Capítulo 7

Las clases transcurrieron con normalidad para el grupo de amigos. Habían pasado unos días desde que sucedió aquello. Ninguno sus atacantes apareció por allí. Como si nunca hubieran existido. Sabían que estaban en peligro y el único adulto que les proporcionaba ayuda y confianza era Megumi. Les rondaba por la cabeza saber cuál era su objetivo ¿matarles? ¿Y entonces por qué se fueron? ¿Y de qué servirían sus muertes?

¿Pasatiempo? tal vez. No tenía mucho sentido, pero eso nunca lo sabrían.

Decidieron dejarlo a un lado y dedicarse al entrenamiento y los estudios porque sino aquello se convertiría en un verdadero quebradero de cabeza. Pero se mantenían alerta. Por otro lado Misa no recordaba nada de lo que sucedió aquella tarde después de las clases de canto, lo que realmente sorprendió a Shira. Además los gemelos por poco los pillan, ellos eran normales y no sabían nada de que sus amigos eran…”especiales”. Así que tuvieron que inventarse alguna que otra historia para explicar sus extrañas heridas y rasguños.

Al finalizar todas las clases, como era costumbre, iban todos juntos. Al llegar al cruce de siempre Rozo, Sejo y Hana se desviaron del camino, quedando solo Rora, Shira, Kuroi  y Shiroi. La siguiente parada era la casa de Rora, pero antes de llegar se detuvieron en un parque cercano a su casa.

Shira –¡¡demasiados debereees!!¡Voy a morir!

Kuroi – Si quieres los hacemos juntos esta tarde.

Shira –  ¿pero tú haces los deberes? – por respuesta el chico de pelo negro hizo un mohín con la cara.

Shiroi – yo no puedo, tengo que hacer el trabajo de francés que todavía no lo he entregado y mañana se me acaba el plazo.

Rora –  yo si pued… ¡ah no! esta tarde tengo que recoger mi habitación que si no, no me dejan salir…

Shira – si no fueras taaan desordenada…

Rora – no lo soy, solo pongo las cosas a mi alcance para no tener que estar rebuscado…

Shiroi – no cambias.

Rora  – pero así es más divertido.

Shira – pueess yop me voy a hacer las bonitas tareas de clase…lo que me voy a divertir – dijo poniendo cara de asco. – Kuroi ¿vienes y me haces los deberes?

Kuroi – y una mierda. Los haces tú. Aunque me vas a ayudar con mates. Las mates y yo no nos llevamos bien – dijo poniéndose la mochila sobre el hombro.

Shira – no puedo hacer milagros, lo sabes.

Kuroi – que no se diga que no se ha intentado. Andando.

Shira – bueno pues nos vamos chicos… os dejamos solos, procurad no crear alguna explosión por experimentos raros y esas cosas vuestras de cerebrines ¡¡¡SAYONARA!!!

Shiroi – ¿ha dicho…?

Rora – si, está loca. Pero ella es feliz. Y EXPLOTAR COSAS MOLA. – gritó la última parte para que la oyesen Kuroi y Shira que cada vez estaban más lejos.

Vio como Shira le sacaba la lengua justo antes de que ella y Kuroi girasen en una esquina y desapareciesen por una de las calles que desembocaban al parque, entre varios puñetazos  que le daba Shira en el hombro a Kuroi por alguna broma que éste le había gastado.

Shiroi – y al final, por fin, me libré de mi hermano.

Rora – ¡exagerado! Si en el fondo le quieres mucho muuuchoooo. – dijo dando vueltas un par de pasos por delante de él para acabar mirándole. – además y lo divertido que sería vivir con él. Siempre os alejáis de aquí riéndoos y yo me quedo sola con mi música hasta que llego a casa.

Shiroi – es lo malo de que vivas aquí…

Rora – bueno, si te fijas al final hemos cogido la costumbre de quedarnos en este parque un rato.

Shiroi – al menos lo pasamos bien. Aunque un día Shira y tú os vais a matar en los columpios.

Rora – NAAAA. Los columpios son los mejores. Y es la tradición. Además es divertido. Los planes más divertidos siempre han salido allí. – dice esbozando una sonrisa.

Shiroi – si, eso es cierto. Aunque sigo sin ver lo de los columpios.

Rora le mandó una mirada que intentaba ser amenazante pero entre la risa y el frío que empezaba a hacer ya por esa época, pues era mediados de otoño, no la dejaron. Cubrió la boca con sus manos en un intento de ocultar un agudo estornudo. Cuando se recuperó del ataque se dirigió a su amigo y en un rápido movimiento y pillándole por sorpresa, le robó la chaqueta que llevaba puesta y se la puso ella.

Shiroi – oyeee, eso me pertenece. Lo he pagado con mi dinero.

Rora – eeeeehhh, que tengas el pelo largo no te exime de que sigas siendo un chico y por caballerosidad me la debes dejar. – le dijo sacándole la lengua que metió rápidamente otra vez en la boca porque se la enfriaba.

Shiroi –eso no quiere decir nada y si yo tengo frío ¿eeehhh?

Rora – te aguantas y punto. – dijo dándose la vuelta y siguiendo hacia adelante.

Shiroi –  oyyyee – dijo mientras se ponía a la altura de la chica e intentaba recuperar su chaqueta. En vano.

Rora – jajajajaja, mira que no poder quitármela. Shiro estás fofo. – dijo intentando contener la risa lo más posible.

Shiroi – eso no se le dice a un hombre – al ver la mirada escéptica de su compañera dirigiéndose a su cabello agregó – aunque tenga el pelo largo. Y a partir de ahora iré al gimnasio. – agregó sin poder evitarlo. Se había picado.

