura de que si Shiroi volvía a atacar, su hermano no sería capaz de pararlo.

Shiroi – ¿pero qué haces Kuro?

Kuroi – ¿es que no lo ves? Tienes que ser más fuertes que ellos, no te dejes engañar. – dijo lo más alto que pudo.

Shiroi – ¿pero qué dices? ellos fueron los primeros en engañarnos. Ellos son los que fingían mientras estaban con nosotros.

Kuroi – era por nuestro propio bien, ¿no puedes ver lo que está pasando?

Shiroi – el que no ve lo que sucede eres tu Kuroi – dijo fríamente – Lo que si tengo claro hermanito es que si no estás conmigo estás contra mí. Así que quítate de en medio – dijo empujándolo con la espada haciendo que Kuroi perdiese el equilibrio y cayese de espaldas.

Al pelinegro no le quedaban fuerzas. Simplemente cerró los ojos y esperó el golpe contra el suelo, lo que no se esperaba es que alguien le cogiese antes evitando el golpe. Megumi le había cogido por los hombros evitando que el chico cayese al suelo. Estaba dejándolo despacio en el suelo para evitar más daños en el chico que estaba a punto de desmayarse por el cansancio. Por lo que cuando vio que Shiroi volvía a arremeter contra ellos supo que no podía evitar el golpe. Lo que no se esperó era que cuando el peliblanco estaba a medio camino, este saliese disparado hacia atrás como si lo hubiese cogido y una mano invisible.

Megumi terminó de dejar a Kuroi en el suelo, suspirando, a la vez que Rora pasaba a su lado derecho. Los ojos morados brillaban como no habían brillado en toda la noche mostrando ira. Ninguno de los dos la había visto así nunca.

Rora – ¿pero que mierdas crees que haces Shiroi? – dijo con una calma que hizo que a todos los que estaban viendo se les erizasen los pelos de la nuca. – ¿Ya no es importante para ti ni la familia?

Shiroi – Ese tono no va contigo Rora. Deja de comportarte como algo que no eres – decía mientras se levantaba. No lo admitiría pero se había llevado un buen golpe. – además sólo estás diciendo palabras vanas. Si mi hermano se ha vuelto un traidor, entonces será tratado como vosotros. – recorrió la mirada por todos los presentes. – como un traidor. Ahora sólo quedas tú lo suficientemente bien como para pelear. Y tienes que mejorar mucho a cómo has peleado antes para poder superarme.

Rora – ¿y a ti quien te ha dicho que estuviese peleando en serio? – dijo con una seguridad abrumadora en su voz y con una amplia sonrisa. – Has cometido un error sea quien sea que estés controlando a Shiro. No tengo problemas siempre y cuando el daño me lo lleve yo, pero a mis amigos, ni tocarlos. – terminó limpiándose los restos de las lágrimas que aún estaban en su cara. – No pienso llorar por alguien que controla y manipula a mis amigos. – terminó poniendo una cara seria similar a la que mostraba Shiroi al principio de la batalla.

Los ojos de la chica brillaban en la oscuridad de la noche mostrando concentración y determinación. Mostraba una mirada calculadora, fría y enfadada. Iba a pelear con todo lo que tenía.

Por otro lado, Hana ayudó a Megumi a llevar a Kuroi junto con Sejo. No les convenía estar cerca. Dejaron a Kuroi apoyado en un árbol cuando, al poco tiempo apareció entre unos cuantos árboles más a la derecha Kai. Traía a Shira en brazos que aún no se había despertado. Cuando divisó a los chicos se acercó a ellos dejando con cuidado a Shira en el suelo, apoyada en el mismo árbol que Kuroi. No sin antes comprobar que el chico no se podía mover.

Kuroi – Rora no está en posición de decir nada de eso, mi hermano es muy fuerte. No va a poder hacer nada.

Kai – ¿más que tú?

Kuroi – Supongo que sí. Supongo que es una de las ventajas de ser el mayor.

Kai – Entonces, por mucho que esa chica ponga esa mirada espeluznante no va a poder hacer nada.

Sejo – Por una vez, voy a abogar por ella. De los cuatro, por alguna extraña razón siempre ha sido la mejor. Cuando entrenábamos por nuestra cuenta, ella siempre nos ayudaba.

Kai – bueno, algo es algo. Por cierto, ¿qué poder tiene?

Sejo iba a responder cuando vieron que la pelea ya había empezado. Shiroi y Rora estaban intercambiando golpes con la espada. Pero Shiroi llevaba la ventaja. Al ser una espada rodeada de su elemento, por muy buena que fuese la de Rora, cada vez que cruzaban espadas, la chica retrocedía un poco. Cada vez más cerca del precipicio. Lo que no se esperaba nadie es que en uno de esos golpes, al retroceder los dos chicos para preparar el siguiente ataque, Rora pasase la katana de la mano derecha a la izquierda y recibiese el golpe con ella a la vez que realizaba un giro, del cual aprovechó su fuerza para hacer que el chico retrocediese un poco. Y antes de que pudiese responder alzó la mano derecha por encima del hombro y cerró el puño. Como si estuviese cogiendo algo. Después alzó el brazo extendiendo para después lanzarse hacia el chico con una espada en cada mano. En la izquierda la katana negra que había estado usando hasta ese momento, en la derecha, una espada blanca con la empuñadura como su fuesen dos alas blancas desplegadas. Esta vez, cuando cruzaron espadas, Rora no reculó.

