Capítulo 10

Estaban llegando ya. La próxima estación era en la que se tenían que bajar. Salieron a la calle y pusieron rumbo al lugar. El lugar en el que habían quedado eran unas ruinas de lo que creían que fue en su momento una cárcel. Pero era muy antigua. Probablemente de la Era anterior y eran consideradas un monumento. A su alrededor se extendía una gran pradera que en primavera era verde y llena de flores que era usada para distintos evento. Diez minutos después de haber salido de la estación de metro llegaron al lugar en cuestión.

Delante de ellos se extendía una gran pista de hielo. Este año el ayuntamiento se había superado. Detrás de ella se encontraban las ruinas. Por mucho que ahora las cuidasen estaban ya en muy mal estado antes y varias plantas subían por las paredes rompiendo más las viejas y corroídas rocas. Solo había un problema. La pista no estaba abierta aun. El lugar estaba desierto-

Hana – que raro…

Sejo – aquí no hay nadie…

Rora – y al parecer está todo cerrado. Según este cartel abren el fin de semana que viene, no este. – dijo leyendo un papel que estaba en la entrada del recinto.

Shira – HOOLAAAA ¿HAY ALGUIEEEEN? – gritó.

? – Al parecer habéis decidido venir… bien.

?? – por un momento pensamos que no vendríais.

Shira – ¿Quién está ahí?

? – ¿no me reconoces? – se oyó una voz fría procedente de las sombras. En seguida se apreciaron las figuras de  Shiroi y Kuroi esbozando una sonrisa misteriosa – ¿tantos años y no me reconoces?

Shira – ¿cómo? – le miró a los ojos y estos al posarse sobre ella le produjeron tal escalofrío que dio un paso atrás instintivamente. Los ojos de Kuroi eran diferentes. Eran fríos de un azul sin brillo más oscuros de lo habitual.

Shiroi – gracias por venir. Necesitábamos un sitio apartado para hablar con vosotros donde nadie nos interrumpiese y pudiésemos hablar con total tranquilidad. – dijo serio, directo y frío.

Rora – ¿Shiroi? – Preguntó Rora no muy convencida mirando al chico. Sus ojos eran tan fríos como los de su hermano, pero con una tonalidad grisácea. Su mirada era seria y calculadora. –¿qué ha pasado? ¿Por qué habláis así?

Shiroi –¿no es obvio magos elementales? – preguntó sorprendiendo a todos.

Hana – pero…

Shiroi – es sencillo – cortó a la chica antes de que pudiese continuar la frase – hace casi tres semanas cuando llegamos a casa nos encontramos a nuestros padres sin vida. Tres chavales estaban allí para contarnos la verdad.

Los chicos soltaron una exclamación ahogada.

Kuroi – a partir de ahí todo cambió… nuestra vida cambió.  Ese día cuando llegamos nos encontramos  a dos chicas que nos contaron que había pasado. Después apareció un chico alto de ojos rasgados y pelo rojo, con las manos envueltas en un fuego negro. Su camisa estaba cubierta de sangre. – su mirada se llenó de una mezcla entre odio y tristeza al recordar ese momento. Por la mueca que hicieron algunos de ellos, supo que sabía de quienes hablaban. – El chico del fuego en las manos nos dijo que se llamaba Ryuk y que estaba buscando a unos humanos especiales, unos Shikatsus y que nosotros les seriamos de gran ayuda. No entendíamos nada y nos tuvo que explicar que hay cuatro chicos que tienen los poderes de los cuatro elementos. Y daba la casualidad que nosotros los conocíamos de forma que podíamos facilitarle  a ÉL el trabajo a cambio claro de algo.

El silencio acompañado de una tensión palpable se apoderó del ambiente.

Shiroi – a cambio de devolverles la vida a nuestros padres.

Kuroi –  Solo ellos sabían cómo invertir lo que habían hecho.

Shiroi – En resumen. Nos contaron la verdad. Una que nuestros propios amigos nos estaban ocultando.

Kuroi – ¿dónde queda aquí el término amistad?

Hana – ¿qué? Pero… ¿Cómo? –  la pobre Hana no podía articular palabra sin que le salieran preguntas simples.

