Capítulo 20

Shira se esperaba una reacción violenta por parte del chico, sin embargo, se levantó como si nada, sin dejar de sonreír en todo momento.

Kuroi – no vuelvas a hacer eso. – advirtió con un deje de furia en su voz. – Solo conseguirás que esto acabe peor.

Shira se mantuvo impasible a sus palabras pero su mente daba mil vueltas pensando que hacer a continuación. Ahora sí, se había quedado sin ideas.

El chico no esperó más tiempo y se lanzó hacia ella espada en mano que Shira bloqueó por los pelos con los brazos. Notó allí donde el filo perforaba su piel y del impulso los dos cayeron hacia atrás, terminando de quebrar la superficie de hielo del lago y hundiéndose en el agua helada.

Los dos estaban bajo la capa de hielo; Kuroi intentaba subir a la superficie pero al percatarse de que no podía fue consciente del color de los ojos de Shira y su mirada que, pese a estar bajo el agua sin poder respirar, tenía una tranquilidad nunca vista en ella. En ese momento el agua presionó ligeramente cada parte del cuerpo de Kuroi zarandeándolo hasta que ambos salieron despedidos a la superficie tiritando.

Shira estaba sonriendo mirando cómo el agua del lago acariciaba su piel y los cortes de los brazos se esfumaban sin dejar rastro. Con una energía renovada, la chica clavó una mirada triunfante en el joven de pelo negro que ya nadaba hacia la orilla.

Shira – adivina cuál es mi elemento. Tienes tres oportunidades.

Kuroi – Mierda…

Shira – mal… – el chico estaba ya en la orilla sin saber muy bien cuál sería su siguiente movimiento. Tenía la espada en la mano y sopesó las posibilidades de éxito que tendría en ese momento con ella: todas nulas. – venga Kuro no es tan difícil.

En un ataque de ira y frustración lanzó la espada como si fuese una jabalina hacia la chica que ahogó una exclamación de sorpresa. La espada se clavó en el muro de agua que se había elevado delante suya para protegerla cuando ella alzó los brazos en un intento por defenderse aun sabiendo que la espada le acertaría.

Kuroi – joder…

Shira posó las manos ligeramente sobre la superficie del agua. Tenía mucho frío y ahora mojada más, todo su cuerpo temblaba. El agua alrededor de sus manos pareció alegrarse al estar en contacto con su usuaria y comenzó a elevarla hasta llevarla a la orilla con un rápido movimiento.

Shira – vamos Kuro,–  le tendió la mano – vuelve.

Kuroi – aléjate. ¡Aléjate! ¡¿Me oyes?! ¡No me toques! ¡No…! – se lleva de nuevo las manos a la cabeza.

Shira – te salvaré idiota. – dijo suave bajando la mano ya con un nudo en la garganta.

El chico gritó desesperado.

Shira – ¡Kuroi sé que estás ahí vamos deja de hacer el imbécil! – agarró al chico por los hombros mientras este solo le gritaba que le dejara en paz y se alejara – ¡hazte con el control pedazo de idiota! ¡Sé que puedes! ¡Sé que las palabras que salen de este Kuroi no son las tuyas!

Kuroi – NOOOOOOOOOOOOO – Su cuerpo se rodeó del aura oscura pero esta vez iba a ráfagas intermitentes como si le llegara la energía a partes. Las sombras oscuras se desprendían de su cuerpo y Shira no tardó en notar el poder oscuro que emanaba de ellas. Se le había ido la pinza. Cada vez estaba más segura de que no podía hacer nada ya que su poder no servía para nada más que defenderse.

Kuroi – ¡No quiero que te acerques a mí! ¡TE MATARÉ SI ES NECESARIO!! – gritó dejando ver el odio en sus ojos.

Shira – DEJA DE DECIR ESTUPIDECES…

Kuroi – no te necesito. Mi paciencia tiene un límite…y tu muerte no nos conviene a ninguno.

Shira – entonces no digas que me vas a matar, si es una mentira.

Aguantó un poco más pero una lágrima rebelde le empezó a caer por la mejilla. Con eso le demostró que no tenía más cartas que usar. Que estaba todo perdido. No quería rendirse, renegaba de ello, pero su mente racional no paraba de gritarle que no podía hacer nada más.  Se tensó al ver que Kuroi se había dado cuenta.

