Capítulo 4

Se hizo el silencio.

Megumi – ¡A ENTRENAR YA!

Sejo – ¡¿Qué?! ¿Y los deberes?

Megumi – no os voy a mandar tanto además, me lo debéis por jugar en clase.

Rozo – pero Meguuuuu – se quejó.

Rora – yo no puedo ir. – Todos se giraron para mirarla preguntándose el por qué con la mirada – tengo que hacer el trabajo de biología.- explicó.

Hana – aahh, es cierto que tenemos que hacer el dichoso trabajo. Mi grupo ya lo ha empezado. Lo vamos a hacer de la evolución.

Shira – buen tema. ¿Y con quien vas de pareja?

Hana – con Lyon por desgracia – hizo un mohín. Todos sabían que Lyon era el chulo de la clase que ligaba hasta con profesoras – ¿y tu Shira? ¿De qué lo vas a hacer?

Shira – De la teoría de la tectónica de placas – dice saltando como si estuviese muy emocionada. – y sí, me toca con Kuro.

Las dos la miraron largamente.

Rora – están perdidos.

Hana – totalmente – coincidió.

Shira – pues entonces – esbozó una sonrisa malvada y de su mano brotó una fuentecilla de agua que se convirtió en un torrente espontáneo que caló a todos al escuchar pasos corriendo en el pasillo.

Por la puerta apareció Shiroi y se quedó mirando la escena: Shira con la mano en alto; Sejo, Rozo, Hana y Megumi unos cuantos pasos alejados de Shira calados hasta los huesos y Rora en la palestra del profesor observando el panorama totalmente seca.

Shiroi – emmm.

Shira – la liamos al hacer la limpieza.

Shiroi – eso sí que es liarla.

Sejo – ¿por qué yoooo? si ni siquiera he abierto la boca. – lloriqueó.

Shiroi – bueno son las consecuencias de no tener cuidado con lo que se le dice a Shira – pensó en voz alta. – aunque Rora tampoco se queda corta…

Megumi – ¿Rora? pero si Rora parece muy alegre y amable.

Sejo y Rozo – ¿QUÉ HAS DICHO?

Sejo – ¿Rora? ¿Amable? Já.

Rora – pero si yo soy una niña güena – canturreó con cara inocente.

Shiroi – ¿Bueno Rora nos vamos a hacer el trabajo? Te estaba esperando fuera pero no salías.

Rora – sip, nos vamos. Aaaaadiós chicos os dejo el trabajo susio para vosotros. Pero va con todo mi amor eeeehhhh – miró a Sejo – byebiii simposio.

Sejo – ¿Simposio? ¿Por qué me llamas simposio? Es más, ¿qué significa eso? si ni siquiera tú lo sabes.

Rora – porque se me acaba de venir a la cabeza esa palabra. – Caminó hacia la puerta y se detuvo para girarse hacia el chico pelinegro – y un simposio es una reunión normalmente de médicos para tratar sobre algo… médico. – le respondió sacándole la lengua.

Sejo – ¿UNA REUNIÓN? – miró hacia la puerta para enfrentarse a Rora pero la puerta ya estaba vacía – RORAAA VEN AQUÍ AHORA MISMOOOO. – pero ni siquiera estaba ya en el pasillo. – Rora, te juro que esta te la devuelvo.

Hana – deja tu venganza para luego.

Megumi – eso. Nos conocemos poco, pero podéis confiar en mí. ¿Qué os parece si venís a mi casa y nos ponemos a entrenar?

Sejo – a entrenar, noooooo. Además, ¿Dónde queda eso de no aceptar ofertas de ir a casa de desconocidos?´

Shira – ¡MENTIRAS! NOS QUIERES SECUESTRAR PARA ENGORDARNOS Y COMERNOS.

Megumi – ¿qué? ¿De dónde has sacado eso?

Hana – es que ayer vimos Hansel y Gretel cazadores de brujas.

 

 

Los chicos llevaban un rato andando siguiendo a su nueva profesora. Habían decidido ver esa maravillosa sala de entrenamiento Shikatsu de la que tanto presumía por el camino.

