Capítulo 19

El hombro de Shira ardía. Se había movido demasiado esquivando los ataques de Kuroi y el agotamiento se empezaba a extender por su cuerpo. Kai no pudo hacer mucho, al último ataque no llegó a tiempo, porque había protegido a Hana y ahora estaba en el suelo dolorido y debilitado por culpa de los extraños poderes de Kuroi.

Kuroi – dejarlo estar. Así no vamos a ninguna parte y solo os vais a hacer daño.

Kai – no te lo creas tanto niño oscuro. – se levantó apoyando las manos sobre las rodillas. Estaba jadeando.

Kuroi no contestó. Simplemente mostró una expresión de enfado y se fundió en la oscuridad para aparecer delante de Kai y propinarle una patada en el estómago que lo hizo probar de nuevo el suelo. A diferencia del resto de Shikatsus y al igual que su hermana, Kai tampoco tenía uniforme y su ropa estaba hecha jirones. El frío de la tormenta se colaba por los agujeros de su ropa y lo hacía tiritar a pesar de todo lo que se movía.

Kuroi – ¿y tú me intentas plantar cara? Si no te puedes ni mover. Tus intentos desesperados por protegerlas te van a costar la vida.

Kuroi se agachó y le cogió de pelo para levantarle la cabeza. El pobre muchacho no opuso resistencia alguna simplemente lo miraba con la respiración entrecortada.

Hana – ¡déjale ya Kuroi! – dijo a la vez que hacía un gesto con la mano en una intención clara de que las plantas reaccionaran a su llamada, pero nada pasó.

Kuroi – supongo que ahora debería estar pidiendo ayuda ¿no?

Hana dio un paso instintivamente hacia atrás y Kuroi cogió la suficiente confianza para que no se esperara que el suelo comenzase a envolverle el cuerpo. Magia de Tierra.

Hana – ¿quieres ayuda ahora? – Preguntó con un deje de burla mientras las piedras y la arena escalaban por su cuerpo hasta llegarle al cuello – Kai levanta, necesito tu poder.

Kuroi – no adelantes acontecimientos Hana. – la envoltura de piedras estalla en pequeños trozos que se esparcen alrededor suyo. En la mano de Kuroi aparece una espada muy fina negra rodeada de un aura sombría – no va a ser tan fácil así que no lo celebres tan pronto.

Hana – será…

Shira – ¿idiota? – sugirió desde la otra punta sujetándose el hombro dolorido.

Kuroi – sois tres contra uno, vamos no me aburráis. – dijo apoyándose en la espada en una clara invitación a la pelea.

Kai – ¡yo me lo cargo! – puso la palma sobre el suelo y fijó su mirada en el chico de la espada que cayó estrepitosamente contra el suelo. – yo ya no puedo más.

Hana  actuó rápido e hizo que las raíces secas de los arboles cercanos saliesen de la tierra y rodeasen a Kuroi pegándolo más al suelo.

Kuroi – ¡Malditos hierbajos! – en un intento desesperado, estiró la mano para alcanzar su espada que estaba a escasos centímetros de él.

Ese momento Shira corrió hasta él y lo sujetó por los brazos envueltos en raíces, para evitar cualquier movimiento.

Shira – no sé qué debo hacer ahora – le miró como soltaba maldiciones intentado liberarse del agarre de Shira y de las raíces secas. De pronto se detuvo y la miró con odio. Su mirada era petrificante. Era mucho más oscura de lo habitual y su pupila irisada se clavó en ella provocándole un terrible escalofrío. – venga Kuroi… déjanos ayudarte.

Kuroi – estoy perfectamente, suéltame.

Shira – no te pienso dejar así idiota. – le clavó la rodilla en la espalda para evitar que se le escapara. – ¡Hana!

La chica se acercó a ella.

Hana – Kai está fuera de juego. No creo que entre las dos podamos mantenerlo quieto mucho tiempo.

Shira – la próxima vez me llevaré el kit para amordazar a todas partes – el chico se removió bajo su peso.

Kuroi – no penséis que tenéis todo ganado…

Shira – ¡CÁLLATE! Ya estás dando bastantes problemas.

Kuroi – y más que te voy a dar.

El cuerpo del chico fue envuelto por una especie de sombra que hizo que las raíces temblasen.

