Capítulo 18

Las nubes cada vez se hacían más espesas. La noche entraba y le acompañó un aire helador. Shiroi estaba agachado en el suelo jadeando del cansancio, al igual que Sejo, en frente suya. Rora se había acercado más, recuperada del ataque de Kuroi. Shiroi levanta la vista hacia ella y observa su expresión enfadada.

Shiroi – ¿vienes a por mí?

Rora – No, si te parece ataco a mis amigos como estáis haciendo vosotros. – soltó con un tono entre irónico y enfadado.

Shiroi – ¿nosotros ya no somos tus amigos o qué?

Rora – Ya no sé qué sois.

Shiroi esbozó una sonrisa y Rora no supo si era porque le había hecho gracia su comentario o por la situación. Vio como el chico se levantó y se sacudió la tierra que tenía en las rodillas. Después de analizar los alrededores a una velocidad propia de Shiroi, dio un salto en dirección a Rora y en pleno vuelo de sus manos salió un resplandor de una luz muy pura que fue disparada hacia la chica.

Rora, sin apenas moverse, y viendo venir un movimiento similar, sacó una de las dos espadas que llevaba envainadas a su espalda. Cogió la que estaba en el lado izquierdo con la misma mano para después empuñarla desde la derecha.

Era una katana.

Alzó la katana poniéndola paralela al suelo de forma defensiva. Encima de la mano que empuñaba la espada estaba apoyada su mano izquierda con la que creó una barrera de viento que se disolvió el ataque del chico al entrar en contacto. Pero Shiroi no se había percatado de que había desenvainado y ya estaba a medio camino con su mano derecha en alto brillando intensamente con la forma de una punta de lanza. Pero Rora no intentó esquivarlo. En cambio, la postura de la chica pasó a ser una postura de ataque y cuando Shiroi estuvo lo suficientemente cercar hizo un arco con la katana, iba dirigido al vientre de Shiroi, pero el chico lo esquivó por los pelos echándose hacia la derecha de forma que no llegase la espada a tocarle por unos pocos centímetros. Lo que no pudo esquivar el chico fue el ataque lanzado con la mano libre de la chica y una corriente de aire le lanzó hacia atrás tirándolo al suelo.

Shiroi – ¿una espada? – preguntó perplejo mientras se levantaba.

Rora – que seamos magos no quiere decir que todos nuestros ataques tengan que utilizar la magia. Y más cuando tu magia es mejor a larga o media distancia.

Shiroi – y controlar los elementos no es tontería. – Dijo serio – Y por lo que he visto en ese último ataque tú controlas mejor tu elemento que el resto. Pero te voy a decir algo, aun te queda mucho por aprender.

Rora – eso ya lo sé Shiroi, si lo supiese todo no estaríamos peleando. –  dijo en un tono tan serio que no era propio de ella haciendo que Shiroi dudase en atacarla. – Además, no pienses, que esto no va a ser como la otra vez – Shiroi la miraba sopesando sus palabras, momento que fue aprovechado por Rora para lanzarse hacia él contra el chico con la espada preparada.

Rora – no sé cómo, pero voy a hacer que vuelvas con nosotros, aunque tenga que ser a base de golpes Shiroi.

Shiroi – ¿volver? Creo que te equivocas Rora. No pienso renunciar.

Respondió en chico mientras creaba una especie de espada de luz con la que bloqueó en ataque de Rora. Ambos se quedaron poniendo fuerza en sus espadas. Uno enfrente de otro sólo separados por las espadas que seguían una en contra de la otra.

Shiroi – si quieres pelear así, peleemos.

Ambos empujaron las espadas para coger impulso y saltar hacia atrás. Y sin perder el tiempo ambos volvieron a pelear cruzando sus espadas. Pero la diferencia era muy grande. Shiroi, con su espada de luz paraba fácilmente los movimientos de la katana de Rora. Mientras que el ataque que la chica le lanzaba con la mano libre le costaba un poco más esquivarlos, pero rápidamente pilló la manera de moverse de la chica y pudo trazar un patrón para esquivarla fácilmente.

