Capítulo 1

Se dice que los humanos con poderes mágicos son gente magnífica, gente con mucha suerte y cuya vida es mucho más fácil. Aun así, si en la sociedad en la que vives, ser distinto a los de más, por cualquier motivo te convierte en un ser en el que hay que desconfiar, un ser con poderes mágicos te convierte en un bicho raro, al que se teme, se desconfía y se evita.

– Se dice que los humanos con poderes mágicos son gente magnífica, gente con mucha suerte y cuya vida es mucho más fácil. Aun así, si en la sociedad en la que vives, ser distinto a los de más, por cualquier cosa te convierte en un ser en el que hay que desconfiar.  Entonces, un ser con poderes mágicos se convierte en un bicho raro, al que se teme, se desconfía y se evita. Pero cuando descubres que tus mejores amigos poseen esa clase de “Don”, si se le puede llamar así. Entonces bueno, digamos que las cosas se vuelven más… ¿cómo llamarlo…? caóticas.

¿? – O venga ya Rozo, nos adoras.

Rozo – con lo bien que me estaba quedando.

El chico, Rozo, es un chico de cabello rubio cenizo, ondulado y le llega a la altura de los hombros. Del centro de la cabeza le sale un curioso pelo para arriba en forma de antena acabada en una espiral. Va vestido con una camisa verde olivo de manga larga. Abierta y encima de una camiseta blanca. Unos pantalones vaqueros de color azul oscuro rectos y unas deportivas rojas. Tiene los ojos verde claro y una expresión de derrota en la cara.

¿? – jajajaja en el fondo nos quieres. Y lo sabes. Sin nosotros tu vida sería demasiado aburrida.

Rozo – Bueno, ni que estuvieseis haciendo algo del otro mundo. Jugar a las cartas. – dice irónicamente.

Se ve como el chico está en una sala, en la cual hay una mesa cuatro chicos: tres chicas y un chico, alrededor de ella jugando a las cartas.

Una de las chicas, de pelo castaño claro por los hombros y desenfadado con dos pinzas que sujetaban parte del flequillo, tenía unos grandes ojos azul grisáceo. Iba vestida con una camisa de manga corta  beige y con un lazo granate en el cuello. Una falda de color granate también con bastante vuelo. Unas medias de color carne con rayas granates verticales, y unos zapatos marrones. A su lado derecho se encontraba el único chico de la sala, además de Rozo. De pelo corto negro, peinado de cualquier manera. Llevaba una camiseta de manga corta azul y unos vaqueros negros así como unas deportivas.

A la izquierda de la chica de antes, se encontraba una chica de pelo largo, castaño oscuro, y dos pequeñas coletitas en la parte superior ya que es resto le caía suelto hasta la mitad de la espalda más o menos. Llevaba una camiseta de color azul clarito con un pequeño helado sonriente estampado. Unos pantalones vaqueros y unas zapatillas negras. Por último enfrente de la chica se encontraba la última persona de la sala. Una chica de pelo castaño, no tan claro como la primera chica, pero menos oscuro que la segunda. Su pelo es recto, parece que es corto puesto que le llega por encima de los hombros pero es el efecto que hacen sus puntas, ya que están hacía afuera, desafiando a la gravedad. Lleva una camiseta larga de color lila con un gran bigote en el medio. Una falda color negro por la mitad del muslo y unas medias lilas también. De calzado una unas zapatillas totalmente negras. Al cuello una llave como colgante.

Chica de las coletitas – es cierto Rozo, nos adoras con todo tu heart.

Rozo – si ya, Shira, lo que tú digas.

Shira – por supuesto, todos sabemos que YO siempre tengo razón.

Chica de ojos grandes – Eso es mentira. Todos sabemos que tú eres a la que NUNCA hay que hacer caso. Siempre fallas.

Chico – Hana tiene razón. Eres una…  – dijo sacando una carta y dejándola encima del montón central. La chica que tenía las puntas para afuera alternaba su mirada entre su mano de cartas y las cartas de la mesa.

Shira – cállate Sejo, y eso no es verdad y lo sabes Hana. ¿Verdad que si Rora? – terminó enfurruñada mirando a la chica de puntas hacia afuera que estaba a su izquierda.

Rora – mmm – sacó una carta y la dejó encima del montón – ¿Qué me has dicho Shira? – Esto hizo que Sejo, Hana y Rozo estallasen en risas.

Shira – jope, no deberías aislarte tanto – dijo haciendo un puchero. – te he preguntado que si soy una persona en la que se puede confiar.