Hana – ¡mis plantas! – intentó mantenerlas firmes pero notaba como cada vez respondían menos a su llamada.

Shira en cuanto notó la ráfaga de poder por parte del chico se apartó inmediatamente haciendo que por desgracia, el chico volviese a estar libre. Una vez saboreó la libertad de no estar apresado desapareció sin más para aparecer donde Kai seguía tirado en el suelo y le puso un pie sobre la cabeza.

Kuroi – rendíos o él paga. – Kai le insultó desde abajo – No le necesito y lo sabéis. No tengo ningún problema en hacerlo desaparecer.

Hana – no serás capaz – dijo preocupada.

Kuroi – probadme.

Shira –¡BASTA YA, JODER KUROI! – estalló lanzándose hacia él mientras por el camino creaba una nueva espada de hielo que sostuvo firme en la mano derecha.

Al llegar a su altura lanzó varios arcos que el chico apenas vio y los esquivó a duras penas terminando sobre el suelo al lado de Kai, donde este, en venganza le dio un puñetazo en la mandíbula con las pocas fuerzas que le quedaban antes de volver a tirarse al suelo agotado.

Kuroi se llevó las manos a la cara con una mueca de dolor e hizo ademán de levantase pero Shira le clavó la punta de la espada helada en la barbilla y el chico dejó de moverse.

Shira – venga Kuro, sé que estás ahí.

Kuroi – ese Kuroi del que tanto hablas era un débil. Ya no existe, entérate.

Shira – ese Kuroi me debe tres bolsas de chuches por perder al LoS.

Kai – ¿eso último era necesario?

Hana – es Shira… – dijo como si aquello lo explicara todo.

Shira – si tengo que darte de leches hasta que reacciones ten por seguro que lo haré. No tengo problema. – dijo tajante sin dejar de mantener la espada firme sobre la barbilla del chico.

Kuroi soltó algo parecido a una risa lo cual desconcertó a los tres chicos y fue aprovechado por el pelinegro para levantarse con fuerza y del impulso apartar la espada de Shira que le atravesó la piel del antebrazo. Shira fue pillada por sorpresa y para cuando se dio cuenta estaba de espaldas en el suelo con Kuroi sobre ella cogiéndola por los hombros rodeándola de un aura negra.

Notaba como la energía la iba abandonando y cada vez tenía menos movilidad en su cuerpo. Para cuando alzó las manos, solo llegó a enganchar las mangas de la camiseta de Kuroi sin llegar más lejos. Y lo peor no era notar como las fuerzas abandonaban su cuerpo, sino que dolía. Al principio sentía como si la vaciaran pero después sintió una opresión en los pulmones como si estos no pudiesen seguir haciendo su función correctamente y le provocaba dolor. Para colmo tanto Kai como Hana que se habían lanzado contra el chico sin dudar una vez que este se levantó del suelo pero salieron disparados nada más tocar aquella aura salido de las mismísimas sombras.

Shira gritó intentando zafarse de los brazos del chico. Las piernas no le respondían cuando intentaba moverlas sentía como un cosquilleo las recorría pero nada más. A pesar de no notar como el oxigeno le llegaba, un grito aun más alto salió de su garganta. Hasta que de pronto todo se detuvo: el dolor, el abandono de fuerzas y la presión de las manos de Kuroi sobre sus hombros.

Abrió los ojos incorporándose respirando entrecortadamente para ver la mano de Kai en alto con una expresión de odio y ver como Kuroi había salido despedido hasta chocar y cargarse una de las paredes de la caseta blanca del observatorio.

Kai – creo…que ahora…ya está a juego con el agujero que hizo antes – bromeó limpiándose la sangre que le caía de la ceja.

Shira – no lo mates Kai.

Kai – ¿me ves cara de asesino? – Se sorprendió – pero como siga tocándome las narices no te aseguro que me detenga.

Hana – chicos… – Kai y Shira se giraron y al ver a la chica en el suelo corrieron a socorrerla – estoy bien…más o menos…lo siento mucho no me queda…estoy tan débil que no puedo usar ataques mágicos. La tierra ya no me responde.

Alzó la mano en dirección al suelo y sus ojos titubearon en color verde pero volvieron al azul de Hana casi de inmediato.

Hana – lo siento de verdad…

Shira – no te preocupes, yo me encargo.