Shiroi – sencillo – acotó tranquilamente. – el brillo de vuestros ojos os delata, magos. Una vez que aprendimos a ver este mundo el resto se descubrió por si solo. Es curioso que no nos diésemos cuenta antes. De todas maneras, ahora tenéis que venir con nosotros.

Sejo –  ¡No podéis entregarnos a…quien sea él! – Exclamó – Aunque lo hagáis vuestros padres no volverán. Si es verdad lo que decís y están muertos, no hay marcha atrás.

Shiroi – ¿en un mundo donde las personas pueden usar magia? La magia mueve lo sobrenatural – respondió.

Rora – Eso no tiene nada que ver. La magia no llega a los muertos. La frontera entre la vida y la muerte es infranqueable. Tanto para los Eitaika como para los Shikatsus. En ese tema no hay distinción.

Shiroi – Rora… te puedes imaginar lo que es llegar un día a casa y encontrar muertos a tus padres y poco después descubrir que vuestros mejores amigos os ocultaban un gran secreto…Aún sabiendo que os lo guardaríamos…

Sejo – Shiroi – el chico peliblanco posó su mirada de hielo sobre él – Sabes perfectamente que si los magos son descubiertos por las autoridades humanas…a saber lo que harían – contestó por Rora que no sabía que decir – mucha gente nos teme y lo más seguro es que la gente quiera investigarnos o peor. No podemos ir diciendo por ahí lo que somos. – Rora se estremeció.

Shiroi – si te descubren con solo hacer un ligero movimiento con la mano te librarías de ellos – dijo fríamente.

Shira – ¿Qué? Nosotros no queremos hacer daño a nadie. Además, no es tan sencillo.

Shiroi – ÉL es el único que os comprenderá.

Hana – ¿y como sabemos que no nos quiere usar en su beneficio? – replicó. – ¿Cómo sabemos que no quiere hacer nada malo?

Kuroi  – ¿no confiáis en nosotros? – intervino por fin mirando alternativamente a Shira y Rora, que estaban más adelantadas mirándoles con terror y confusión.

Shira – ese tal Ryuk y sus amigos nos atacaron. Querían matarnos. Además estáis dando a entender que Ryuk los mató. ¿Lo lógico no sería que los odiaseis?

Kuroi – No se trata de eso.

Shiroi – Él nos puso al tanto de la verdad. Cosa que vosotros no hicisteis – se apreció un tono despectivo en sus palabras.

Kuroi – Él confió en nosotros. – contestó por su hermano.

Shira – Si no os dijimos nada, era para que no corrierais peligro por nuestra culpa. El hecho de ser quienes somos hace que las cosas sean diferentes. Fue por vuestra seguridad. ¿O acaso creéis que nos gustaba ocultároslo?

Kuroi – aun así, ya es demasiado tarde para protegernos de nadie. Hemos tomado una decisión, la cual solo puede llevarse a cabo si venís con nosotros. Es la única forma de salvarles.

Shira – Esas no son tus palabras. Esa no es tu forma de ser. ¿Qué te han hecho? – dice casi en un susurro dando otro paso hacia atrás.

Sejo – aunque vayamos no os van a devolver a vuestros padres, tenedlo claro.

Hana – ¿la única forma es entregarnos? además es más importante saber qué quiere ese tal…como se quiera llamar.

Rora – Llámale X.

Hana – pues eso. ¿Qué quiere de nosotros ese tal “Llámale X”? decidnos que quiere ese tío. Si quiere ir de buenas…

Shiroi – vosotros a cambio de la vida de nuestros padres – le interrumpió a la vez que se acercaba a Rora y  la coge de las manos – vamos Rora…

Rora  le mira fijamente a los ojos y se estremece. Enseguida se aparta sin soltar sus manos de las del chico.

Rora – ¿eres consciente de lo que dices? Sabes que eso es imposible. Sea lo que sea ¿qué ha pasado? has cambiado Shiro. No eres el Shiroi de hace tres semanas. No eres el Shiroi que conocemos.