Rora al percatarse que el chico estaba leyendo sus movimientos cambió de estrategia y en un movimiento rápido pasó su espada a la mano izquierda y detuvo el ataque del chico como si no hubiese cambiado nada. Este cambio pilló de sorpresa a Shiroi y Rora lo aprovechó para darle un puñetazo en el estómago que le lanzó hacia atrás unos cuantos metros debido al pequeño impulso de aire que le había puesto. Aun así Shiroi consiguió medio estabilizarse en el aire y antes de caer le lanzó la espada de luz a Rora y pasó rozando la muñeca izquierda de la chica haciendo que soltase la katana con una mueca de dolor en la cara. La chica miró su mano para ver la quemadura que había aparecido en su muñeca al ser rozada por la que era la espada de Shiroi.

Esto tenía que acabar. Alzó la cabeza para mirar a Shiroi seriamente. No con odio, pero si molesta. Hacía mucho tiempo que no estaba tan molesta.

En otra parte más alejada Megumi y Sejo observaban atónitos como su compañera les había quitado el oponente.

Sejo – que cara tiene. – dijo asombrado. Nunca había visto a su amiga tan enfadada.

Megumi – puede pero, los vínculos de ellos son más grandes que con cualquier otro miembro del grupo. Si alguien tiene posibilidad de traer a Shiroi de vuelta es Rora.

Ambos, profesora y alumno, vieron como Shiroi se lanzaba como loco hacia ella. La cara de Rora expresaba sorpresa. No se esperaba ese tipo de ataque y sin darse cuanta hizo que la espada que aún estaba en el suelo se alzara en el aire para llegar a las manos de la chica que como reflejo y sin pensar puso la punta de la espada hacia la dirección que venía corriendo Shiroi. Si el chico no paraba a tiempo, seria atravesado por la katana.

Rora reaccionó segundos después. Shiroi estaba frente a ella. Vio como los ojos de él se posaban en el suelo con una sonrisa triste. Notaba su espada firme en su mano. Eso solo podía significar que lo había atravesado. El pánico se apoderó de ella y se echó hacia atrás aterrada soltando la espada que se quedó suspendida en el aire, paralela al suelo. Pero ella no estaba haciendo nada.

Para sorpresa de la chica, la espada no había atravesado a Shiroi. No. Shiroi sujetaba la espada a su derecha. Su mano sangraba por el corte que se había hecho al sujetarla por el filo. Con un simple y rápido movimiento agarró la espada por su empuñadura manchándola de sangre y, mirando a la chica con una sonrisa, apuntó con la espada hacia el pecho de ésta.

Rora le miraba a los ojos en un intento de buscar al chico que ella conocía desde que tenían 8 años recién cumplidos. Pero no pudo encontrar nada de eso. En los ojos de Shiroi sólo había odio. Ya no eran azules claros como antes, tenían una tonalidad más oscura y parecía que se habían vuelto grises. Y a pesar de que tenía su propia espada a escasos centímetros de su cuerpo no pudo evitar decirle:

Rora – Shiro, para mí siempre serás mi mejor amigo fofo con el que estudio cosas raras y con el que hacer explotar cosas – susurró mirándole a los ojos. – y que conste, que nunca me ganarás la apuesta de quitarme la chaqueta.

El chico lo primero que hizo fue mostrar una mueca de extrañeza como si no entendiera lo que acababa de decir, sin embargo, su expresión cambió a los pocos segundos y se tornó en una cargada de horror. En un pestañeo sus ojos cambiaron de esa especie de gris azulado para volverse de un color azul cielo y se llevó las manos a la cabeza.

Rora vio cómo su espada era liberada de las manos de Shiroi y caía al suelo, pero no pudo cogerla. Sólo podía mirar a su amigo que estaba frente a ella con las manos en la cabeza y una expresión de horror en la cara. Vio como Shiroi cerró los ojos y mientras lanzaba un grito de rabia y desesperación caía al suelo de rodillas.

En ese momento Megumi y Sejo aparecieron al lado de la chica mientras Shiroi parecía agonizar en sus propios pensamientos sin dejar de gritar. Rora aprovechó para coger su espada y con duda en sus ojos miró hacia Megumi y Sejo que se acercaban a ella corriendo.

Megumi – ¡Rora! no sé qué has hecho pero sigue por ahí. – dijo cuando estuvo lo suficientemente cerca como para que la chica pudiese oírla.

