Capítulo 16

31 de diciembre

Rora se despertó temprano y desayunó enseguida. Hoy era el último día del año y tenía que ayudar a su familia a preparar todo para aquella noche. Por la tarde había quedado con los demás para ir al karaoke y disfrutar así del último día del año, juntos.

Salió de casa un momento para comprar algunas cosas que le había dicho su madre, cuando volvió, subió a su habitación, y en su escritorio encontró un paquete pequeño con una carta.

Lo primero que pensó fue que eso no había estado ahí cuando se fue. Lo segundo que hizo fue preguntar a su madre y esta le contestó que el cartero le había entregado el paquete antes de finalizar su jornada laboral pero que no le dijo de quién era. Extrañada, cogió la carta y se quedó petrificada al ver de quien era:

“¡Hola enana lianta!… ¿Qué tal las vacas? ¿Has explotado muchas cosas? Sé que no te lo esperabas, pero este es tu regalo de navidad. Realmente me hubiese gustado dártelo yo personalmente. Pero han pasado muchas cosas en muy poco tiempo. Tengo que pedirte disculpas por lo de la otra vez. No era nuestra intención. Si pudiese ser me gustaría hablar contigo cara a cara.  No quiero hacerte daño, pero me gustaría hablar contigo para contarte lo que está pasando. Sólo hablar. No magia, no peleas. Simplemente hablar.

No te estoy obligando a nada, que vengas o no es decisión tuya. Estaré esperándote a las 6 de la tarde en la colina junto al observatorio.

 Espero que vengas, aunque si no lo haces lo entenderé.

 Por cierto, Feliz Navidad.

PD: te quitaré la chaqueta y ganaré la apuesta.”

Rora no se lo podía creer. Qué narices estaba pasando. Era sin duda de Shiroi, esa era su letra. Había cosas que solo las sabía él en esa carta. Y esa post data. Sin duda era del chico pero… ¿La habría escrito sabiendo lo que estaba escribiendo? ¿Le habrían obligado a escribirlo? ¿Y si era cierto? Y si lo que decía era la verdad. Estaba echa un lio. No sabía que pensar. Si hubiese sido otra persona no hubiese dudado ni un segundo que era una artimaña, pero… Era Shiroi. Su amigo de la infancia. La única persona de la que podía hablar de cualquier cosa, bueno menos de cosas de chicas, para eso estaba Shira. No sabía qué hacer. Lo único que se le ocurrió fue llamar al resto ya que ella no podía pensar con claridad.

Cuando la llamada finalizó y tras contarles sus pensamientos (más o menos) y después de pensarlo mucho, decidieron no ir al karaoke e ir a casa de Megumi, después de todo en cuanto a asuntos mágicos ella era la que estaba al mando y necesitaban su ayuda. No sabían cómo hacer que volviesen a la normalidad. A la luz. Necesitaban un plan.

Y así fue como nada más comer todos se dirigieron a casa de Megumi.

Megumi – chicos esta tarde viene una tormenta, ir al observatorio puede ser peligroso. – dijo entrando en el gran salón con una bandeja llena de turrón y polvorones.

Sejo – deberías buscarte un camarero o algo.

Megumi – si te ofreces no me opondré – sonrió depositando la bandeja sobre la mesita de té.

Rozo – Bueno yo ya definitivamente me quedo aquí porque yo no tengo poderes y según lo que me habéis contado…mejor me quedo jugando con la consola de Megumi.

Megumi – en realidad es de Kai, pero se la quité.

Shira – yo la verdad es que estoy un poco fuera de juego, tengo el cuerpo resentido y no me puedo mover bien. Me sigue doliendo el hombro.

Rozo – esto parece una peli. ¿Qué les vais a hacer cuando lleguéis allí?

Rora – nos escondemos, cuando les veamos les damos un paliza sin piedad  y…

Sejo – claro, claro un plan exitoso pero: ¿Cómo les liberamos?