Rora – Por supuesto – dijo con una sonrisa causando que los otros tres chicos la mirasen con cara rara. – siempre y cuando no tenga que ver con algo que requiera algún tipo de teoría y algo en lo que haya que pensar.

La chica le lanzó un lápiz que tenía en la mano y sacó una carta cualquiera que dejó encima del montón.

Rora – eeeehhh, un respeto. Es la pura verd… – se detuvo al ver las cartas encima de la mesa – pero… ¿por qué? no es justo. Con la mala partida que has hecho ¿por qué has ganado?

El resto de chicos también miraron las cartas, incluso Rozo que seguía donde estaba al principio se acercó a verlo. Los tres chicos que no habían ganado se pusieron a discutir que no era justo. Shira saltó de la silla y se subió a la mesa y se puso a hacer un baile raro. Y Rozo, bueno Rozo no daba crédito. No fue hasta que sonó el timbre de la casa que no salió de su ensimismamiento. Fue a abrir la puerta y vio a dos chicos. Ambos muy similares. Tenían la misma forma de la cara altura y expresión. Pero ahí acababa su parecido. El de la derecha tenía el pelo corto negro y unos ojos azules oscuros que eran comparables con unos zafiros. Vestía prácticamente entero de negro y de su cinturón colgaban varias cadenas. Su camiseta, también negra, es de uno de sus grupos de música favoritos y las zapatillas estaban decoradas con calaveras.

Por otro lado, su acompañante tenía el pelo largo y blanco. Llevaba una camisa vaquera abierta encima de una camiseta blanca. Unos pantalones vaqueros negros y unas zapatillas negras.

Rozo – pero si son los gemelos demoníacos. – Dijo dejándoles pasar. Al entrar los dos hermanos vieron como Shira estaba enganchada a Sejo intentando ahogarle pero fracasando estrepitosamente. A Hana hablando tranquilamente con el chico y a Rora recogiendo las cartas mientras que bailaba algo extraño.

Chico de pelo negro – ¡HOOOOOLAAAAAAA!

Los cuatro se giraron mirándoles. Todos les saludaron y Shira y Rora se fueron con los recién llegados mientras que Hana, Sejo y Rozo se pusieron a jugar a la consola. Ya llevaban la mitad de la partida cuando el chico de pelo negro ya dado por finalizado el saludo, se tiró encima de los tres chicos mientras gritaba.

Chico – YO TAMBIÉN QUIERO JUGAR. – Esto causó que Hana tirase el mando que le dio a Sejo en la cabeza que a su vez del susto, le dio un buen golpe a Rozo y al chico.

Sejo – vete a la mierda Kuroi.

Kuroi – con la leche que me has dado, no te digo. Y vosotros dejad de reíros – terminó mirando a su hermano y a las dos chicas que se habían sentado en la mesa donde anteriormente habían estado jugando a las cartas.

Shira – lo que tú digas – dijo sin dejar de reír.

Kuroi cogió otro mando y se incorporó a la partida que tenían empezada sus amigos. Por otro lado los otros tres chicos, cuando dejaron por fin de reír pudieron empezar una amena charla.

Shira – HE GANADO A LAS CARTAS.

Chico peliblanco mirando a la otra chica – no me lo creo. Shira ganando a las cartas…

Rora – créetelo. No sabemos cómo pero nos ha ganado. Yo creo que ha sido suerte si no es imposible.

Shira – o venga, Shiroi dila que yo podía ganar perfectamente.

Shiroi – no. – respondió tajante.

Rora – jajaja ¿ves? no somos los únicos. Bueno Shiro, ¿has oído lo de que van a sacar una nueva actualización para el Haik?

Shiroi – siii. Van a meter una nueva interfaz. Por fin, porque la que tienen… bueno deja mucho que desear.

Rora – sep, estoy deseando que la saquen ya. Además tiene reconocimiento de voz. Que ganas de probarlo.

Shira al ver que no se enteraba de nada miró al resto de los chicos y al ver que estaban enchufados con la consola decidió que lo único que podía hacer era incordiar así que se subió en la mesa y con los brazos extendidos, uno hacia arriba y el otro hacia abajo, empezó a gritar:

Shira – GAAAAMBAAAAA.

Todos se giraron a mirarla mientras gritaba “gaaamba, gaaamba” una y otra vez. Después del shock las otras dos chicas de la sala se unieron y empezaron a hacer aquel extraño baile.

Rozo – ¡¿de verdad?!

Sejo – esto es absurdo.