Rora – ¿eh? ¿Qué? – no sabía a qué se estaba refiriendo su profesora.

Megumi – sea lo que sea que hayas echo funciona, mírale, está dudando. Sigue haciendo lo que estabas haciendo vas por el buen camino para traerlo de vuelta.

Megumi iba a decir algo más pero el chico dejó de gritar y ahora tosía apoyando sus manos en el suelo. Cuando terminó de toser alzó la cabeza hacia ellos y les miró con odio, pero aun sí se veía que algo no estaba bien. Se le veía cansado, como si estuviese luchando consigo mismo.

Rora – Shiroi que te… – pero no pudo terminar la frase porque el chico atacó a su profesora – ¡Megumi!

Shiroi que se había reincorporado más rápido de lo que creían y había lanzado un ataque a Megumi ignorando completamente lo que Rora iba a decirle causando que Megumi cayese al suelo al recibir el impacto del ataque del chico en el muslo. Sus pantalones, al no ser especiales para peleas mágicas, ahora tenían un gran boquete chamuscado.

Megumi – no pasa nada, estoy bien.

Rora – ¡Shiroi! – exclamó la chica al ver que iba a lanzar otro ataque.

Rora se movió por instinto y adelantándose a cualquier movimiento del chico y a su propia mente alzó sus manos hacia Shiroi mientras moldeaban el aire a su alrededor, invocándolo y llamándolo para que formase un torbellino que hizo que Shiroi saliese despedido hasta llegar por detrás del observatorio.

Megumi – Rora – la profesora cubría su quemadura con la tela de su chaqueta. Debía de dolerle mucho pero su cara no mostraba tal emoción – ve. Y no olvides lo que tienes que hacer.

Rora no necesitó que se lo repitiesen, echó a correr en pos del peliblanco que estaba segura de que no se habría abierto la cabeza en el aterrizaje. Se movía demasiado bien en batalla para dejarse derrotar de una forma tan simple como volando por los aires.

Sejo – ¿y eso a que viene? ¿No dijiste que no sabias como liberarles?

Megumi – y no tengo ni idea, pero no sé si has notado que por un instante, sus ojos cambiaron. Su reacción fue diferente. En el fondo sigue siendo él. No sé qué les han hecho, pero sea lo que sea no lo han podido completar. Es como si hubiesen ocultado en el fondo de su conciencia su verdadera personalidad y hubiesen sacado a flote o creado, una que a ellos les convenga. Tú has visto como ha actuado Shiroi, esa es nuestra manera de confirmarlo. Sea lo que sea lo que les pase no es estable y eso nos das más posibilidades de lograr nuestro objetivo.

Sejo – si, lo he visto pero no puedes asegurar que funcione.

Megumi – no, solo puedo tener esperanza Sejo. La oscuridad no hace bien a nadie. Ve con ella. Yo ahora os alcanzo – miró su pierna. El chico asintió y echó a correr en dirección donde Shiroi había sido lanzado.

Cuando llegó se detuvo de golpe por el impacto de ver a Shiroi sujetando a Rora por el cuello, inmovilizándola contra una enorme roca que había allí. Por lo que parecía el viaje por los aires no le había afectado lo más mínimo.

Rora – ¡aaaaaaaaaaaaaaaggggggggggg! ¡¡¡Ya basta!!! ¡¡¡No puedo res…pir…ar!!!

Sejo – ¡tú! – gritó intentando separar la atención del chico de Rora – ¡ESTOY AQUÍ! ¡¡NO ME DEJES A MEDIAS!! – continuó acercándose al peliblanco con los puños envueltos en llamas.

Lo que no se esperaba Sejo es que Shiroi reaccionara con rapidez soltando a Rora y apartándose a un lugar donde pudiese apuntar a un lateral de Sejo. Varios rayos de luz salieron de las manos del chico y persiguieron a Sejo en su carrera por salvarse de los ataques. Algunos le alcanzaron en la tela del uniforme que simplemente salió humo, no llegó a atravesarlo, pero otros, en concreto uno de los últimos le acertó de lleno en el tobillo sin que la tela pudiese protegerlo y Sejo cayó de bruces al suelo.