Rora – buena pregunta, podemos secuestrarles y lavarles nosotros el cerebro.

Hana – no sé cómo vamos a hacerlo…

Kai – yo sustituiré a Shira, que no vale para nada. – dijo sentándose al lado de la chica.

Shira – ¡¡NO ME EXCLUYAS TAN DEPRISA!!

Megumi – no Kai, no vayas, es peligroso y tú eres…

Kai – ¡¡yo soy tu hermano del alma!! Mi hermanita se preocupa por mí.

Megumi –…UN TORPE. Eres más torpe que yo a tu edad. Sabes muy pocos ataques y no lo controlas bien  – dijo con un tono frio.

Kai – mi propia hermana… – lloriqueó.

Sejo – no sé porque se parece escalofriantemente a Shira…

Shira – ¡eh! Que yo controlo mi poder muy bien, lombarda. No me compares con esa cosa.

Kai – ¿a quién llamas cosa, mocosa? – recibió un cojinazo por parte de la aludida.

Sejo – si el hecho de casi matarnos en los entrenamientos es controlarlo bien…

Megumi – le hace falta entrenamiento…  mucho.

Shira – que malas personas…pero tenéis razón, es demasiado poder y me cuesta equilibrarlo. – arrancó el cojín que le había tirado a Kai, del cual se había apropiado y lo abrazó con una mirada triste.

Megumi – Kai, tú la cubrirás y ella atacará ya que sus ataques son más fuertes.

Kai – no pienso ser el escudo de una niña – el cojón de Shira impactó de nuevo en su cara – ¡vale lo haré!

Sejo – ¿y a los demás quien nos cubre? – se quejó.

Shira – vosotros no estáis malitos, además yo necesito guardaespaldas porque yo molo.

El silencio se extendió en la sala.

Shira – aguafiestas… – murmuró cubriéndose hasta la nariz con el cojín.

Megumi – yo también iré ¿de acuerdo? si pasa algo, mis hechizos vendrán bien. No son de curación pero al menos servirán.

 

 

Llegó la hora y todos fueron a la colina que decía la nota. Las nubes se estaban acumulando, lo que aceleró el anochecer. Parecía que la tormenta ya llegaba.

Sejo – que el ultimo día del año tenga que hacer esto…ya me estáis pagando – Rora lo atacó desde atrás – ¡¡¡¡¡AAAAGGG QUE NECESITO RESPIRAR!!!!!

Shira – yo quiero entrar en el observatorio y ver las estrellas.

Kai – mírame a mí que deslumbro tanto como una – Shira le propinó un puñetazo en el estómago que lo hizo doblarse por la mitad – ¡eh! Que soy tu escudo no me pegues, me necesitas.

Shira – tengo alergia al egocentrismo – se dirigió a Megumi – ¿por qué tengo que hacer equipo con este payaso? Se toma demasiadas confianzas.

Megumi – estas malita – replicó.

Kai – y además te salvé la vida – se unió a la réplica.

Shira – eso fue pura suerte.

Kai – no pongas en duda mis tácticas de salvación.

Aquel lugar era un espacio muy amplio. Una carretera de tierra se perdía a cierta distancia de la caseta que estaba pegada al edificio cuyo tejado era una cúpula característica de los observatorios.

En esos días de vacaciones ese lugar se había vuelto solitario. A los alrededores había una gran explanada de árboles y detrás del observatorio se apreciaban unas grandes vistas de la parte este de la ciudad. A uno de los lados del edificio, había un pequeño lago, helado por las bajas temperaturas de aquellos días.

Hana – es aquí ¿No, Rora?

Rora – sí. – contestó mirando a los alrededores buscando algo.

Hana – es obvio que es una trampa.

Rora – me pregunto si querrán lo mismo de la otra vez.

Hana – ¿Y si solo está Shiroi?

Sejo – si y vendrá en son de paz no te jode.

Rora – calla ¿dónde se habrá metido?