Rora – uy uy uuuuyyyy, se picóoooo.

Shiroi – ni de coña enana lianta, a partir de mañana me apunto al gimnasio. ¿Qué te apuestas a que en un mes no eres capaz de quitarme la chaqueta con tanta facilidad?

Rora – cinco euros a que sí.

Shiroi – tenemos un trato pues. – dijo mientras los dos se daban la mano para sellar su apuesta.

Lo que ninguno de los dos se había dado cuenta es que ambos habían seguido andando en dirección a la casa de Rora (dirección contraria de la que debía tomar el chico). Cada uno iba pensando en sus cosas, Shiroi en los gimnasios cercanos haciendo presupuestos aproximados, pensando que el que estaba a dos manzanas de allí iba a ser su mejor opción. Rora, por su parte, estaba viendo las maneras de entrenar para quitar chaquetas con facilidad, al final decidió que miraría videos, tutoriales e información. Básicamente haría una investigación completa sobre como quitar chaquetas a otras personas. ¿Y quién sabe? Quizá en un futuro la fuese útil.

Cuando llegaron a la puerta de la casa de Rora ambos volvieron a la realidad.

Rora – mira, al final has sido un caballero y me has acompañado a casa y todo. – dijo con un deje de diversión.

Shiroi – ¿ves? y luego te quejas de mí.

Rora – a callar señor fofo. Por tu insolencia me quedo con tu chaqueta.

Shiroi – Ni de coña enana lianta que hace frio. – dijo intentando quitársela. Pero Rora consiguió entran en su casa antes de que la cogiese. Se asomó por la ventana y le contestó:

Rora – Así para no pasar mucho frío vas corriendo a tu casa y ya de paso empiezas a entrenar. – dijo sacándole la lengua y cerrando la ventana.

Shiroi – no veas como voy a aprovechar esos cinco euros enana lianta – dijo mientras se alejaba en dirección a su casa. Y es que en el fondo es cierto, la confianza da asco. Mucho asco. Rora era muy cabrona cuando se lo proponía, aunque normalmente la tomaba con su hermano o Sejo o Rozo.

 

Al día siguiente cuando llegó Hana a clase, Shira, Rozo, Rora y Sejo  estaban en el poyete de la ventana del pasillo, esperando a que empezaran las clases.

Hana – ¡holaaa! – exclamó demasiado alegre para lo temprano que era – ¿Qué tal por aquí?… ¿eh? ¿Y los gemelos? – preguntó curiosa. Normalmente venían junto con Rora y Shira.

Rora – Hoy no hemos venido con ellos por el camino. Llegarán ahora.

Shira – no son de los de llegar tarde, y menos los dos juntos. Seguro que Kuroi se ha quedado sopa.

Rozo – o los dos: puede que tengan esa telepatía que tienen los gemelos y Kuroi le haya pegado el sueño a Shiroi. – Rora que estaba negando con la cabeza iba a decir algo cuando Sejo se la adelantó.

Sejo – puede que sean gemelos pero la verdad es que no son completamente iguales, es más, son bástate opuestos tanto física como personalmente.

Hana – cierto, los dos tienen el color de pelo opuesto: negro y blanco ¡como la luz y la oscuridad! Es curioso la verdad.

Sejo – Si, aunque si fuese así serían más de oscuridad. Cuando se lo proponen son bastante cabrones.

Shira – ¡no son tan malos! ¡Son muy majos! Sobre todo cuando trabajan juntos.

En ese instante sonó el timbre y la clase comenzó. Tocaba lengua. Examen.  Se podía apreciar el cansancio de algunos alumnos que habían estado la noche anterior estudiando o haciendo un último esfuerzo por aprenderse el temario.

Cada alumno se sentó en su sitio con desgana y con algún que otro suspiro.

Profesor – vaaaaya que entusiasmo tenéis por hacer el examen. Por las caras diría que os sabéis LA LECCIÓN, A LA PERFECCIÓN. ¿Veis que poeta soy? si por algo estudie lengua y literatura, para compartir mis conocimientos con mis queridos alumnos que el día del examen se sabrían todo… SI QUERÉIS APROBAR, TENÉIS QUE ESTUDIARRRR – Dicho esto, empezó a repartir los exámenes con una amplia sonrisa malvada imaginándose muchos de los resultados. – ¿y Los gemelos demoniacos? – así apodaban la mayoría de los profesores, alumnos y amigos a Shiroi y Kuroi,  ya que estos eran los que hacían que las clases fuesen más amenas con sus bromas (Kuroi hacía las bromas y Shiroi le ayudaba a salir del marrón) en la que algunos profesores también participaban.

Rora – hoy no han venido. No sabemos por qué.

Profesor – gracias por la información señorita Hikaru. Es raro que falten los dos juntos. No me preocupa mucho, sacan notas aceptables, aunque en algún que otro examen me encuentro cosas sin sentido que solo pueden salir de mentes tan retorcidas como las de esos demonios – tras decir esto, se dio por hecho que el examen comenzaba.

Cuando sonó el timbre que daba por finalizadas las clases de hoy todos salieron precipitándose por la puerta. Rora y Shira se preguntaban que les podría haber pasado a los gemelos que no se habían presentado.

Los dos días siguientes también faltaron. Pensaron que estarían enfermos así que probaron a llamarles,  pero nadie le contestaba al teléfono y debido a unos cuantos exámenes no tuvieron tiempo de ir a su casa.

Pasaron  dos semanas y media. Ya empezó diciembre y los gemelos no habían aparecido.

-Fin del capítulo-

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