Sejo – ¡joder como arde…!

Shiroi – no me molestes. – Entonces Shiroi saltó hacia él y le dio un golpe en la nuca que lo hizo perder la conciencia.

Rora – ¡SEJO!

Megumi – ¡SEJO! – gritó la profesora casi a la vez que acababa de llegar y lo primero que vio fue como su alumno era dejado inconsciente. Un escalofrío le recorrió el cuerpo al ver a Sejo inerte.

Megumi – Tranquila Megumi, – murmuró en alto – no pueden matarlos, los quieren vivos…

Shiroi – pero a ti no.

Entonces notó como un brazo firme le rodeaba el cuello desde atrás: era Shiroi. A pesar de tener tan solo dieciséis años era lo suficientemente alto para estar a la altura de Megumi y eso que ella era una mujer considerada alta.

Rora – ¡Shiroi suéltala, estas luchando conmigo!

El chico sonrió.

Shiroi – tienes razón – cogió a su profesora del pelo y la lanzó contra un árbol como si fuera un muñeco de trapo. El árbol tembló por el impacto y acto seguido Megumi quedó inconsciente.

Rora – ¡MEGUMI! – gritó preocupada al ver cómo había sido lanzada. Se giró para mirar al chico –¡SHIROI! COMO PUEDES…TENER…CÓMO PUEDES…

Rora no podía formular una frase coherente. Su mente pensaba en mil cosas y en ninguna a la vez. En Megumi y Sejo que parecían estar muertos pero confiaba en que estaban sólo inconscientes. Pensaba en Shiroi, en que algo les habían hecho. Pensaba en que nunca pudo imaginar que llegaría a encontrarse en una situación semejante. Pensaba en el futuro. En cómo iba a acabar todo… Pensaba en si había un futuro después de aquella batalla.

Shiroi – dos menos. – dijo como si no fuese gran cosas.

Shiroi empezó a correr dejando una estela de luz tras de sí. Corría más rápido de lo normal y a Rora le costaba ver donde se dirigía. Una de las veces supo que venía hacia ella pero antes de poder hacer nada Shiroi ya le había hecho un corte en la manga del traje y al segundo siguiente  estaba en su espalda y al siguiente notaba un corte en la rodilla. No era capaz de seguirle la pista. Averiguaba más o menos por donde iba a atacarla, pero eso no bastaba para esquivar el ataque correctamente y no la convenía salir más herida. Así que decidió que era el momento de cambiar de estrategia. Si no servía de nada verle, entonces le buscaría.

Rora – bien, hagámoslo divertido – dijo un una sonrisa de resignación – a lo bruto.

La chica cerró los ojos y dejó que el viento fluyese a su alrededor. Poco a poco las hojas caídas de los árboles y todo lo que había en  el suelo se levantó creando un torbellino en torno suya. Shiroi pareció dudar un momento pues su velocidad se había reducido pero Rora no iba a parar, no una vez ya empezado e hizo que el torbellino se expandiese en todas direcciones de forma que Shiroi no pudiese esquivarlo.

Cuando el viento se detuvo, todo estaba removido. Varios árboles estaban ahora en el suelo con sus raíces desparramadas a su alrededor, algunas de las ramas habían sido partidas y las piedras y tierra más superficiales habían cambiado de lugar. Sólo había un problema. Shiroi no estaba por ningún lado.

Rora – ¿Dónde está Shiroi? – murmuró para sí mismas mirando en todas direcciones.

Se habría metido entre los árboles. Eso la pareció lo más lógico así que corrió en esa dirección buscando al peliblanco. Unos momentos después paró en seco en medio de un claro. No podía ser. Iba tan metida en sus pensamientos que no se había dado cuenta de por donde había ido.

Rora – Mierda. – Exclamó – me he perdido. – dijo en voz alta.

Shiroi – Mira tú por donde, resulta que te has perdido Rora. Una pena, ahora nadie podrá ayudarte. Serás, sin que puedas evitarlo, la tercera. Y nadie vendrá a ayudarte ahora. Esta batalla la habéis perdido. – sentenció con una gran sonrisa que se reflejaba en sus inhumanos ojos irisados.

Fin del capítulo

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