El chico arremetió contra ella una vez más con una daga que había sacado de su cinturón. Por instinto ella alargó los brazos para agarrarle de las muñecas y la daga cortó la piel de su muñeca llevándose por media la pulsera en forma de estrella  plateada que les había dado Megumi. Esta se partió al caer al suelo.

Shira – mierda…esto no es bueno. – De pronto una ráfaga de energía la recorrió todo el cuerpo. El agua detrás suya, en el lago, se agitó nerviosa.

Sus ojos brillaban de un intenso azul en la oscuridad de la noche. No sabía cómo pero sus poderes se habían activado sin que ella lo ordenase.

Shira – el sello… – advirtió.

El agua del lago empezó a agitarse haciendo que  unas olas comenzaran a formarse a pesar de no ser el mar. El cuerpo de Shira fue atraído como un imán a las profundidades del lago y el agua se elevó en el aire más azul de lo normal, brillando con un aura blanquecina que iluminó toda la zona de una forma escalofriante.

De pronto Shira se encontraba en el centro del lago, varios metros encima de este, con su cuerpo brillando como una estrella, con sus cabellos flotando en un aire que no había. Alrededor del cuerpo de la chica el agua iba girando, formando encima de esta lo que parecía una figura.

Los ojos de Shira estaban abiertos mirando a algún punto fijo más allá en ninguna parte, como si de pronto alguien se hubiese apoderado de su alma y la controlase cual marioneta infantil. El traje del uniforme estaba pegado a su cuerpo, mojado y sus brazos se mantenían flácidos y muy pálidos a sus costados de los cuales no paraban de salir un hilo de agua que aumentaba por momentos como si alguien estuviese sacando toda su energía vital en forma de líquido.

El movimiento del agua se había vuelto tan salvaje que en el lago apenas quedaba agua, toda se había desbordado y bailaba en torno al cuerpo de la chica hasta llegar encima de ella y unirse al resto que empezaba a formar la figura de una especie de sirena tenebrosa.

Tenía algunas cicatrices a lo largo de su cuerpo, su cola toda de agua, como el resto de su cuerpo, salía de Shira y tenía enrollados en la parte final de la cola lo que parecían eslabones de cadena que finalizaban en  una punta de flecha con una forma extraña. Poco a poco se fueron formando lo que eran los brazos, acabados en garras. La cascada que era el pelo, se ondulaba en el cielo fundiéndose con él.

Y luego estaba el rostro.

Algo que no se sabía muy bien que era tapaba su nariz y boca dejando ver como una cicatriz salía al lado de la nariz sin llegar al ojo el cual era tapado por parte de su pelo. Los ojos, tenían dos enormes iris del color de la sangre. Su mirada parecía llena de ira y ganas de venganza y  estaba posada en el mismo sitio que los ojos de Shira, la cual, ya no tenía los ojos del característico azul eléctrico que salía cuando usaba su poder, sino que eran de un intenso rojo, como el de la criatura que estaba sobre su cabeza; sus orejas acababan en punta y todo su ser resplandecía de tal forma que era imposible mirarla más de dos segundos sin dañar la vista para conseguir más detalles.

Kuroi se quedó petrificado a la vez que maravillado al ver a aquella fantasmagórica criatura.

 

Un poco más lejos, se encontraban Kai que se había reunido con Hana. El chico tenía más heridas de las que se ponían contar pero se mantenía en pie. Hana se levantó temblorosa a su lado para observar el espeluznante espectáculo. Nunca en su vida habían visto algo semejante.

Kai – ¿qué narices es eso?

Hana – parece… ¿Shira?

Kai – ¿la niña está haciendo eso? – soltó incrédulo.

Hana – creo…que no es ella – fijó su mirada en el cuerpo brillante de la chica – parece ella pero…

 

La voz de Shira salió suave pero con una tonalidad siniestra al escaparse de su garganta.

Shira – En nombre de la Gran Ninfa del Agua, portadora de la magia que fluye por los ríos y océanos del mundo. Yo, la actual Usuaria del Agua, te invoco para purificar las almas que han corrompido las sombras. Haz fluir la luz en las profundidades de este oscuro corazón en nombre de la Gran Maga Blanca…

Tras escuchar un grito de liberación de aquella criatura que parecía proceder de otro mundo, la sirena se lanzó contra Kuroi que estaba estático en el sitio. Éste miró a los alrededores intentando encontrar un lugar que lo protegiera pero para cuando giró la vista en dirección a Shira, todo se volvió negro.

-Fin del capítulo-

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