Shira, Hana y Rora – no tanto como tú – dijeron las tres a la vez quedándose la mar de a gusto.

Cuando los nervios se hubieron calmado los siete amigos se despidieron pues para su desgracia, el día de mañana amanecía siendo lunes y tenían que madrugar para ir a clase.

 

Lunes, algún día a mediados de noviembre. Instituto

Rozo – Pff otra vez aquí – se quejó entrando por la puerta de la clase 4-1 a alguien que va detrás de él. Iba vestido con el uniforme masculino del instituto que consistía en una camisa blanca con corbata roja, un chaleco negro ajustado, unos pantalones de un gris muy oscuro y una chaqueta negra con el escudo del instituto en rojo.

Sejo – ya te digo.

Hana – ¿a qué vienen esas caras tan largas?  – el uniforme de las chicas por su parte era igual, salvo por llevar una falda que les llegaba un poco por encima de la rodilla y unas medias o blancas o negras, dependiendo del gusto de la portadora. En su caso, Hana las llevaba blancas.

? – Bueeeenos díaaaas peñaaaa – dijo una voz masculina antes de que los dos chicos pudiesen responder.

Rozo –¡¡Eeeiiii!! Kuroii

Sejo – ¿qué tal?

? – ¿y yo qué? ¿A mí que me disuelvan en ácido no?

Rozo – mejor para tu hermano. Sería una gran pérdida que tu cerebro desapareciera. – respondió ganándose una mirada asesina por parte del chico de pelo negro y ojos azules.

Shiro – de todas maneras, ¿no están Rora y Shira?

? – ¿cooooooomo qué no? – Dijo Shira que se había situado justo entre los dos gemelos. Pero antes de que el chico que había hablado pudiese responder, una mano apareció de la nada con las uñas negras, lo cogió del hombro causando que el chico gritara y el resto de sus amigos empezasen a reír como locos.

Rora – jujuju, se asustó. – Dijo saliendo detrás del chico tapándose la boca con la mano.

Shiro – Eres cruel y perversa Rora.

Pero antes de que pudiese responder sonó la campana que daba comienzo a la clase y todos los chicos se fueron a sus asientos.

 

Unas cuantas horas después

Profesor – bien, hemos terminado la clase por hoy. Y acordaos de darle las gracias a Sejo, Rozo, Hana, Shira y Rora porque son los encargados de limpiar el salón de actos esta semana para que todos podamos usarlo.

El profesor recogió sus cosas y salió del aula. Los chicos recogieron sus cosas tranquilamente mientras hablaban con los gemelos.

Kuroi – que pringaaaaaoooooos.

Shiroi – que disfrutéis de vuestra querida actividad caritativa. Y recordad: usad con cuidado los diversos productos químicos, que en manos de Rora y Shira pueden armar la que no arman desde ayer.

Shira – ¡oye!

Rora – No te preocupes Shidriña, lo que pasa es que quiere participar para que no le pongamos los cuernos con sus amados productos químicos.

Pero antes de que el chico pudiese responder, su hermano se le llevó arrastras dejando a los cinco chicos encargados de la limpieza dirigirse sin distracciones a su sucia condena.

Sejo –¡¡RORA QUIERES PONERTE A TRABAJAR!! – La chica que estaba rebuscando algo en su mochila lo ignoró por completo.

Rora – LO ENCONTRÉEEEEEE.

Sejo – ¡¿Qué mierdas?!

Pero antes de que pudiese decir algo más empezó a sonar música en la dirección donde estaba la chica.

Rora – pero es que todo es mejor con música – dijo poniendo cara inocente. Pero antes de que Sejo le respondiese se le adelantó la chica que tenía dos antenas por coletitas.

Shira – ¡¡¡¡¡GET JINXED!!!!! – Las dos chicas se pusieron a bailar mientras limpiaban. Rora iba de camino para arreglar los focos y Shira se dirigió a la parte delantera del escenario a colocar los micrófonos. Cuando de pronto las luces se apagaron quedando la sala en una completa oscuridad.

La música, sin embargo, seguía escuchándose de fondo.

Rozo – ¿qué narices pasó?

Hana – Ni idea, serán los plomos, pelotudo.

Sejo – Voy a ver, Y DEJAD DE HABLAR ASI.

Shira – no creo que sean los fusibles.

Rora – entonces ¿Qué seráaa, seráaaaaa?

¿? – os encontré mis queridas víctimas. Ahora no podréis salir de aquí con vida. BUAJAJAJAJAJAJJAJAJAJAJAJA.

                                                                                -Fin del capítulo-

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