Capítulo 9

Por fin era viernes, la noche anterior Shira no pudo dormir. Pasó toda la noche dando vueltas preguntándose donde podrían estar esos amigos a los que había cogido tanto cariño. Ni ella misma se lo podía creer cuando Rora se los presentó. Al primero que conoció fue a Kuroi porque su hermano estaba haciendo otra actividad del campamento, lo que la desilusionó un poco ya que le fascinaban los gemelos. Dos personas casi idénticas por fuera y en ocasiones tan diferentes por dentro.

Rora le había hablado mucho de ellos ya que los conoció en un campamento anterior y tenía muchas ganas de conocerlos cuanto antes. Cuando se presentó ante Kuroi, lo primero que le dijo fue <<¡¡me encantan tus ojos!! Tienen un color…diferente, parecen el fondo del mar pero en brillante, y es muy bonito>> en aquel momento Kuroi mostró una cara de “¿pero que me está diciendo esta?” Pero poco a poco dejó la bordería de lado y se convirtió en una persona bastante cercana. Cuando ella le preguntó porque había reaccionado así aquel día, el niño que era Kuroi le contestó que se había sorprendido de que alguien se hubiese querido acercar a él para hablar y no para insultarle. Aquello la dejó de piedra y sintió lástima de aquel niño. Pero también tuvo curiosidad por conocerle más a fondo y ver cómo era en realidad.

Por otro lado, Shiroi era el mayor y también el más serio. Su seriedad le había conseguido la antipatía de otros. Pero Shira en  menos de una semana, ya hablaba con ellos como si se conocieran de toda la vida. Tenían muchas cosas en común, pero a la vez eran diferentes. Estos recuerdos estuvieron rondándoles por su mente hasta que Rora se acercó a ella.

Rora – holaaa Sidriña.

Shira – Kuuki-chan ohayooo – saludó con voz apagada, pero aun así se esforzó por esbozar una sonrisa.

Rora – ¡¡por fin viernes!!

Shira – si… – suspiró mirando a la nada.

Rora – Prueba con otra respuesta. Esa no me gusta.

Shira – ¡viernes! ¡Por fin! ¡Y…! ah nada déjalo, no me sale. He dado muchas vueltas al tema de los gemelos desde que salimos de su casa. No puedo pensar en nada más.

Rora – si yo también, pero por más que pienso no encuentro opciones posibles de que está pasando aquí. No se si de verdad debería preocuparme o dejarlo porque en cinco minutos cruzarán esa puerta gritando como locos, bueno eso Kuroi, cualquier cosa de una aventura por casa de la tatarabuela del país de al lado.

Shira – y luego su hermano diciendo que deje de fantasear, que estuvo durmiendo todo el tiempo  y suelte algún tecnicismo científico de los suyos que deje a Kuro por los suelos.

Las dos amigas soltaron una carcajada al imaginarse la situación. Que curiosamente se daba a menudo.

Shira – yo solo… quiero saber que están bien. Podían haber avisado. Pero si no lo han hecho es que algo grave ha pasado y no me gusta…

Rora miró por la ventana suspirando pesadamente.

Sejo, Rozo y Hana estaban discutiendo con Lyon de cosas sin sentido. Shira y Rora seguían hablando cuando por la puerta aparecieron Shiroi y Kuroi gastándose las típicas bromas matutinas que ya eran costumbre en ellos.

Shira – no me lo puedo creer… – dijo sin apartar la vista de la puerta.

Rora – pero…

Kuroi – hoool… ¡ah! – Shira y Rora se habían acercado al par de chicos y le habían propinado un puñetazo en el brazo a Kuroi, que estaba el primero.

Rora – ¡¿creéis que podéis iros así sin más, sin avisar ni nada?! ¡¡Par de idiotas!! – gritó sin contener su enfado. Había estado muy preocupada.

Shira – ¿por qué no contestabais a las llamadas? ¿¡Vosotros sabíais lo preocupados que estábamos, cacho par de boniatos?!le da otro golpe en el brazo a Kuroi. Poniendo más fuerza.