Kai – eh, que yo sigo aquí ¿sabes?

Shira – a ti te ha destrozado antes. Da gracias que sigues en pie.

Kai – ¿y tú qué? Si apenas puedes pestañear.

Shira – oh vamos…mierda – el chico la miró extrañado pero salió de dudas al seguir la mirada de ella hacia la pared rota de la caseta.

Kuroi ya no estaba allí.

Tardaron unos segundos en localizar al pelinegro. Unos segundos que fueron la perdición de Kai ya que Kuroi se acercó a él como un proyectil y acto seguido salió una polvareda en la arboleda cercana tras un estruendo.

Lo único que pudo divisar Shira fue el puñetazo que recibió Kai en el estómago, después, ambos desaparecieron de su vista.

Kuroi salió de la arboleda sacudiéndose las manos y caminó a paso ligero hacia la chica que quedaba en pie.

Kuroi – vuestro amigo…ha tenido que irse. Indisposición ya sabes. Así que nos queda una demasiado débil para usar sus poderes y… tú.

Shira se colocó en posición de ataque dispuesta a acabar de una vez con aquella pelea. Sus ojos cambiaron a un azul eléctrico que brilló en la oscuridad de la noche y de sus manos salió un chorrillo de agua que perdió fuerza hasta ser un simple goteo.

Kuroi – menuda birria… – la chica lo miró molesta –¿qué? Solo comento.

Shira – ¡por tu culpa imbécil!

El chico suspiró cansado, desapareciendo de nuevo para aparecer al lado de la chica. Shira pareció prever ese movimiento y propinó una patada al lugar donde pensaba que aparecería Kuroi y que dio la casualidad de que así fue. El chico recibió la patada en el hombro y cayó boca abajo en el suelo poniendo las manos por delante para amortiguar el golpe.

Kuroi – hace un minuto no podías moverte… – tosió.

Shira – no voy a parar. No puedo parar. No hasta que uno de los dos caiga. – Kuroi se puso en pie – Mi propio poder se está limpiando de tus sombras. Cuando se reponga por completo acabaremos con esto de una vez.

Kuroi – esto ya está acabado por si no te das cuenta.

Sin saber cómo, Kuroi blandía de nuevo su negra espada, pero esta vez sin aura misteriosa lo cual decía mucho del grado de agotamiento por su parte. Lanzó la espada hacia delante poniendo todo el peso de su cuerpo en la estocada que Shira detuvo con una brillante pero resistente espada de hielo. Ambos forcejearon por ver quién ganaba terreno al otro y la diferencia de fuerzas estaba a favor de Kuroi.

La chica notó como emanaba de nuevo el poder oscuro de la espada del chico y sintió como su propia espada se resentía y empezaba a quebrar pero antes de que eso sucediera la soltó a la vez que se echaba hacia atrás.

Kuroi – ¿y ahora? – rió divertido sabiendo que a Shira se le acababan las ideas y con ello las oportunidades de ganar.

En su fuero interno deseaba que Hana o incluso Kai reaparecieran intactos para ayudarle pero sabía que eso era imposible a esas alturas. Por el rabillo del ojo vio a Hana en el suelo intentando al menos ponerse sobre una rodilla pero ni eso conseguía y del hermano de Megumi poco sabía después de que Kuroi lo usase como un saco de boxeo. Estaría por algún lugar perdido del bosque en la dirección del lago helado.

El lago.

Sostuvo la mirada triunfal de Kuroi unos instantes antes de salir corriendo hacia el agua congelada que empezaba a llamarla. No necesitó girarse para saber que Kuroi iba tras ella.

No sabía muy bien por donde iba, la oscuridad de la noche lo había inundado todo y la tormenta parecía haberse calmado hace mucho. Poco a poco las nubes se habían dispersado para dejar ver una luna menguante que de vez en cuando daba algo de luz a la zona. Pero no necesitó luz para saber dónde estaba el agua. Una vez en la orilla se detuvo de golpe agachada posando la mano sobre la fina capa de hielo de la superficie.

Cierto era que sobre el hielo no tenia control alguno, todavía, pero sabía que bajo esa capa de hielo el agua estaba deseando ser liberada para fluir libre. Los ojos de Shira se tornaron de un eléctrico azul que se reflejaba hasta en el hielo y de pronto  el agua contestó a su llamada desesperada.