Megumi – bueno ya hemos llegado – Señaló un apartamento normal y corriente.

Rozo – pero si no es nada del otro mundo.

Megumi – ¿y tú que poderes tenías? Un momento – puso las manos sobre los hombros del chico y lo miró fijamente a los ojos. – ahora que recuerdo, antes tu amiga ha dicho que ninguno… no eres nada del otro mundo.

Rozo – no me gusta esta profesora – susurró.

Megumi – ¡pero si soy encantadora! Venga para dentro.

Inició el ascenso por la escalera con los adolescentes detrás suya.

Sejo – falta Rora y sus comentarios espaciales y sin sentido.

Shira – Jo, Rora vuelve – sollozó. – hasta Sejo te echa de menos.

Megumi – menos cachondeo y todos a dentro – dijo abriendo una de las puertas del segundo piso y con una mirada asesina y voz amenazante.

Al entrar por la puerta los chicos vieron un pasillo a cuyos lados había varias puertas. A la derecha se veía la cocina y un poco más lejos, le salón. En frente de estos había otro par de puertas cerradas que debían corresponder al baño y  la habitación. Finalmente al fondo había una puerta cerrada un tanto siniestra.

Los chicos entraron directos al salón. En el centro tenía un sillón verde de tres plazas y a ambos lados de este dos puf de sentarse del mismo color que el sillón. Enfrente de este había un mueble enorme con una televisión plana de 50 pulgadas 3D, con varias consolas. Al parecer tenían una profesora friki. Qué cosas.

Entre la tele y la puerta había una estantería de libros casi vacía, como si todavía se estuviese mudando.

Justo enfrente a la entrada del salón se veía una puerta de cristal que daba a un pequeño balcón con vistas a un jardincillo cercado por los muros que delimitaban la propiedad del edificio.

Sejo – ¡JODER CON LA TELE!

Rozo – ya te digo. Y con la mejor consola del mercado. – se acercó junto a su amigo a acariciar las consolas.

Hana – ¡qué bonito balcón! ¡Es chiquitajo! Que cuqui.

Shira – oye Megu… ¿y la puerta del final del pasillo? – dijo en dirección a la puerta cerrada.

En ese momento sonó el timbre.

Megumi  – un momento. Parece que tengo visita – se alejó contenta hacia la puerta mientras sus alumnos escaneaban a fondo el salón.

¿? – ¡HOLAAAA!

Rozo – esa voz es escalofriantemente conocida.

Shira y Hana – ¡RORA! – Rora apareció por la puerta del salón.

Rora  – cuanto tiempo sin veros mis queridos… ¿amigos? – exclamó con ironía.

Sejo – ¿qué haces tú aquí?

Rora – os acabo de ver entrar a este piso y he decidido visitaros.

Sejo – ¿qué? ¿Pero no tenias que hacer un trabajo?

Ro – sip, pero ya lo he terminado hace cosa de un buen rato.

Hana – su pareja era Shiroi. Todos sabemos que entre los dos han tardado menos de un suspiro en acabar lo de Bio.

Rozo – ¿y qué hacías en este barrio? ¿Dando un paseo a estas horas?

Rora – emm ¿por qué vivo en frente? – señaló hacia la puerta principal.

Todos – ¿QUÉEEEE? – todos se arremolinaron en la puerta y se fijaron que exactamente la casa de enfrente es donde vivía Rora. Solo que al no ser la entrada no la habían reconocido.

Hana – bueno entonces dinos Megumi, ¿para qué es esa puerta?

Megumi – oh, bueno son para magos aliados que no tengan donde dormir, pero aún no están en uso. Allí también se encuentra algo que ahora veréis.

La chica de las coletitas y la de las puntas de pelo hacia arriba les ignoraron completamente.

Shira – ¡RORAAAA!! Tienes algo que contarme ¿nooooo? ¿Qué tal el trabajo? – se le dibujó una sonrisilla insinuadora en la cara.

Rora – ich, yo me piro. – se alejó intentando escapar de Shira.

Shira – ¿y bien? – dice cogiéndola por el cuello de la camisa.