Shiroi sopesó un momento sus palabras y la soltó para luego decir algo enfadado:

Shiroi – Si no lo fuera. ¿No sabría qué en uno de los campamentos, mientras hacíamos una actividad en grupo, tú te tropezaste y se te quedó el pie atrancado entre unas rocas? Entonces Yo te ayude a salir y del impulso viniste hacia mí empujándome. Los dos caímos al pequeño riachuelo que había debajo… y te dije”¿hacía falta que me tiraras a mi también?” y tu contestaste: “la verdad es que te he tirado para no caerme sola, así es más divertido”.

Rora no sabía que decir. Solo ella Kuroi y el propio Shiroi sabían esa historia.

Shiroi – ¿o acaso sabría que odias los hospitales y que por eso cuando te haces alguna herida intentas ocultarla?

La chica le sostuvo la mirada impasible aunque en su interior no era así para nada. Era Shiroi. Sólo Shiroi sabía eso.

Shiroi – ¿soy, o no soy yo? – se aproximó a ella.

Rora – yo… – vio las figuras borrosas de Shira y Hana acercarse.

Shiroi – por favor, venid con nosotros. Sólo os pedimos eso. – suplicó.

Shira – no.

Kuroi – ¿Qué? – preguntó desconcertado.

Rora – ¡¡NO!! – Gritó – ES NUESTRA ÚLTIMA PALABRA. – la chica recuperó la compostura y miró al gemelo mayor. – Lo siento Shiro. Pero que sepas eso, no quiere decir que seas el mismo. Has cambiado. Puedes seguir siendo el chico que conozco desde pequeña, pero has cambiado. No soy capaz de reconocerte – dijo señalándole – al chico nos acompaña al parque todas las tardes. No vamos a ir con vosotros.

Kuroi – no nos obliguéis a… – se percibía la irritación en su voz.

Sejo – ¿a qué? ¿A luchar? somos Shikatsus si os lo han explicado bien sabréis lo que podemos hacer si entrenamos…

Shiroi – lo sabemos…pero hay algo con lo que vosotros no contáis – en ese momento, Shiroi levanta la mano y una luz blanquecina la rodeó, después de un pequeño destello para después imitar el movimiento de un lanzamiento. Shira salió volando golpeándose con la pared y fracturándola, con quemaduras en la ropa. La sangre comenzó a brotar del hombro de Shira.

Rora – ¡¡¿¿PERO QUÉ HACES SHIROI??!! – dijo sin poder evitar el tono de asombro en su voz.

Su amigo de la infancia había atacado a Shira. Sin piedad. Con magia. Su mente se negaba a creerlo. No quería luchar contra él. No podía. Nunca se perdonaría si le hacía daño. Cuando consiguió recuperarse un poco del inesperado ataque salió corriendo hacia Shira para ayudarla.

Sejo –  ¿también sois Shikatsus? Pero… ¿cómo?

Kuroi – una emoción fuerte hace salir todo lo que llevas dentro. Te cambia. ¡¡Ahora haremos todo lo que sea necesario para recuperar nuestra vida!! – les espetó con odio. Un odio que se reflejaba claro como el cristal en sus ojos.

Shira – chicos, vosotros no sois así… – se levantó sujetándose el hombro ayudada por Rora.

Kuroi – ¿Quién dijo que no? Simplemente queremos que vengáis con nosotros, nada más. Así estaréis en un lugar donde nadie os molestara ni tendréis que preocuparon de que os descubran para haceros daño.

Hana – ¿estás sordo? No vamos a ir.

Kuroi – última vez… sois nuestros amigos ¿no? por nuestros padres, nuestra vida… – algo en él cambió cuando mencionó a sus padres – ¡VOSOTROS SOIS LOS ÚNICOS QUE PODÉIS JODER!

Shira – lo siento… lo siento mucho, pero no. No iremos con vosotros – dijo dejando ver en su cara la frustración de que aquello hubiese tomado ese camino – y tampoco queremos luchar. Por favor, dejadlo ya.

Kuroi – nosotros tampoco queremos luchar pero no nos estáis dejando otra opción. Si no es por las buenas, será por las malas – Su hermano levantó dos dedos, los cuales se rodearon de un aura de un blanco muy puro.

Antes de que nadie pudiera decir nada, lo lanzó delante de los chicos provocando una gran explosión acompañada de una enorme nube de humo.

-Fin del capítulo-

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