Kuroi – eeh… ¿boniatos? – se extraña. – parece que me he perdido mucho.

Shiroi – hola. Es raro verte tan alterada Rora – sonríe. Al ver la mirada seria de la chica continuó – Nuestros padres salieron de negocios urgentes y decidieron que debíamos ir con ellos por cuestiones de seguridad. Además era mucho tiempo fueraexplicó el chico tranquilamente.

Rora – pero podíais haber avisado ¿No? ¡O coger las llamadas! – dijo un poco más calmada. – para algo existen los teléfonos móviles ¿no creéis? – terminó.

Rozo – ¡hombre mira quienes aparecen! – Se acercó a los recién llegados –¿qué pasa que os dio miedito el examen de lengua de hace casi tres semanas?

Shiroi – tan gracioso como siempre… – sonrió.

Hana –¡¡anda pero si habéis aparecido!! Llegáis tarde a clase…

Kuroi – si… – miró hacia el suelo lo que captó la atención de Shira.

Shira – ¿va todo bien Kuro? – preguntó con recelo. Actuaba extraño. Parecía estar sumido en sus pensamientos, como si a pesar de que su cuerpo estuviese allí su mente estuviera en cualquier otra parte. El chico se percató de su mirada y sonrió volviendo a la tierra.

Kuroi – si, si. No te preocupes. Bueno ¿qué nos hemos perdido? – se acercó  al grupo y el resto empezó a contarles mil cosas que habían sucedido las últimas semanas de su ausencia.

En ese momento sonó el timbre que marcaba el inicio de las clases del viernes. Cada alumno se sentó en su sitio correspondiente justo cuando llegaba el profesor. La clase transcurrió entre bromas y quejas del profesor por el parloteo de algunos alumnos.  Una vez sonó el  timbre del recreo  todos salieron disparados de la clase.

Shira estaba guardando las cosas cuando se le acercó Rora y Hana que la estaban esperando.

Rora – ¡Sidriña tardas muuuchooo! ¡leeeeeeeeeenta! – gritó mientras se acercaba.

Shira – voooooy – contesta tranquilamente.

Hana – mmm… quiero hablar con vosotras… no sé si os habéis dado cuenta pero… Shiroi y Kuroi han estado la mayoría de las clases mirándoos… – pone voz misteriosa.

Shira – ¿eing?

Rora – pero…

Hana – pero la cosa está en que os miraban raro… no sé. Era de una forma extraña.

Shira – ahora que lo dices yo antes he visto a Kuroi raro. Parecía que había desconectado mientras hablaba con él. Se suele desconectar cuando te aburres no cuando hablas con la gente.

Rora – puede ser que le aburrieras – Shira le dio un empujón con el hombro. – tampoco es que hayan dado muchos detalles de su viaje.

Shira – igual han descubierto que las responsabilidades adultas no molan y se han traumatizado.

Shiroi – idiota la próxima vez vas tú… – se quedó quieto, como sorprendido de verlas allí todavía. – ah, hola chicas.

Su hermano apareció por detrás y pareció sorprenderse al ver a Shiroi parado en la puerta. Sin embargo, el chico de pelo negro se acercó a su mochila mientras su hermano lo seguía acto seguido con desgana.

Las chicas se mantenían calladas, observándoles. Kuroi cogió algo de la mochila y se alejó hacia la puerta sin decir nada. Pero Shiroi pasó al lado de Rora, que miraba la escena sin terminar de entender que sucedía y su sorpresa aumentó cuando Shiroi se quedó a su lado mirándola como si fuese un cuadro llamativo en una pared de un museo. Algo raro pasaba con esos dos. Y lo peor de todo es que no tenía buena pinta.

Kuroi – ¡muévete Shiro! – gritó desde la puerta. Esto hizo reaccionar a Shiroi  que parpadeó como si acabase de darse cuenta de donde se encontraba. Entonces, se giró bruscamente y los dos hermanos desaparecieron por la puerta.

El silencio inundó la clase vacía.

Hana – eh…

Rora – vale, sin duda están raros… ¿Qué coño ha sido eso? ¿Qué está pasando?