Rora – emm, bueno, puessss…

Hana – vaya, Shira ¿cómo has hecho para que Rora no dé una respuesta directa?

Shira – es que soy la leche – dijo haciendo el símbolo de la victoria sin dejar de mirar a Rora. – bueno Kuuki-chan cuenta, cuenta…

Megumi – bueno chicos basta de tonterías. Os voy a enseñar algo muy importante que os va a servir mucho.

Rora se libró del agarre de su amiga y pudo respirar tranquila, no sin antes recibir una mirada asesina por parte de Shira que le hizo el gesto de “te vigilo” con los dedos.

Todos los chicos siguieron a Megumi  hasta puerta cerrada. Era algo más ancha que las demás y parecía hecha de una madera tosca y dura. En el centro tenía tallado un símbolo similar a una estrella de seis puntas pero debido al color oscuro de la puerta apenas se notaba. Sonó un fuerte clac de la cerradura, seguido de unos cuantos chasquidos metálicos inquietantes. Una vez la puerta se abrió, Megumi los invitó a bajar unas escaleras bastante largas y oscuras de cemento sin ningún recubrimiento. Al llegar al final, vieron  una sala muy amplia, con mucha altura y con  vigas de madera. La sala estaba decorada con un estilo muy minimalista, y en el centro había una especie de caja gigante en la que no se veía nada dentro.

Sejo – ¿qué es esa caja?

Megumi – es la sala de entrenamiento, es una sala aislada, por lo cual todo lo que hagáis no saldrá de allí. Podréis entrenar tranquilamente sin ser descubiertos.

Hana – ¡hala que guay!

Rora – Muy bonito todo. Ya os he visto la cara así que me piro.

Shira – ¡¿qué?! No puedes irte.

Rora – sorry, le dije a Kshuy que jugaríamos a la consola juntos, además tengo ham-ham.

Sejo – ¿ham-ham?

Rora – Es hambre en mi idioma cacho de lombarda azul radiactiva.

Sejo – ¿lombarda? ¡Pero si las lombardas son moradas!

Rora – ah, y simposio también. – y desapareció.

Sejo – te odio.

Una vez todo en calma, Megumi les hizo un tour por la Sala de Entrenamiento mostrándoles distintas armas (que tenían prohibidisimamente tocar) incluso algún circuito para mejorar la forma física. En todo momento los chicos miraban el lugar con recelo, sintiendo que cada vez que salieran de allí envejecerían diez años de golpe y eso sin contar que su querida entrenadora no sería para nada considerada…

Viernes, Instituto

Sejo – ahhhh, que sueñoo… – se recostó sobre su mesa.

Hana – mira el lado bueno, es viernes. – dijo sentándose en la silla, colocando su mochila.

Rozo – ya, pero queda un día de clase.

Shiroi – pero es muy light. – el chico apareció al lado de Sejo.

Rozo – para ti, a mi me tocan asignaturas de optativa asquerosas.

Shira – te jodes – sonrió amablemente.

Rozo – calla idiota.

Sejo – oye Shiroi, ¿y Rora y tú hermano?

Shiroi –no sé, se perdieron de camino a clase.

Shira –  mejor, así puedo preparar mi súper mega híper broma.

Sejo – da miedo.

Shiroi – con lo buena que es.

Se escuchó jaleo procedente del pasillo. En ese momento se abrió la puerta y entró Kuroi de espaldas medio agachado como si estuviese arrastrando algo muy pesado.

Kuroi – que entres tonta. – dijo girando violentamente hacia dentro llevando consigo a Rora enganchada de la cintura.

Rora – ¡NOOOOOOO! ERES UN TRAIDOR, IDIOTA, MENDRUGO, MERLUZO, XULINJO, CHENOQUILO, PACHILUNO… – calló un momento por falta de aire y Kuroi aprovechó para tirarla a su silla.

Kuroi – calla.

Sejo – ¿ha perdido alguna apuesta?

Nadie contestó. Solo se escuchó un susurro procedente de la chica:

Rora – esto no acaba aquí. – echó una mirada asesina a Kuroi justo cuando entraba Megumi con un montón de hojas.

-Fin del capítulo-

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2 comments

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