La espada de Shiroi brillaba blanquecina entre las dos espadas de Rora. La katana estaba debajo de la blanca ejerciendo de soporte. La espada blanca que bloqueaba la espada de su oponente mostraba a su alrededor una distorsión. Rora la estaba reforzando.

La espada estaba rodeada de aire.

Kuroi y Kai miraban la pelea sorprendidos. Realmente la chica le estaba haciendo frente. ¿Había tanta diferencia en pelear con la cabeza fría? No sabían como pero era increíble cómo le estaba haciendo frente. Todos veían como intercambiaban golpes con la espada. Shiroi usaba las dos manos para que los golpes fuesen potentes y certeros. Rora los contrarrestaba con ambas espadas o con una para después atacar con la otra. Shiroi se movía con soltura esquivando por los pelos a la chica. Y en uno de esos movimientos para esquivar a la chica vio una abertura. Con una patada la empujó hacia el borde del precipicio. Cuando volvieron a juntar espadas, con todas las fuerzas que tenía y aprovechando que la chica estaba cansada dio un empujón con su espada haciendo que la chica cayese al vacío.

Todos soltaron una exclamación ahogada. Shiroi se dio la vuelta y con una sonrisa de superioridad empezó a caminar hacia ellos. Andaba tranquilamente. Sabía que no podían escapar.

Cuando estaba a medio camino con la espada en la mano derecha, varias bolas de luz volvieron a aparecer a su alrededor. En total eran seis. Una para cada uno. Pero cuando iba a lanzarlas, el chico cayó al suelo con la camisa rasgada por los brazos mostrando varios cortes superficiales que empezaban a sangrar débilmente. A su espalda, oyó como la chica que acababa de tirar por el precipicio le hablaba.

Rora – Nunca des la espalda a tu oponente hasta que sepas que está completamente muerto. – dijo con una sonrisa de autosuficiencia en la cara desde el borde del precipicio como si nunca hubiese sido tirada al vacío.

Shiroi – tú lo has querido.

Acto seguido se lanzó hacia la chica. Rora, que se esperaba esa reacción por parte de Shiroi, empezó a correr también hacia su oponente.

Rora – si no vuelves por las buenas, entonces volverás por las malas. No pienses que te vas a escapar, no hasta que vuelvas a ser el Shiroi-fofo que conozco.

Shiroi – eso ya lo veremos – dijo seriamente, aunque la chica pudo ver la duda en sus ojos.

Kai no daba crédito a lo que estaba viendo. Esa pelea, no era la de unos novatos. ¿Quién eran esos chicos? Ni siquiera él que había sido bien entrenado hubiese peleado así.

Hana – es increíble ¿verdad? – dijo mirando a Kai.

Kai – si pero…

Sejo – No te preocupes. Rora saldrá de esta. Después de todo, esa chica no es normal. – terminó con un deje de resignación en su voz.

Kai – Vaya panda…

Shira – venga ya, somos los mejores. – dijo débilmente. Acababa de despertar y lo único de lo que era consciente era lo que acababan de decir. Miró a su alrededor sin poder evitar que una tenue sonrisa se formase en su cara al ver a Kuroi con ellos que fue rápidamente borrada al ver la situación en la que se encontraba su mejor amiga.

Shira vio como sus dos amigos se separaban de un salto. Vio como las seis bolas que aún seguían rodeándole se juntaron en una más grande. Vio como Rora reunía magia para parar el ataque cuando el chico lo lanzara. Lo que ni ella, ni nadie se esperaba es que el ataque no fuese en su dirección. El ataque de luz se alargaba según se acercaba a ellos. Como si fuese una jabalina. Sintió como Megumi creaba una barrera en un intento de protegerlos, pero no era lo suficientemente fuerte.

No soportaría el ataque.

Vio como algo al lado de Shiroi se movía hacia ellos a gran velocidad: el segundo proyectil que se dirigía a ellos se puso delante evitando que la lanza de luz les diese.

Los seis magos miraban asombrados como delante de ellos, dándoles la espalda estaba Rora con la lanza de luz atravesándola el hombro derecho, el cual no sangró. Rápidamente la lanza se apagó desapareciendo. Al menos del calor y la quemadura la herida que le había causado estaba cauterizada y no sangraba. La katana cayó al suelo con un estrépito.

Rora había conseguido parar el ataque.

Fin del capítulo

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