Shira – están poseídos – dijo paranoica – seguro que en el viaje se encontraron con alguna tribu indígena y los maldijo o les hicieron algún ritual y ahora tienen dos espíritus luchando por ver quién se queda con el control del cuerpo.

Hana – anoche viste la peli esa de… ¿Cómo se llamaba?

Rora – ahórratelo: si. Me arrastró con ella. – Miró mal a Shira que hizo el símbolo de la victoria mientras sonreía abiertamente – es raro decirlo pero cuando estaba aquí delante mía…he sentido un escalofrío. Como si algo en su mirada hubiese cambiado.

Hana – pero no es solo eso… su presencia es extraña. ¿No lo habéis notado?

Ninguna fue capaz de contestar. Simplemente se quedaron mirando por donde los hermanos habían salido sin llegar a comprender que estaba pasando.

Las clases continuaron hasta que sonó el timbre de la liberación. Por fin llegaba el fin de semana. Las semanas que quedaba eran ya de exámenes finales. Todos fueron juntos a la salida como de costumbre, y también los gemelos que casi no hablaban, lo que era poco corriente en ellos. Cuando llegaron al cruce Sejo, Rozo y Hana se disponían a cruzar cuando de repente Kuroi dijo:

Kuroi – eh chicos ¿qué os parece si esta tarde, después de las clases extraescolares quedamos en unas ruinas que hay a las afueras? Han montado una pista de hielo y la abren hoy así que es gratis por ser el primer día.

Hana – Sé donde es. Suena interesante. Por mi si pero ¿están muy lejos?

Rozo – yo no puedo, ya iré otro día y me invitáis entre todos.

Sejo – no tienes morro ni nada.

Rozo – y lo barato que os va a salir ¿qué?

Rora – bueno pues quedamos a la hora de siempre donde siempre.

Shiroi – nosotros nos adelantamos por si hay cola para entrar ¿os parece?

Sejo – me parece bien. Pues luego nos vemos – se despidió.

Rora y Shira – adiós…¡¡LOMBARDAA!!

Sejo –¡¡OS ODIOOOO!!

Shira – por supuesto somachu retretil alombardadooooo.

Rora – ¡¡y no te olvides de los boniatos!!

Sejo – paso de vosotraaaas.

Rora – no aguantarás muuchooooo.

Sejo – ¿Qué no? espera y verás – dijo cruzando por el paso de peatones para alcanzar a Hana y a Rozo que ya estaban en el otro lado.

Llegó la hora en la que habían quedado para ir a la nueva pista de hielo, ya estaban todos entrando en el metro.

Rora – he estado pensando…

Sejo – ¡Hala! ¿Pero tú haces de eso?

Rora – ¡Más que tú intento de vela! – le saca la lengua.

Sejo – Si, pero el que tu pienses… –  no pudo terminar la frase porque Rora le soltó un collejón.

Rora –  ¡calla leches! os digo que es serio, ¿no os parece raro que la pista de hielo esté en unas ruinas?

Sejo –  pues no, si no hay sitio en…

Rora – a callar. Y no os parece raro que Shiroi haya dicho que ellos se adelantaban. Normalmente vamos todos juntos aunque sepamos que va a haber una cola del copón.

Shira – eso es cierto. Desde siempre hemos hecho la cola todos juntos. Es la tradición.

Rora – además esa mirada. Era distinta. Más como… si algo se hubiese apagado.

Sejo – Bueno, sea lo que sea al parecer no tiene buena pinta.

Hana – Algo ha tenido que pasar en ese viaje. No me gusta desconfiar de los amigos, y menos si son tan cercanos. Pero deberíamos andarnos con cuidado. Algo no anda bien.

Shira – Todo es tan raro. Ellos están tan raros…

Rora – Sea lo que sea, lo sabremos. No sé porque algo me dice que no servirá de nada preguntarles. Hasta entonces vamos a intentar divertirnos.

Hana – Claro – dijo esbozando una sonrisa. Todos asintieron un poco más alegres.

Rora – pero aun así, estad alerta y observad. Algo está pasando.

-Fin del capítulo-

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