Shira – posss teniendo en cuenta que fuera no hay nadie, solo nos queda entrar en el edificio de la lupa ultra grande.

Sejo – observatorio, Eusebia, observatorio.

Shira – edificio de la lupa, lombarda, edificio de la lupa.

Rora – ¡la cosa esa y punto! Vamos – dijo mientras avanzaba en dirección a la puerta que había sobre la caseta.

Megumi – Rora entra dentro, nosotros te cubrimos ¿vale?

Rora – de acuerdo – se acercó a la puerta de la caseta contigua al observatorio/edificio de la lupa y le dio una patada que la derribó.

Sejo – bruta, ahora ya se sabe que estamos aquí.

Shira – antes que nada, ¿alguien ve en la oscuridad?

Kai – yop – el chico recibió una patada desde un lugar desconocido – ¡Ay! Joder que puntería  y eso que no ves.

Megumi – estoy muy feliz de que mi hermanito tenga de amiga a Shira-chan. – expresó con extrema alegría.

Shira – ¿amigo? ¿Esa cosa y yo?

Kai – que te he salvado. Llámame héroe – recibió otro puñetazo en el estómago por parte de Shira – ¡venga pero si no ves! le gusta porque llevas todo el día torturándome y eso que nos acabamos de conocer Y TE HE SALVADO.

Shira – no lo repitas.

Megumi – ¡me encanta!

Sejo – disfruta del sufrimiento de su propio hermano si es que…Vaya adulta más responsable.

Megumi – ¿qué comentas? – preguntó con voz sombría a lo que Sejo no pudo responder más que con un tartamudeo.

Rora – luz…Sejo enciéndete. Te lo ordeno.

Sejo – joder… lo hago porque quiero ver algo no porque tú me lo digas – apareció una llama en la palma de su mano que iluminó la sala.

Shira – MULTIFUNCIÓN se puede cocinar, utilizar para experimentos de química, dar luz cual linterna, estufa…es ¡¡la super lombarda que se comió a un mago de fueeego!! – dijo con voz de anuncio de televisión.

Sejo – ¡¡¡YO NO ME HE COMIDO A NADIE!!!

Shira – eso dicen todos.

En ese momento fuera se escuchó un golpe sordo seguido de un trueno que hizo temblar la tierra. Todos giraron la cabeza en dirección a la puerta y no tardaron en ir hacia ella.

Rora – saldré yo primero.

Hana – nosotros iremos por una de las puertas laterales. – Rora puso la mano en el pomo dispuesta a salir al exterior – ten cuidado.

Rora asintió y salió fuera.

Miró al cielo. Las nubes eran de un gris muy oscuro y el sol ya se había empezado a ocultar a lo lejos. Solo los relámpagos iluminaban la zona y alguna farola que rodeaba el camino al observatorio.

Se escuchó el sonido de otro trueno aún más intenso seguido de un rayo que impacto contra el suelo. Cuando la luz desapareció, en medio de la explanada se encontraba una persona. Era Shiroi. Ambos se miraron seriamente. Y sin ninguna duda y a paso firme ambos se acercaron hasta estar uno en frente del otro.

Sin que nadie se diese cuenta, apartado escondido detrás de un tronco de árbol que estaba al otro lado de la pradera había un chico de pelo corto negro. Aburrido de ver a su hermano hablar con Rora decidió intervenir. Así que con paso tranquilo y con las manos dentro de los bolsillos se acercó a su hermano y a su futura secuestrada.

Shira, que observaba la escena desde uno de los laterales de la caseta de madera, vio como Kuroi se acercaba a Rora y Shiroi. La pintura blanca de los tablones estaba cascarillada y se le enganchaba en la ropa en cuanto se alejaba un poco para ver mejor.

Sejo – esto no tiene buena pinta… – murmuró desde atrás.

Kai – ¿todo bien? – preguntó en la oreja de Shira bajito para que sólo ella le escuchase.

Shira – son ellos.

-Fin del capítulo-

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