Sin saber si Kuroi se encontraba lejos o cerca, impulsó el brazo como si lanzara una pelota en la dirección del chico. El hielo se rompió con un estrépito y millones de gotas salieron disparadas hacia el chico de la espada.

Este notaba que cuando las gotas le rozaban la piel, le hacían cortes y se echó hacia atrás cubriéndose, hasta que su espalda tocó el tronco de un árbol. Cuando la lluvia de gotas se detuvo, había cristales puntiagudos de hielo por todas partes. Incluso él tenía cristales clavados en su ropa que lo mantenían unido al tronco con algún que otro corte.

Shira – venga Kuro – se acercó al chico que intentaba librarse de su prisión en el árbol.

Kuroi – no puedes hacerme esto. No tendríamos que luchar si…

Pero la chica no lo escuchaba. Solo lo miraba a los ojos. Azul eléctrico contra dos pozos oscuros irisados que petrificaban si los contemplabas mucho tiempo.  Eran tan poco humanos…eran tan poco de Kuroi…

Shira – vamos Kuro – lo miró desafiante mientras seguía avanzando lentamente por si conseguía liberarse pero firmemente porque tenía claro su objetivo.

Kuroi – sabes que no vas a conseguir nada. Si te acercas acabarás como ese par…

Shira – vamos, sé que estas en alguna parte…

Kuroi – no es una buena idea, simplemente ríndete Shira.

Shira – en alguna parte…

Kuroi – no sabes lo que haces…

Shira – nos conocemos bien Kuro, tu no haces daño a tus amigos, tú los proteges… – siguió murmurando mientras se seguía acercando. Notaba a Kuroi cada vez más tenso pero no sabía que pasaría cuando lo tuviera a escasos centímetros. Posiblemente el intentaría estrangularla o algo parecido. Pero quería confiar. – Cuando alguien te importa…

Kuroi – basta… – giró la cabeza agitándose. Algunos cristales se desprendieron de su sujeción.

Shira –…haces lo imposible por protegerles.  Tienen que pasar por encima de ti antes de que dañen a alguien que realmente te importa…

Kuroi – he dicho basta…

Shira – siempre te has llevado tú las palizas para que nadie sufra. Nadie más que tú. Porque no puedes ver a los demás sufriendo. Tú sufres por ellos.

Kuroi – ¡cállate!

Shira – porque las personas que quieres están siempre por encima de todo.

Kuroi – ¡he dicho que te calles!

La chica estaba a menos de un metro de él. Temblaba pero pese a eso sonreía.

Shira – eso fue lo que me dijiste una vez. Eso fue lo que me enseñaste aquella vez cuando demostraste confiar en mí y te lo agradecí de verdad.

Kuroi – ¡DÉJAME! ¡ESAS PALABRAS NO SIGNIFICAN NADA PARA MI! – dio una sacudida y se liberó del agarre de un brazo. Shira dejó de avanzar pero siguió hablando pese al miedo que le recorría las venas. Ese chico que tenía delante no era su amigo. Ya no.

Shira – Y…y ahora te intento demostrar que yo también haría eso y mil cosas más por alguien que me importa. No tienes porque sufrir solo y lo sabes y sabes que…

Kuroi – ¡HE DICHO QUE BASTA! ¡PARA!

Del arrebato de furia, Kuroi terminó de quedar amarrado al árbol. Y cayó a cuatro patas pero no se levantó, lo que hizo dudar a Shira.

Kuroi –…solo…ya…por favor…

Shira se acercó a él con catela para ver asombrada que estaba llorando.

Shira – ¿qué? Kuro ¿estás…?

Kuroi – sácame…de aquí Shira…por…fav… ¡AAAAAAAAAHHHHHH!

El chico se levantó de golpe para caer de nuevo, sujetándose la cabeza con ambas manos gritando desesperado que le dejara varias veces seguidas como si fuese un mantra.

Cuando se detuvo, Shira escuchaba su respiración agitada y dio un respingo cuando fue consciente de que Kuroi le clavaba la mirada desde el suelo con aquella mirada irisada y oscura tras los mechones de flequillo negro que se mezclaban con el sudor de su frente.

Pero lo que le hizo sentir un escalofrío de puro terror fue la enorme sonrisa que formaba los labios del chico.

-Fin del capítulo-

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